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La mano sobre la Copa

Chuck Baldwin juega el torneo con el radio de su brazo izquierdo roto y da dos asistencias en la final para alzar el trofeo con el Molina Sport

El delantero del Molina Sport Chuck Baldwin es atendido por los servicios médicos de HPS Hospitales para aplicarle un vendaje en su brazo. | | LP/DLP

El delantero del Molina Sport Chuck Baldwin es atendido por los servicios médicos de HPS Hospitales para aplicarle un vendaje en su brazo. | | LP/DLP

Chuck Baldwin pasa a la historia del deporte por jugar la Copa con una rotura en el radio de su brazo izquierdo. Beckenbauer jugó una semifinal del Mundial de México 1970 con un brazo en cabestrillo. 50 años después, Baldwin le supera ganando su torneo.

La reedición de título copero del CH Molina Sport el pasado fin de semana, el segundo en su historia, tiene innumerables protagonistas. Desde las paradas salvadoras del checo Adam Schejbal, a los tres tantos milagrosos de Jacob Tenemyr, con los que mandar el partido de la final a la prórroga y finiquitarla con un gol de oro en el tiempo extra. Pero si hay un auténtico héroe durante todo el campeonato celebrado en Gran Canaria, ese es el delantero norteamericano del cuadro insular, Chuck Baldwin.

Soldado Universal. Cid Campeador. El Franz Beckenbauer del stick. Cualquier apodo se queda corto para la gesta de Baldwin durante el pasado fin de semana. El amor que siente por unos colores, las ganas de venganza contra su ex equipo, el Espanya HC, y las ganas de hacer de tripas corazón con el dolor que debía sentir en su brazo izquierdo al tener el radio roto.

Un mes llevaba el jugador californiano recuperándose de su lesión. Veía pasar las hojas del calendario mientras la cita copera acechaba la fecha fijada para la última semana de enero y Baldwin no iba a perderse la oportunidad de sumar un nuevo título a su palmarés con el equipo que le trajó a España en la temporada 2016-17 tras haber abandonado el hockey sobre hielo y pasarse al de patines en línea.

Este artillero de las porterías, con la vitola de ser el máximo anotador de la dos últimas ligas con el Espanya –58 goles y 16 asistencias en la 2018-19; y 32 goles y 9 asistencias en la 2019-20–, quería vencer al equipo mallorquín a toda costa. Vendetta para Baldwin tras su segunda etapa en las filas del Molina Sport.

Y así pudo conseguir su objetivo particular durante la disputa de la Copa del Rey. El norteamericano no dudó en desprenderse del yeso que le estaba protegiendo la zona de su brazo lesionada a pesar de que los servicios médicos del club le desaconsejaran llevar a cabo esta decisión.

Evidentemente la normativa deportiva del hockey en línea no permite poseer un elemento de la solidez de un yeso para la disputa de los partidos, por lo que tras desahecerse de él, los médicos tuvieron que aplicarle un aparatoso vendaje en su brazo para que, tal y como él prometió, solo se limitara a acciones defensivas. Curiosa promesa en un deporte en el que se está continuamente en contacto con los rivales.

Baldwin estuvo pensando en su casa que no podía dejar tirado a su equipo en una cita tan importante, incluso teniendo la baja también de su compañero Pawel Zasadny debido a una sanción. El hombre encargado de levantar la primera copa del Molina, el capitán que alzó el trofeo al cielo en Valladolid en febrero del año pasado y que no iba a poder estar presente en el García San Román. La moral del equipo amarillo necesitaba de un plus de confianza y de eso se iba a encargar el de Santee.

Se enfundó el casco y los patines para saltar a la pista en la semifinal que enfrentó al equipo grancanario ante el Caja Rural de Valladolid. La lesión del delantero no la conocía nadie, todos los presentes pensarían que estaba ya recuperado de su lesión dado el secretismo con el que se llevó hasta la fecha. La actuación del jugador ante el cuadro castellanoleonés fue sublime y anotó el segundo tanto de la goleada que firmó el Molina por 5-1.

Y llegó el gran día

El domingo pasado, los nervios entre los integrantes de la escuadra insular estaban latentes por la presión de tener que defender título y además en la edición que se celebrara en casa. Nadie quería un Sanromanazo. Mucho menos Baldwin, que se estaba jugando su carrera como profesional en caso de que un mal golpe pudiera agravar la de ya por sí peligrosa lesión que sufre en su brazo y de la que todavía tiene que recuperarse para estar al 100% en las pistas.

Por si fuera poco todo lo que estaba en juego, la emoción que implicó la final no fue para menos. El Molina tuvo que remontar un marcador adverso de 2-4 cuando restaban 6 minutos de juego y ahí apareció el norteamericano para asociarse a las mil maravillas con el MVP del torneo, Jacob Tenemyr.

A 30 segundos del final emularon la jugada del primer tanto insular y llevaban el deseado 4-4 al marcador para irse a la prórroga. Dos asistencias de kilates para un título que se encargó de certificar el más valioso del torneo con un gol de oro en el tiempo extra y así elevar a gesta histórica del deporte la hazaña no solo del Molina de darle la vuelta al marcador en seis minutos, sino de certificar el heroícismo de Baldwin con el stick.

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