Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Exciclista, campeón del Tour en 1988

Pedro Delgado: “La bicicleta es libertad y rebeldía”

Pedro Delgado posa con su bici delante del Templo Matriz de Santiago de los Caballeros de Gáldar, el pasado jueves. | | ANDRÉS CRUZ

Su Tour del 88 es historia del deporte español. Pedro Delgado (Segovia, 1960) lleva unos días en Gran Canaria, donde hoy participará en el Desafío La Titánica. 

Pedro Delgado Robledo, leyenda del ciclismo y deporte español. ¿Se siente así cuando se lo dicen?

Aunque se me vea abierto, paso mucha vergüenza cuando me dicen eso de leyenda o mito. Va un poco con el carácter más español. A mí me encantan los italianos como ven a sus deportistas: todos son mitos. Tenemos una sensación muchas veces en España de valorar más lo de fuera. Yo no me siento una leyenda, pero estoy encantado de que la gente me quiera como me quiere, de una forma próxima y cariñosa. He hecho mis cositas, pero esto de leyenda y mito es mejor para cuando uno fallece. De momento, prefiero ser, como mucho, un referente.

¿Se ha preguntado alguna vez por qué mantiene ese cariño de la gente?

Es fácil. Tuve mi fase de ciclista profesional, triunfador y todo eso... Cuando acabó mi carrera me ligué a TVE como comentarista y eso provocó un poco que no cayera en el olvido, algo que pasa muy fácilmente. No he desaparecido por eso, en gran parte, y sigo actual. Aunque la gente más joven no me viera de corredor, eso me ha permitido estar en boca. De Perico Delgado pues se olvidarán algunas cosas, algunas gestas, porque la memoria es así, pero el personaje se ha mantenido fiel en los medios de comunicación.

Mira, ‘Perico Delgado el de Masterchef’ y no ‘Perico Delgado el del Tour de 1988’. ¿Le ha pasado eso?

¡Claro! La gente joven te encuadra en otra cosa, casi en un personaje de televisión. A lo sumo, el que comenta las carreras en TVE, pero lo entiendo y lo asumo. Pero la información que les llegue es más fácil de cotejar ahora que antes. En mi época me decían: ‘Mira, este dicen que fue tal cosa’. Pero no había manera se saberlo. Hoy los chavales se meten en internet y te buscan, ven vídeos en You Tube... Eso, afortunadamente, te permite estar fresco también, a estar más presente.

¿En los niños con los que interactúa ahora en charlas ve la misma chispa en sus ojos que recuerda en los suyos al subirse en la primera bici que compró junto a su hermano?

Es inevitable. Cuando tuve hijos empecé a ver el mundo con los ojos de adulto, con la experiencia de adulto, pero con los ojos de niño. Todo es nuevo: los colores, los atardeceres, la nieve, el frío, el calor, el mar... Esto te ayuda a redescubrir sensaciones. Con los niños y la bici me pasa igual. Estoy con ellos y me hacen preguntas de lo más inocentes, de lo más simple, porque no piensan mucho más allá. Con lo cual me hacen recuperar parte de mi juventud, de los inicios, siendo tiempos totalmente diferentes, pero las personas siguen siendo las mismas. Da igual que tengas una bici mejor o peor, que corras mucho o poco, pero esa ilusión por el deporte, por los amigos, por viajar, por competir, todo eso se mantiene. Eso siempre se mantiene, la persona. Cambiarán las bicis, los tiempos o lo que sea, pero la persona se mantiene, sobre todo en edades tan pequeñas.

¿Qué tiene la bicicleta para que sea imperecedera?

La bici te da una sensación de libertad. Hace unos meses leí algo de ciclismo femenino, sobre la igualdad, y como hace cien años había una crisis sobre la idoneidad de que las mujeres montaran en algo tan poco femenino. Y me reafirma en esa idea. La bicicleta es libertad y rebeldía. Como ser humano puedes andar o correr mucho, pero en la bicicleta puedes ir a otro ritmo. Esa sensación del viento en la cara te provoca rebeldía y libertad. Te sientes en acción, como si fueras a cambiar el rumbo del mundo. Es energía. Mueves el mundo con tu esfuerzo, con el silencio de tus piernas, pasas momentos de percepciones de vista, olores, oído...

