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El legado de la familia Hermida

Marta, ahora jugadora del SPAR Gran Canaria de baloncesto, sigue los pasos de Ángel, que militó en las filas del Cadagua Gáldar de balonmano entre 2000 y 2002

Ángel Hermida, en su casa de Madrid, con su antigua camiseta del Cadagua Gáldar

Ángel Hermida, en su casa de Madrid, con su antigua camiseta del Cadagua Gáldar LP/DLP

“Marta tenía tres años cuando fui a jugar al Cadagua Gáldar y dos temporadas después, cuando volvimos a Madrid, la niña hablaba con acento canario”. Con ese recuerdo, Ángel Hermida describe a la perfección que las raíces de su hija Marta, jugadora ahora del SPAR Gran Canaria, están marcadas por el Archipiélago a pesar de que la familia es natural de Madrid. Veinte años de conexión con una Isla.

Cuando en enero del 2020 el proyecto que el CB Islas Canarias por volver a la Liga Femenina Endesa se reforzó con la incorporación de Marta Hermida, proveniente de la liga universitaria de Estados Unidos (NCAA), pocos o casi nadie cayeron en la cuenta de que estaba aterrizando en la Isla la encargada de coger el testigo de uno de los jugadores más ilustres del balonmano nacional.

Su padre, con una trayectoria bastante amplia pasando por los equipos punteros de la ASOBAL como Atlético de Madrid, Barcelona, Ademar León y Ciudad Real, decidió ofrecer un último servicio en el Cadagua Gáldar atendiendo a la llamada del entrenador del inicio del siglo, Jordi Ribera. El hoy seleccionador nacional le ofreció unos últimos años a gran nivel en el norte de Gran Canaria y apoyado por su mujer Sonsoles, hicieron las maletas junto a sus dos hijas para vestir la camiseta verde y amarilla de uno de los clubes más importantes en la historia del deporte de Canarias.

Hermida, que a sus espaldas cuenta con la participación en los Juegos de Barcelona 1992, guarda con buen recuerdo sus dos años en la Isla. “Me ofrecieron un desahogo y una libertad del ajetreo de las grandes ciudades, que el tiempo que pasé en Gáldar fue maravilloso”, rememora.

Además, la familia tuvo tiempo de conocer con buen conocimiento los municipios de Gran Canaria gracias a la profesión de Sonsoles, su mujer. “Ella era periodista y nos gozamos un montón de romerías de los pueblos para que cubriera la información, eso era genial”, subraya el exjugador.

Marta Hermida, en La Paterna, con el uniforme del SPAR Gran Canaria.

Entre tantas vivencias y “puestas de sol en Sardina”, su hija Marta, que por entonces no levantaba un palmo del suelo, se le fue germinando la semilla del cariño por este Archipiélago.

“Crecieron siempre con el cariño que nos dieron Demetrio (Suárez, presidente del club) y compañeros como Velo Rajic o Diego Moyano, que fueron con los que más relación tuve. De ahí se le debió quedar un buen recuerdo y quizás tuvo cierto peso peso para que fichara con el SPAR”, incide el olímpico sobre la decisión que tomó veinte años después su hija para volver a Gran Canaria.

Eso sí, Ángel expone sobre Marta que aunque sí que guardaba ese buen recuerdo de la Isla, fue el proyecto que le presentó Domingo Díaz y Begoña Santana el que la terminó de convencer para ser la base titular de un conjunto que quiere volver a las grandes noches que vivió al igual que el Cadagua en su día.

La ahora directora de juego amarilla lleva la responsabilidad de sus compañeras, una situación que su padre también vivía sobre la cancha, y que de tener similitudes, ambos coinciden en que son “jugadores de vestuario”. Una familia que cuida los valores deportivos por encima de todo y que, eso sí, tiene acento canario.

La base que no quiso al balonmano

Marta Hermida comenzó su andadura en los clubes a través del balonmano. Sus inicios en Majadahonda fueron con un balón en el 40x20, pero “al ser un deporte con mucho contacto, mi familia decidió que optara por otro deporte y ahí apareció el baloncesto”, explica la base del SPAR. “Más bien, fue la madre y la abuela, a mi me hubiera encantado que jugara al balonmano porque tenía unas condiciones excelentes”, remarca Ángel entre risas al otro lado del teléfono. A partir de ahí, Marta emprendió una trayectoria que le llevó por Torrelodones y a fichar por el todopoderoso Rivas. De ahí a la Universidad Boise State, donde brilló con numerosos récords deportivos y concluyó sus estudios de ingeniería mecánica, hasta recalar en diciembre de 2019 en La Paterna. Lo que sí ha prometido es seguir al Rocasa. | D.R

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