Un golpe tremendo contra un muro. Una acción fortuita, incontrolable en un lance de un deporte tan dinámico como el fútbol, durísima, pero también que pudo ser mucho peor. Y eso que Saúl Coco, futbolista de Las Palmas C, ha tenido que visitar el quirófano en dos ocasiones en menos de un par de días para corregir las lesiones que le produjo el choque contra uno de los límites del Campo de Fútbol del Barranco de Las Lajas, en Tenerife, donde su equipo jugaba contra el Atlético Tacoronte en la jornada 24 de la Tercera División.

Y es que Saúl Coco acabó con las dos muñecas fracturadas y una herida abierta en la rodilla abierta. Tras pasar la noche del domingo en un centro hospitalario tinerfeño, ayer, en jugador del tercer filial de la UD Las Palmas voló hasta Gran Canaria para ser intervenido en ambas muñecas en el Hospital Perpetuo Socorro -servicio médico oficial de la entidad amarilla-. El impacto fue tremendo y la situación de alerta en el campo tras el impacto fue enorme. La tensión subió con el paso de los minutos, ya que la ambulancia no llegó al terreno de juego hasta media hora después -el vehículo sanitario se equivocó de campo y se trasladó al Municipal Avencio Hernández.

La mano del CSD

Este accidente pone en entredicho las medidas de seguridad del Campo del Barranco de Las Lajas, unas dudas que se hacen extensibles a otros muchos estadios de toda Canarias y de España. La regulación NIDE (normativa sobre instalaciones deportivas y para el esparcimiento), elaborada por el Consejo Superior de Deportes (CSD), ente encuadrado en el Ministerio de Educación y Deportes, es clara en cuanto a sus metas. "El objetivo es definir las condiciones reglamentarias, de planificación y de diseño que deben considerarse en el proyecto y la construcción de instalaciones deportivas", expresa en su introducción.

Esta regulación se debe aplicar "en todos aquellos proyectos que se realicen total o parcialmente con fondos del CSD y en instalaciones deportivas en las que se vayan a celebrar competiciones oficiales regidas por la Federación Deportiva nacional correspondiente". Sin embargo, la competencia sobre su homologación recae sobre las propias Federaciones.

Con la normativa NIDE en la mano, los campos de fútbol de cualquier categoría deben de tener, "para facilitar el desarrollo y la seguridad del juego por parte de los jugadores", unas distancias mínimas en las bandas exteriores, tanto a los laterales como en los fondos. Este reglamento impone un espacio mínimo de 1,5 metros de "anchura al exterior de las líneas de banda y de las líneas de meta, con el mismo tipo de superficie deportiva que el terreno de juego". Sin embargo hace una matización importante: "es recomendable que el espacio libre tras las líneas de meta sea de 2,5 metros". Justo contra uno de esos fondos, Saúl Coco se estampó contra el muro. En los planos que ofrece el NIDE, hacen de la recomendación la norma: tanto para uso local, regional, recreativo, autonómicas, juveniles y cadetes, los campos tienen un 2,5 metros como mínimo desde la línea blanca al límite del recinto. Así lo ilustran.

Por otro lado, la normativa NIDE hace otra recomendación para Segunda B y Tercera División, categoría donde se produjo el golpe del futbolista amarillo. Este anexo incluye un área auxiliar de 2 metros al exterior de cada línea de banda y de 3 metros al exterior de cada línea de meta. Si se cumpliera dichas recomendaciones dejaría un campo con unas dimensiones de 3,5 metros al exterior de cada línea de banda y de 5,50 por detrás de las líneas de fondo. Ese espacio auxiliar estaría destinado a anotadores, área técnica, cámaras, fotógrafos, publicidad o atención médica. Algo casi inviable en todos los campos de fútbol del Archipiélago.

En total, la regulación NIDE cifra que las dimensiones totales del campo de juego y bandas exteriores deben tener, como mínimo, 105 metros de longitud y 63 de anchura, aunque en Tercera División el mínimo se eleva a 67 metros de lado a lado.