“Salir en bici es mi consulta psicológica particular y voy a ella dos o tres veces por semana”

decoration

¿En carrera también le pasaba eso?

[Se ríe] En carrera todo cambia, ahí estás en la tensión de ir bien colocado, las caídas, la sensación de libertad ya no la tienes, casi que vas aprisionado.

Se ha cumplido ya un año del inicio del confinamiento severo. ¿Cómo experimentó esa sensación de libertad cuando se pudo volver a salir en bici?

Increíble. Nos dejaban salir por la tarde, casi noche, pero salía y la aprovechaba como fuera. ¿Una hora para rodar? Pues una hora. Era el aire en el cuerpo. La bici siempre ha sido mi antídoto a nivel físico y mental.

¿Qué le sigue uniendo al ciclismo para no acabar hastiado de ella?

La bicicleta para mí es un sitio de paz. Puedo estar subiendo un puerto, bajando, lo que sea. Ese esfuerzo me permite pensar en cosas diferentes en mi cabeza. Soy un ciclista más bien solitario y voy pensando en cosas de mi casa, de la familia, del trabajo... Cuando era profesional, las cosas no las consultaba con la almohada, las consultaba con la bici. La bicicleta es mi consulta psicológica particular y voy dos o tres veces por semana.

Hemos tenido un buen arranque de temporada. Venimos de un fin de semana espectacular con la París Niza y la Tirreno Adriático. ¿Cómo la ve a priori?

Empezó a trompicones, con la suspensión de la Challenge de Mallorca, la Vuelta a Andalucía, la de Valencia... La sensación es que esto no va a acabar nunca, que es lo que nos pasa a todos en nuestras vidas. Tenemos la sensación de que vemos la luz del túnel y nunca salimos. Ahora con las vacunas y demás, parece que sí salimos. El mundo gira y tenemos que girar con él. En ese equilibrio estamos: salvaguardar la salud y mantener nuestra actividad. La sensación en el ciclismo es que lo peor ya ha pasado, al menos en el mundo profesional. En otras categorías sí que se va a sufrir, como las marchas cicloturistas, que con la cantidad de gente que mueve y las limitaciones que entran y salen, desmotivan al organizador y cuestan mucho dinero. Y se sufre. En el ciclismo profesional, casi que va a ser una temporada normal, sin público, pero a nivel de celebración de carreras normal.

Lo que no fue muy normal fue ver tirar a Mathieu van der Poel un ataque a 50 kilómetros de meta el domingo pasado en la Tirreno Adriático. Y ver a Pogaçar engancharse después. ¿Le hace creer estos destellos en que todavía hay un hueco para que pasen estas cosas?

Tengo muchos años ya. Recuerdo cuando gané el Tour y dejé el ciclismo. Decían entonces que iba a ser difícil que un escalador volviera a ganar un Tour, que era muy difícil, que si las cronos, que si las carreteras... Diez años más tarde, Pantani ganó el Tour [de 1988 a 1998]. Y de Pantani escuché lo mismo. Y aparece Alberto Contador. Después que si los vatios, los nutricionistas, la tecnología y demás historias. Parecía que el ciclista era un robot, que las conexiones del director iban a dejar el ciclismo sin épica. Y sí, puede que sea así, pero el carácter del ciclista aparecerá tarde o temprano. Los directores tienen mucho poder a la hora de gestionar los esfuerzos, pero nos estamos encontrado corredores como Evenepoel, Van der Poel, Van Aert o Pogaçar que atacan a 60 kilómetros de meta, un ciclismo antiguo, pero apasionante. Ves a los mejores dándose entre ellos. Si hubiese solo uno es un problema. Le pasó a Contador cuando apareció el Sky: era él contra un bloque. Para el aficionado esto es una delicia, hay un grupo de cuatro o cinco dándose caña. Te puedes sentar a ver los últimos 100 kilómetros que te lo vas a pasar bien.

