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Extreme-E, sostenibilidad ecológica y Gran Canaria

Christine Giampaoli sitúa el nombre de la Isla alrededor del planeta, en el campeonato que ha llegado a más de 220 millones de espectadores

El Odyssey 21 conducido por Christine Giampaoli durante la primera prueba de Extreme-E disputada en Arabia Saudí a principios de abril. | | LP/DLP

El Odyssey 21 conducido por Christine Giampaoli durante la primera prueba de Extreme-E disputada en Arabia Saudí a principios de abril. | | LP/DLP

La concienciación sobre el cambio climático que está experimentando el planeta es una de las obligaciones sociales que se han implantado entre la población mundial en las últimas décadas. El deporte, como transmisor de valores aparece en escena a través del gran evento que llega a una velocidad vertiginosa sobre las cuatro ruedas. La Extreme-E ya ha llegado a 220 millones de espectadores para mentalizar a los amantes del motor de que se puede ofrecer un espectáculo apasionante a bordo de los SUV (utilitarios deportivos) 100% eléctricos en circuitos con condiciones extremas en cuatro continentes de la Tierra.

Teniendo en cuenta que un tercio de la emisiones de CO2 que se generan en el mundo provienen del transporte con los carburantes fósiles que se empeñan para la actividad, Extreme-E se ha creado con el objetivo de demostrar la importancia de los vehículos eléctricos para reducir el impacto de contaminación en el planeta. Y es que la propia organización se ha comprometido para ello que al concluir las cinco prebas de las que consta el calendario de la competición, la huella de carbono neta tenga un valor nulo. Cero contaminación a toda velocidad.

Porque el espectáculo está asegurado con una nómina de leyendas del automovilismo, junto a un elenco de promesas de las cuatro ruedas que van a rodar por paisajes “todavía por conocer”, como aseguran desde la organización. A bordo de los Odyssey 21, el SUV diseñado por Spark Racing Technology, están compitiendo grandes de este deporte como el nueve veces campeón del mundo de Rallys (WRC) Sebastian Loeb, uniendo fuerzas con el heptacampeón mundial de Fórmula 1 Lewis Hamilton para formar el equipo X44; el tricampeón del Dakar, –y un sinfín de hitos– Carlos Sainz, junto a su copiloto, Laia Sanz, defendiendo al Acciona; o los campeones de F1, Jenson Button –también participa– y Nico Rosberg, que tiene sus propios equipos.

Los bólidos a los que se subirán estos locos del aroma a gasolina y que ahora tendrán que acostumbrarse al silencio de los eléctricos constan de unas prestaciones salvajes. 545 caballos en sus manos, más de los que pueden ofrecer un WRC, y una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de 4,5 segundos. Todo ello capaz de hacerlo en las dunas de Arabia Saudí, donde arrancó la competición el pasado 3 y 4 de abril; en el frío más salvaje del glaciar Russell en Groenlandia; en la selva amazónica en Brasil; o en el punto más meridional de América del Sur, en la Tierra del Fuego, en Patagonia.

Hay que tener en cuenta que el Extreme E es signataria del Marco de las Naciones Unidas sobre Deportes para la Acción Climática que vela por cinco principios y objetivos: la promoción de la responsabilidad ambiental; la reducción del impacto climático de los deportes; el uso de la plataforma para educar; promover el consumo sostenible; y defender la acción climática a través de las comunicaciones.

Sinergias a favor del planeta

¿Y cómo quedará constancia de la eficacia de este proyecto? Bien, esta odisea global, es posible gracias a la existencia de un paddock flotante que va a bordo del barco RMS Saint Helena, que se encarga de transportar la carga e infraestructura del campeonato minimzando la huella de carbono de Extreme E y en el que además un grupo de científicos viajan en el navío para estudiar el desarrollo de la competición y cómo se comporta en las zonas afectadas por el cambio climático.

Extreme E ha designado un Comité Científico independiente, dirigido por el profesor Peter Wadhams de la Universidad de Cambridge, que asesorará sobre los programas de educación e investigación del campeonato, la logística de los eventos y el impacto, además de recomendar iniciativas positivas que apoyen a las comunidades locales en cada ubicación del campeonato.

Todo ello teniendo en cuenta que la concienciación de la población mundial debe afianzarse para un futuro sostenible sin prescindir de los medios de transporte. Al respecto, en clave local, según desvelaba una encuesta llevada a cabo por el Cabildo de Gran Canaria recientemente (dentro del marco del proyecto Mac-Clima), el 70% de la población de la Isla muestra una “alta preocupación” por el cambio climático y hasta un 60% de los encuestados afirmaban que estarían dispuestos a pagar más impuestos para combatir las consecuencias del calentamiento global.

Es por ello, que la consejería de Deportes del Cabildo, junto al Patronato de Turismo han apreciado la enorme importancia y repercusión deportiva y proyección turístico que representa para el nombre de la Isla estar presente en esta competición revolucionaria y de la que se producirá un documental que se emitirá en plataformas como Amazon, Netflix, HBO; además de distribuir y promocionarse en otros canales como National Geographic, ESPN, Fox o Movistar +.

El nombre de Gran Canaria va a proyectarse a lo largo del planeta gracias al equipo Hispano Suiza y en concreto a la piloto italo-canaria Christine Giampaoli. En el casco, en el mono o en el chasis del SUV de la díscola ingeniera de automovilismo, lucirá la Isla, “su casa”, como ella misma se encarga de transmitir a todo el que le pregunta por sus sentimientos con su tierra.

Giamapoli, además de destacar todos los beneficios que promete Extreme E, también pone la guinda a un aspecto que para ella es esencial en este campeonato: el sistema mixto de pilotos que forman el equipo. “Promover la igualdad y demostrar que las mujeres somos tan rápidas como los hombres es algo que me encanta” indica la canaria. Y en ella hay un buen ejemplo, ya que en Arabia Saudí fue la única piloto que rodó más rápido que su compañero, el británico. Oliver Bennett.

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