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Nico salta hacia la gloria

García Boissier entra por la puerta grande en sus primeros Juegos Olímpicos tras acabar cuarto en la final de la prueba de trampolín de tres metros de la Copa del Mundo, en Japón

El saltador grancanario Nicolás García Boissier en pleno vuelo, durante uno de sus saltos en la final de trampolín de tres metros de la Copa del Mundo, celebrada en Tokio.

El saltador grancanario Nicolás García Boissier en pleno vuelo, durante uno de sus saltos en la final de trampolín de tres metros de la Copa del Mundo, celebrada en Tokio. Reuters

«Ha sido increíble, todo ha salido a pedir de boca». Exultante se encontraba ayer Nicolás García Boissier horas después de certificar su pasaporte a los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, donde defenderá los colores de España en la modalidad de saltos de trampolín en la prueba de los tres metros. El joven grancanario, todavía en una nube tras cosechar su máximo logro deportivo, embarcaba en esos momentos hacia su nuevo destino, Budapest, la capital de Hungría, donde afronta ahora el Campeonato de Europa.

Lo hará con la moral por las nubes el representante del Club Natación Metropole, quien en la capital japonesa firmaba una fantástica actuación en la Copa del Mundo de su especialidad, esa en la que se iniciaba con apenas seis años de edad en la torre de saltos de la entidad metropolista.

El joven saltador grancanario conseguía la cuarta plaza en la final de trampolín de tres metros, muy cerca del podio, y sobre todo sellaba el billete olímpico, «lo más grande, lo máximo, el objetivo con el que sueña todo deportista».

Nicolás García Boissier reconoce que esta Copa del Mundo resultó una competición bastante «dura, exigente y complicada en el aspecto mental». Sobre todo dar el primer paso, el alcanzar las semifinales. «Veníamos con la intención de meternos entre los 18 mejores, para así alcanzar una de las plazas olímpicas». Y lo lograba tras una prueba de unas cuatros horas con más de 60 saltadores en liza.

«Estar en los Juegos es el objetivo soñado por un deportista», apunta el saltador del CN Metropole

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Una vez cumplido ese objetivo, reconoce que el resto de rondas fueron más llevaderas, más cortas, «a las que estamos más habituados». Y como broche, un cuarto lugar en la final de trampolín de tres metros; una clasificación que confiesa fue «totalmente inesperada». «Mi mejor papel en una competición de alto nivel, y lo mejor de todo y lo más importante, que me da billete para los Juegos».

Reconoce que esta meta no estaba en la mente de aquel niño que empezó a saltar en la torre del Metropole con seis añitos junto a su hermano Héctor: «A esa edad no te fijas un objetivo como ese, no se te pasa por la cabeza, pero conforme vas avanzando sí empiezas a soñar con ello y te lo planteas como una meta», señala.

Y a punto estuvo de conseguirlo con 20 años, cuando se quedaba a cuatro posiciones de clasificarse para los Juegos de Río 2016. A pesar de no conseguirlo, tuvo claro que lo tenía a tiro. Y un lustro después, objetivo cumplido: «Todo el trabajo y el esfuerzo que he hecho desde entonces a tenido su premio, ha merecido la pena».

No podrá disfrutar de su experiencia olímpica junto a su hermano Héctor, compañero de fatigas durante su carrera. Estaba previsto que ambos hicieran dúo, como ha venido siendo habitual, en esta Copa del Mundo dentro de la especialidad de saltos sincronizados. Justo antes del campeonato, Héctor, ingeniero espacial «al que un día le gustaría trabajar en la NASA», recibía un oferta laboral desde Estados Unidos y renunció. Con su nuevo compañero, Nico se quedó a las puertas de la plaza olímpica en esa modalidad.

Quique Martínez, su mentor, testigo directo


De la hazaña de Nico García Boissier durante la Copa del Mundo de saltos de trampolín, celebrada en Tokio, fue testigo directo la que es, sin duda, la persona más importante para el deportista grancanario en su carrera deportiva. Hablamos de Quique Martínez, su entrenador en el Club Natación Metropole y también técnico de la selección española de la especialidad junto a otro exsaltador de la tierra, Beneharo Bonilla. «Quique es un puntal. El saltador que soy se lo debo a él. Empecé a trabajar con él cuando era un niño en el Metropole. Salvo unos tres o cuatro años que estuve en Madrid por motivos personales, siempre dirigió mi carrera. Este año he vuelto y de nuevo hemos juntado nuestros caminos», expone García Boissier, quien da aún más valor al logro conseguido en Japón en una época de Covid que no le ha permitido llevar a cabo la preparación más ideal, «porque veías como se trastocaba el calendario, se cancelaban pruebas y tenías que variar los objetivos». Pero al final, todos los padecimientos han valido la pena. | M. Ojeda

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