Alba Jiménez, que contribuyó el pasado sábado con dos goles en la victoria del Rocasa Gran Canaria ante el Mlinotest Ajdovscina en la Copa EHF Challenge, señaló que no esperaba llegar con 16 años al primer equipo y vivir una sensación tan buena, todo un premio y una oportunidad.

"Quiero seguir luchando para llegar alto. Antonio Moreno -su entrenador- me echa alguna bronca, pero lo hace para ayudarme a seguir progresando. Me dice que debo cambiar el hombro y orientarlo a la portería, y me aconseja que esté segura de mí cuando tire a puerta y defienda", destaca la jugadora juvenil.

Estudiante de primero de Bachillerato en el Instituto de Casas Nuevas (Telde), Alba juega en los equipos juvenil, sénior y de División de Honor del Rocasa Gran Canaria, entidad en la que lleva cinco temporadas.

La jugadora afirma que intenta aprender de las compañeras más veteranas y, de igual forma, también confía en asentarse en un futuro relativamente cercano en el primer equipo.

"Juego de pivote en el conjunto juvenil y de extremo izquierdo en División de Honor, y me gustaría que el balonmano fuese una ayuda en mi vida, porque lo que me dará de comer el día de mañana serán mis estudios. Quiero hacer Educación Física y también me he planteado obtener el curso de entrenadora, porque me atrae dirigir", apunta.

En su opinión, su principal defecto es que no sabe defender en División de Honor y eso le puede pasar "un poco de factura, aunque mejoraré poco a poco".

"Mi principal virtud es haber aprendido mucho de mi compañera Tiddara Trojaola, que es una gran jugadora y que me ha enseñado el salto del extremo y me aconseja al igual que Silvia Navarro", señala.