El día que Jonathan Viera entró en escena, ahora hace justo siete meses, muchos señalaron a Paco Jémez por inconsciente. Nadie dudaba de su calidad, demostrada en categorías inferiores, pero sí ponían en solfa su consistencia como referencia ofensiva de un equipo profesional durante todo un año. Su juego superlativo en las primeras jornadas de Liga selló algunos vaticinios negativos, pero con el paso del tiempo, el futbolista se ha atascado con notable riesgo de colapso si el entrenador o el entorno del jugador no saben gestionar su nueva situación.

Viera ha perdido el factor sorpresa, la chispa, al ser conocido por todos sus adversarios, lo que ha repercutido en su confianza como jugador desequilibrante. El niño mimado de la afición del Gran Canaria ya ha sido silbado por parte de la grada, que ha intuido en la joven promesa un ramalazo de lucimiento personal que ha interpuesto a la labor de conjunto. Ya con Paco Jémez estuvo a punto de probar el banquillo aunque se le cruzó una lesión muscular que frenó las intenciones del técnico andaluz. Los mensajes públicos del entonces entrenador parecieron espolear al canterano, aunque su rendimiento volvió a languidecer poco tiempo después.

El síndrome del canterano descollante, que ya sufrieron Carmelo, Rubén Castro o Nauzet Alemán, parece haber contagiado a Jonathan Viera. Todos padecieron los mismos vicios: unas alabanzas que no supieron digerir y una vida algo desordenada fuera del terreno de juego. Dos factores que se vierten dentro de la cancha de forma más o menos proporcionada.

Las sustituciones frente al Real Betis, en el minuto 52, y Valladolid, en el descanso, son un claro aviso a navegantes sobre las posibilidades de la perla de La Feria en los esquemas de Juan Manuel. "No hay nadie insustituible", aseguró el preparador grancanario de forma tajante cuando se le preguntó en la rueda de prensa sobre su relevo el pasado sábado. El incipiente planteamiento del técnico, donde destaca el bloque sobre la calidad individual, ofrece poco margen para el virtuosismo por sistema. Jonathan Viera ya sabe que debe reciclar su juego de conjunto, de lo contrario, corre el riesgo de caerse entre los elegidos en el final del curso.