En 2008, con 19 años, Carla Suárez se plantó en el Bosque de Bolonia, en el corazón de París, con el petate rebosante de entusiasmo y talento, mucho talento. Fue hace poco más de tres años cuando, en Roland Garros, en la catedral del tenis sobre tierra batida, esta grancanaria empuñó su raqueta, puso en marcha su admirable revés y dio su primer aviso en la élite: se coló, desde la fase previa, en los cuartos de final del torneo del Grand Slam tras dejar en el camino a la francesa Amelie Mauresmo (exnúmero uno del mundo) y a la italiana Flavia Pennetta.

Jelena Jankovic, en la antepenúltima ronda, interrumpió (6-3 y 6-2) aquel año la aventura de Carla Suárez en París, pero no evitó que los focos iluminaran a una joven deportista sobre la que, de repente, recayó el peso de una misión peliaguda: capitanear el relevo generacional en el tenis español femenino, carente de referentes tras las retiradas de Arantxa Sánchez-Vicario y Conchita Martínez.

En las antípodas, en el Abierto de Australia, Carla Suárez agigantó un poco más su leyenda meses después. Allí, en Melbourne, la grancanaria también alcanzó la serie de cuartos de final. Perdió ante Yelena Dementieva (6-2 y 6-2), pero antes dejó en la cuneta a otra exnúmero uno: Venus Williams.

El 18 de mayo de 2009, poco después de caer en la final del Torneo de Marbella -otra vez frente a la serbia Jelena Jankovic-, Carla Suárez alcanzó el puesto número 22 en la clasificación de la WTA. Con sólo 21 años, en ese momento, la grancanaria empezaba a trazar los primeros pasos de una carrera profesional edificada a partir de unas condiciones sobresalientes que le permitieron destacar en categorías inferiores: campeona de España infantil y júnior, título -el último- que también logró a nivel europeo.

En progresión continua, firme detrás de un revés delicioso, tan elegante en apariencia estética como devastador entre las rivales, a Carla Suárez le ha tocado superar, durante los últimos meses, una prueba tan dura como estar al resto ante Serena Williams: las lesiones, una en el tobillo derecho y otra en el codo derecho, que la han mantenido fuera de circulación durante algo más de un año.

Afincada en Barcelona desde hace cuatro años, donde se entrena a las órdenes de Xavier Budó, de la Academia PRO-AB, Carla Suárez ha aplicado durante los últimos meses una receta infalible a lo largo de toda su trayectoria para superar cualquier adversidad: el trabajo y el esfuerzo, métodos que la llevaron hasta los cuartos de final del último Abierto de Estados Unidos para brillar bajo los focos en la Gran Manzana.