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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El pasillo de la resurrección

El Granca, tras el fiasco de la Copa del Rey, recuperó actitud y ánimo en casa del campeón del torneo en una semana clave en la campaña

Antes de empezar el partido en el WiZink Center, el Herbalife Gran Canaria, fiel a la tradición, rindió honores al Real Madrid. El motivo: el título de la Copa del Rey 2017 que levantó la semana pasada en Vitoria. Un buen recuerdo para el equipo blanco, que enlazó su cuarto torneo copero de manera consecutiva; una imagen completamente antagónica es la que evoca esa Copa al Granca, caricatura de sí mismo, de su espíritu y naturaleza, rendido siempre ante el Valencia Basket. El pasillo al campeón era la fotografía de los vencederes y los derrotados, de los que más fuertes salieron del Buesa Arena y los que hincaron la rodilla sin corazón, casi sin alma.

Aquel corrillo llevó al Granca por un momento a su lado más triste, un lugar que debía abandonar cuanto antes. Porque la semana que el Herbalife inició ayer es empinada: visita al líder -invicto en su casa desde hacía más de un año- y eliminatoria de cuartos de final contra el Hapoel Jerusalem en la Eurocup. Una rampa que precisaba dejar atrás cuanto antes el naufragio de Vitoria. El escenario, complejo, era un cuchillo de doble filo. Las opciones, claras: o acabar como héroes, ganando, tumbando el fortín del cuadro blanco, o salir con los dos pies por delante, derrotados, con peor o menor cara, pero, en resumen, con una derrota más en el casillero. Y en esa elección entre la nada o la gloria: el Herbalife escogió la segunda; el Granca eligió resucitar.

Ayer, no había ningún título en juego, pero el Granca encontró algo que, tras el derrape y colisión en Vitoria, tenía el valor moral de algo más que una simple victoria: la confianza en sí mismo. Un elemento fundamental para cualquier equipo, más aún cuando se juega gran parte de sus aspiracones esta temporada en los próximos días.

Ahora, el Granca puede henchir su pecho: tumbó al Real Madrid, dictador en la Euroliga y rey de la Copa, en su propia cancha, un lugar inmaculado en ACB desde diciembre de 2015. Una victoria en la Liga Endesa que se enlaza con otra de prestigio, la del derbi canario en el Santiago Martín contra el Iberostar Tenerife.

El ungüento con el que se frotó el Granca ayer estaba formulado por actitud y acierto, dos ingredientes fundamentales si se quiere plantar cara a todo un Real Madrid. Bajo esa fórmula de alquimista, madurada a lo largo de los entrenamientos en esta semana- "Han estado entrenando con mucha intensidad, con mucha energía y eso es algo bueno. ¡Ya me hubiera gustado ir a mí con estas sensaciones a la Copa!", espetó Luis Casimiro en la previa a este encuentro-, el Herbalife se sacudió el polvo para sacar su versión más compacta sobre la pista.

Para empezar, se empeñó en defender cada jugada como si fuera la última, en no conceder ni un centímetro de más al cuadro blanco. Todo con la ausencia coyuntural de Xavi Rabaseda -facor decisivo en la defensa grancanaria- y Richard Hendrix, ambos con pequeñas molestias, reservados para lo que le viene al Granca ahora en Jerusalén. Solo el rebote defensivo, -el Madrid recogió 10 en el aro del Herbalife en la primera mitad, 12 al final del partido-. Intentar controlar la catarata de talento del Madrid fue toda una epopeya. Los 28 puntos de Sergio Llull resumen casi todo lo que puede hacer el equipo de Pablo Laso.

Por eso, no solo basta con defender bien. El Granca pisó con el pie derecho antes que el izquierdo en el WiZink. Si no, resultaría también casi imposible anotarle 93 puntos al Real Madrid. En esa correlación de sucesos, el triple, un factor del juego que se le ha resistido al Herbalife esta temporada -es el tercero con peor porcentaje de la competición- apareció. Y sumando de tres, todo resulta aparentemente más fácil (12/21, un 57% de acierto). Un partido redondo para olvidar los viejos vicios y espantar los fantasmas de Vitoria.

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