Dicen que existe una cierta maldición que marca a los equipos organizadores de los trofeos que les impide conquistarlos en su feudo. La derrota más famosa en el mundo del deporte ocurrió en el Mundial de fútbol de 1950 cuando Uruguay venció a Brasil en su casa. Del Maracanazo, 71 años después, al Centroinsularazo de esta mañana con la derrota del CCO 7 Palmas ante el Feel Volley Alcobendas en la muerte súbita (2-3).

Concluye de esta manera el sueño que Manolo Campos quiso lograr con su equipo en el recinto de la Avenida Marítima. Se escapa el primer título de la historia del Olímpico cuando lo tenía en la yema de sus dedos comandando la final por dos sets a uno, pero una digna remontada del conjunto madrileño, comandada por Tess Clark y su MVP del torneo María Álvarez Del Burgo coge el testigo del May Deco Logroño, que era el auténtico ogro del voleibol nacional hasta su reciente desaparición.

La mañana comenzó con ciertas dudas en el equipo de Pascual Saurín, arrancar la final remando en contra del marcador ante el apoyo del público grancanario que pudo tener el privilegio de asistir al desenlace de la Copa de la Reina implantaban los nervios escénicos de un Olímpico que quería dejar el cetro en casa.

Si bien las de casa consiguieron igualar el tanteador hasta el 6-6, cuatro puntos consecutivos de las madrileñas, con una soberbia Tess Clark en los impactos por encima de la red obligaron al técnico insular a solicitar el primer tiempo muerto de la contienda. Reaccionó el 7 Palmas con las indicaciones del entrenador y sobre todo por los vuelos sin motor de Victoria Foucher para mantener el ritmo en puntuación de las visitantes, casi siempre con una renta de cuatro puntos en el tanteador.

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Final de la Copa del Rey de voleibol femenino Juan Carlos Castro

Con el 16-21 y viéndole las orejas al lobo, Saurín volvió a pedir el segundo tiempo de la mañana para intentar a la desesperada una reacción insular en la primera manga y no ponerse 0-1 a las primeras de cambio. Cuestión que no evitó dado el acierto del Alcobendas, que cada vez que tenía la opción de rematar desde lo alto no fallaban. 19-25 con una bajada de balón de Elizaga y tocaba remontada en el CID.

Consiguió por primera vez en la mañana ponerse el 7 Palmas por delante en el tanteador después de espabilar al 0-3 de arranque del segundo set con cuatro puntos consecutivos. Primera comandancia insular y mejores sensaciones en la finalización de balones aéreos.

Entre Victoria Foucher y Helia González con cuatro puntos practicamente consecutivos, tres de ellos desde el saque, comenzaron a cimentar el empate en el duelo clave por el título copero. El viento comenzó a soplar a favor del Olímpico y Guillermo Gallardo, técnico del conjunto madrileño veía como las suyas se desconectaban del periodo con el 16-11 en el CID.

A pesar del tiempo muerto visitante, el CCO 7 Palmas pasó como un ciclón en los juegos posteriores encadenando ocho puntos consecutivos con una Helia González imperial para destrozar el set con un 25-14 aplastante que sacaba de quicio a las jugadoras del Alcobendas, reclamando acciones que solo ellas sabían sobre qué apoyarse y se llevaban la advertencia de los árbitros.

Casi, casi...

Más errores que puntos propios. Con el 1-1 en el ábaco, los brazos comenzaron a encogerse por parte de ambos contendientes. De todas menos de Victoria Foucher, que cada vez que pasaba un balón por su radio de acción lo hundía contra el campo visitante o tiraba de repertorio de calidad para sacar sus yemas a paseo y darle con mimo hasta el suelo del Alcobendas.

Los intercambios de golpes se sucedieron entre los finalistas. Si bien las insulares llevaron el peso del marcador durante la tercer manga en juego, cinco puntos, uno detrás de otro del Feel Volley les permitió darle la vuelta a la tortilla y firmar el 13-16 con el que Saurín no aguantó más y paró la sangría. Le salió a las mil maravillas, pues empató de inmediato hasta el 16 iguales y fue entonces cuando su homólogo en el banquillo movió pieza para pedir pausa.

Otros tres puntos amarillos, después de sendos errores visitantes obligaron de nuevo a otro tiempo muerto madrileño. 19-16 y el Olímpico confiaba en llevarse el gato al agua para ver más cerca el trofeo copero. Foucher sacó su lanzamisiles y sumó cuatro puntos más en su buchaca para allanar el camino hasta el 24-20 con el que tener saque de set, que se logró con suspense al tener que esperar tres balones más para que Saray Manzano lograra el 2-1 con un recurso de maestra amagando el zambombazo y concluyendo con un toque de seda en sus dedos.

El “Olímpico, Olímpico”, comenzó a retumbar en La Roca entre los 300 espectadores que pudieron entrar en el recinto de la Avenida Marítima para llevar en volandas a su equipo a conquistar el primer título de su historia.

El cuarto set se convirtió en un duelo personal entre Saray Manzano y Alexandra Malloy. La grancanaria quería de una vez por todas levantar su primer trofeo con el equipo de toda su vida, mientras que la madrileña quería entregar la cuchara tan pronto. Cinco puntos para la insular, por seis de su rival mantenían la emoción con el 13-15 y todo por disputarse.

Tocó nadar con el agua al cuello en el desenlace de la manga, pues se llegó al 14-19 con el que Saurín advirtió a las suyas de que amarraran el marcador. Salió el instinto de supervivencia de las de casa, pero los errores le condenaron para ir a la muerte súbita después de ceder el cuarto set por 20-25.

Fin del sueño

Cuando todo estaba por decidirse el CID entró en silencio. La tragedia comenzó a planear sobre la fe del Olímpico. Tanto como que el cambio de pista en la muerte súbita se produjo con 4-8 para las madrileñas. Saurín decidió dar descanso a Saray Manzano e introdujo a Matienzo en su lugar.

Resultó el cambio de cromos y con el 8-10 fue Gallardo el que pidió tiempo muerto para inyectar la última dosis de motivación a las suyas. La igualdad se llevó al máximo y con 12-12 la grada volvió a creer apoyada por los puntos de Helia González.

Sobrevivió en el alambre con 12-14 un punto más el Olímpico, Saurín volvió a meter en pista a Saray Manzano, que le dio un nuevo cartucho a su equipo, pero Tess Clark se encargó de acabar con el sueño insular.