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La eterna deshonra de los White Sox

Ocho jugadores del equipo de Chicago fueron expulsados del béisbol en 1919 por vender a la mafia las Series Mundiales

La plantilla de los White Sox de Chicago de 1919 que amañó las Series Mundiales.

La plantilla de los White Sox de Chicago de 1919 que amañó las Series Mundiales. LP / DLP

Los White Sox de Chicago de 1919 han pasado a la historia como los protagonistas de uno de los mayores escándalos de la historia del deporte. Ese año, favoritos indiscutibles en las Series Mundiales, vendieron a la mafia la final ante los Reds de Cincinnati. Ocho jugadores -entre ellos el mítico Joe Descalzo Jackson- fueron expulsados del béisbol y repudiados para siempre.

En 1919 el béisbol lo era casi todo para los americanos. El país trataba de recuperarse de las heridas que había abierto la Primera Guerra Mundial y el deporte suponía un perfecto consuelo. La Liga Profesional había nacido pocos años antes, pero ya ejercía una atracción infinitiva en la sociedad estadounidense, que se reunían por miles en los estadios de las grandes ciudades para venerar a sus ídolos.

Aquel idilio se tambaleó cuando se supo que ocho jugadores del mejor equipo del país, los White Sox de Chicago, se vendieron a 10.000 dólares por cabeza para perder las Series Mundiales contra los Reds de Cincinatti, un conjunto claramente inferior a ellos. El episodio forma parte de la historia más negra del deporte mundial y alertó por primera vez de la enorme tentación que el mundo de las apuestas ejerce en las competiciones profesionales.

Chicago era el lugar perfecto para que sucediese algo así. La ciudad estaba controlada por los diferentes clanes mafiosos que extendían su influencia en todos los ámbitos de la vida mientras hacían crecer sus negocios ilícitos como el de las apuestas. El dinero corría por las calles y todo el mundo buscaba la forma de ganarse un ingreso extra aunque fuese a costa de saltarse alguna norma.

Una trama de vestuario

Uno de ellos era Chick Gandil, jugador de los White Sox de Chicago, y gran aficionado a las apuestas. Un día se le ocurrió la posibilidad de vender las Series Mundiales que el intocable equipo de la ciudad iba a disputar contra los Reds de Cincinnati. Eran los claros favoritos con lo que estaba garantizada la entrada de una buena cantidad de dinero en el bolsillo. Y puso la maquinaria en marcha.

A través de sus corredores habituales, la posibilidad llegó a oídos de Arnold Rothstein, uno de los grandes mafiosos de la ciudad, que se ofreció a financiar la compra de los jugadores de los White Sox.

Gandil comenzó entonces a reclutar jugadores de un vestuario claramente dividido entre los mejor pagados „la mayoría de ellos procedían de una clase social más alta„ y los peor tratados. No se soportaban y sólo les unía el odio hacia su polémico presidente, Charles Comiskey, un tipo miserable que estaba acusado de quedarse dinero de las nóminas de su plantilla y de no respetar las mejoras de contrato que pactaba con ellos.

Dicen que incluso les quitaba del sueldo el dinero para pagar la lavandería de sus equipaciones. En aquel ambiente a Gandil no le costó encontrar socios para su operación. A él se unieron los lanzadores Cicotte y Williams (esenciales para llevar a cabo su plan) además de Felsch, Risberg y Weaver, que se negó a participar, pero no se atrevió a denunciarlo. McMullin se enteró de la trama y pidió su parte para no desvelar el plan. En la lista de jugadores involucrados también se citó a Descalzo Jackson, el mejor jugador del equipo, pero cuyo concurso nunca estuvo demasiado claro.

En la ciudad comenzó a correr el rumor de que algo pasaba, pero nadie se atrevía a abrir la boca. Incluso hubo periodistas que siguieron con inhabitual atención las acciones del juego en busca de comportamientos extraños. En el primer partido de la serie Cicotte dirigió la bola al cuerpo del bateador. Le dio de lleno y pidió disculpas. Era la señal convenida con Rothstein para que supiese que todo estaba en marcha. Los White Sox cedieron los dos primeros partidos y a partir de ahí manejaron la situación para acabar perdiendo la final por 5-3 y entregar de forma inexplicable la final a los Reds. Algunos jugadores mantuvieron un comportamiento ejemplar, pero el bajo rendimiento de determinados hombres clave, sobre todo de los lanzadores, supuso la tumba de los de Chicago.

Descubrimiento

Pasaron meses sin que sucediese nada, pero los rumores iban en aumento y no había ciudadano de Chicago que no estuviese al tanto de lo que había ocurrido. Los White Sox volvieron a clasificarse para la final de 1920, pero justo entonces y ante el peligro de que la corrupción se instalase en el "pasatiempo nacional" de Estados Unidos se convocó el Gran Jurado para que esclareciese lo ocurrido. Comparecieron los jugadores, los corredores de apuestas e incluso el propio Rothstein que, como buen mafioso, dijo que era un "honrado hombre de negocios que desconocía cualquier apaño".

Sólo Cicotte y Jackson reconocieron haber recibido dinero por perder la final, pero el proceso estuvo lleno de irregularidades, desaparecieron las declaraciones iniciales, se retractaron varios testigos... Nada pudo probarse, pero las autoridades del béisbol americano tomaron decisiones ejemplares. Los jugadores involucrados fueron expulsados para siempre del deporte. Ya nunca entrarían en el Salón de la Fama al que alguno de ellos parecía predestinado.

Después se supo que el Descalzo Jackson, pobre de cuna, quiso dar marcha atrás tras haber cobrado la mitad del pago. Quiso devolver el dinero y para salvar su honor jugó una final primorosa. Cuentan, aunque tal vez sea cosa de la literatura popular, que durante el proceso unos niños se le acercaron y le rogaron: "Joe, dinos que no lo hiciste". Su recuerdo ha perdurado y los aficionados bautizaron como la "Maldición del Descalzo Jackson" al hecho de que los White Sox no fuesen capaces de volver durante todo el siglo XX a unas Series Mundiales. En 2005 lo consiguieron al fin. Tal vez entonces el Descalzo pudo descansar tranquilo.

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