“El caos es el que genera la pasión. Ese ciclismo impredecible es el que engancha”

decoration

¿Han creado entonces los pinganillos a ciclistas que son robots?

Cuando vas pedaleando, tienes dudas, no todos los días estás bien y tienes miedo a fallar, consultas con el director, hablas con él, te pide que aguantes aunque ese día sí te veas bien... Entonces han quitado algo de espontaneidad al ciclista, al campeón. Pero después vemos que a algunos no se la quita y eso es algo que los directores tienen que empezar a entender. Aunque te pones en la piel del director y lo entiendes porque, como mínimo, quieres tener controlado a tu equipo. Lo mejor es encontrar corredores rebeldes, que sientan el ciclismo de una manera diferente, que no esperen a última hora.

¿Vive el aficionado ciclista anclado en la nostalgia o es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Cualquier tiempo pasado fue mejor en el aspecto que hay cosas que no se van a volver a repetir. Hoy tenemos los pulsómetros, los medidores de vatios, los dietistas, pero todos estos elementos están para ayudar. Si yo los hubiera tenido los hubiera usado, pero como no había corrías con esa sensación de descontrol muchas veces; un día estabas bien y otro mal sin tener ni idea del porqué. Y, de repente, estabas fuera de la carrera. Eso hoy es más difícil que ocurra, afortunadamente. Después, las propias carreteras, que han mejorado muchísimo. Únelo con la calidad de las bicicletas. Parecía que estábamos abocados a que cualquier época pasada era mejor, pero eso nos pasará siempre. Cuando pasen 40 años más miraremos al 2021 y diremos... ¡Joer, qué época tan maravillosa! De la época pasada quitas también la morralla porque cada era tiene sus momentos excepcionales. Las miradas atrás nos traen las esencias y parece que todo es mejor.

¿Qué tipo de cambios son reversibles sin quebrantar la actualidad real de hoy?

El ciclismo ha cambiado muchísimo. Por ejemplo, en el referente de este deporte, que es el Tour de Francia. Desde hace 10 o 15 años, no me gustan sus recorridos. Son como tipo novela: presentación, nudo, nudo otra vez e igual al final algo para que hay sorpresa. Esa mentalidad no la tiene el Giro ni la Vuelta. Creo que con eso se pierde interés. En mi época había recorridos mucho más duros y en las primeras etapas de montaña podías perder o ganar la carrera. El organizador hoy no plantea una etapa así, no la quiere porque consideran que la emoción debe estar al final. Yo que he vivido otro ciclismo, y hablando del Tour, me da lástima porque se pierde ese encanto y época del deporte que además el Tour siempre había conseguido.

¿Se ha imaginado a usted dentro de este ciclismo?

No voy a hablar de mí mismo. Pero, por ejemplo, Alejandro Valverde ha nacido tarde. Si Valverde llega a nacer 10 o 20 años antes, habría sido un corredorazo, de aspirar a ganar el Tour, por su concepto de ciclismo, por su potencia... Siempre ha sido un grandísimo corredor, pero 20 años antes hubiera sido mucho más único, que ya lo es. Nació con esa mentalidad de ciclismo épico, pero en un mundo moderno y tecnológico, aunque en su concepto no está. Y eso no le ha dejado brillar más de lo que ha hecho, que es mucho. No hay que olvidar que es el corredor español que más carreras ha ganado, más de 100 a nivel mundial. Habría sido más sobresaliente de lo que es, sin duda. Igual a él no le servía de mucho estar atado en el pinganillo, pero sí a los rivales. O al propio Alberto Contador, que hacía apuestas de yo contra todos, pero enseguida estaba neutralizado. Cuando te sacaban los cartelitos cada 10 kilómetros, evidentemente, no era lo mismo.

“Pogaçar es un electrón libre; verle hace dudar al resto y las dudas llevan al error y al espectáculo”

decoration

Queda mucho, pero ¿se moja con qué puede pasar en las tres grandes?

No sé hasta qué punto se habrá recuperado de su caída en Lombardía este belga maravilloso que tenemos que se llama Remco Evenepoel. Pero ante las exhibiciones que está haciendo Pogaçar, me las prometo muy felices, recuperando un ciclismo más individual, atacando desde lejos, frente al ciclismo del Ineos o el que intenta también el Jumbo, que ha seguido una estela de bloque, de control. Que haya un electrón libre como Pogaçar deja ese espacio para que sucedan cosas como las que le pasó a Roglic en el último Tour, donde el último día le roba la carrera. Pogaçar, con su manera de correr, va a dejar una carrera muy espectacular en el Tour, que es de las tres grandes, deportivamente hablando, la más aburrida. Su presencia desequilibra el concepto de ciclismo moderno: gran estructura y grandes corredores. Verlo ya genera dudas y las dudas llevan a errores y los errores al espectáculo. El caos es el que crea la pasión. Ese ciclismo tan impredecible es el que hará que la gente se enganche de nuevo a este deporte.

Nombró al Jumbo. ¿Le sorprendió la decisión de Tom Dumoulin de dejar la bicicleta, al menos, de manera temporal?

A veces me siento un poco abuelo contando batallitas. Los ciclistas hoy están los 365 días del año centrados en la carrera. Yo me iba un mes de vacaciones. No quería saber nada del ciclismo. Me iba a un balneario, a desintoxicarme. Luego, de vacaciones y la bicicleta no la tocaba: nadaba, corría a pie... En cambio hoy están enganchados todo el día. Cuando uno sacrifica tanto y eres un corredor que tiene que ganar, con esa presión, y te concentras como nunca, te esfuerzas como nunca y no ganas... Pues vuelta a empezar al año siguiente. Y fallas. Y vuelves a fallar. Entras en un círculo vicioso muy peligroso. A veces estás hasta demasiado concentrado y se necesita parar, volver a encontrar ilusiones por correr, por entrenar... Eso es lo que le ha pasado a Dumoulin, como ya le pasó a Marcel Kittel. La exigencia de alta competición es muy dura, sobre todo cuando no llega, que te crea un nivel alto de frustración. Es algo que acaba con tu salud, con tu felicidad y en la vida hay que intentar ser feliz en un deporte tan duro como este, donde tienes que tener la cabeza bien amueblada, con ilusión y energía, si la tienes quemada es una tortura. Entendí su decisión porque sé lo que hay. Los equipos deben saber quién debe tener este trato para seguir siendo una i Y los psicólogos deportivos están para ello y se están incorporando a los equipos. Es que es normal...

“Canarias es punto de encuentro de los grandes, leo a diario ‘L’Equipe’ y ‘La Gazzetta’ y lo veo”

decoration

Hoy rodará en La Titánica para pedalear en Gran Canaria. ¿Qué significa Canarias para usted? ¿La ‘mili’ y el epílogo de su carrera?

¡Justo! La mili y la serie de criteriums que hicimos aquí, en Lanzarote, en Gran Canaria y en Tenerife. Mi concepto de las Islas es muy bueno, muy estándar: gente tranquila, buena temperatura, buena comida. Sobre todo en Tenerife, donde más he estado. Para mí venir a Canarias es venir a relajarme. Ya llevaba como 15 años sin venir, cuando los niños eran pequeños, de hotel al sur. Me trae buenos recuerdos. Y ahora Canarias es un punto de encuentro de los grandes ciclistas del momento, no solo en Las Cañadas, sino también aquí en Gran Canaria. Leo todos los días L’Equipe y La Gazzetta Dello Sport y lo veo. Es que Canarias es un paraíso para el deporte y la bicicleta. Para empezar una temporada aquí es maravilloso.

Compartir el artículo

stats