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Carreras torcidas (IV)

La redención de Pedro Linhart

El golfista grancanario, campeón en Madeira en 1999, paró su carrera por un problema de adicciones, pero regresó con éxito

Pedro Linhart, con el trofeo que conquistó en el Winston Golf Senior Open de Alemania en el año 2014. | | LP/DLP

Pedro Linhart, con el trofeo que conquistó en el Winston Golf Senior Open de Alemania en el año 2014. | | LP/DLP

Su victoria en Madeira, dentro del Circuito Europeo, fue todo un hito para el golf en Canarias. Poco después cayó en un pozo del que pudo salir para volver a hacer lo que más le gustaba y dónde mejor se sentía: el campo de golf. Un ejemplo de superación personal que resulta inspirador.

Cuando a Pedro Linhart (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) se le pregunta cuál es la mejor enseñanza que ha dejado el golf en su vida se toma unos segundos para responder. Es como si la llamada telefónica se hubiera colgado. Son unos instantes de pausa, de reflexión, de tránsito para llegar a una confesión casi mística. «Pues... [hay otra detención de unas milésimas] a aprender a estar conmigo mismo, que no es poco. Con el golf se aprende mucho sobre uno mismo, a descubrirse».

La carrera de Linhart es sinónimo de redención. Él, el primer golfista que se adjudicó un torneo del circuito del European Tour en la historia del deporte canario, se ha apartado en los últimos meses del golf profesional. En 2019, tras jugar el Senior British Open, colgó los palos. Fue su última vez sobre el césped de St. Andrews. «Ahora juego de vez en cuando, pero ya en otra etapa, disfrutando lo más que puedo de lo que estoy haciendo, que es enseñar», narra.

Una trayectoria que tocó la cima en 1999, cuando levantó en el Abierto de Madeira el título de campeón. Era su sexto año dentro del Circuito Europeo y nadie fue mejor que Linhart sobre el campo de Santo da Serra de esa isla portuguesa. Aguantó el tirón de Mark James, capitán del equipo europeo de la Ryder Cup en aquella edición, y besó la gloria. Aquel fue su mayor éxito como preludio de unos años complejos, duros, que le llevaron a parar para sanarse en cuerpo y alma y superar su adicción a las drogas.

«No es fácil estar en el Tour durante tantos años [desde 1994 a 2010]. No tenía una base, no tenía un equilibrio entre una vida personal con una base sólida y viajar. En fin, estaba todo el día por ahí...», cuenta Linhart después de 20 años. «Hoy en día los chavales vienen con más apoyos, con más nivel, tienen entornos donde trabajan con tutores, psicólogos, van más centrados, más preparados... Es que si no vas de esa manera no te comes una rosca. Ahora es más profesional. Cuando yo empecé en esto era un juego. Es la gran diferencia de cómo ha evolucionado el golf», concreta.

«No tenía una base sólida, no tenía equilibrio entre mi vida personal y viajar tanto», afirma

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Paró unos años para empezar de nuevo. Pidió ayuda y buscó refugio. En Arcos de la Frontera, en la provincia de Cádiz, encontró el lugar donde reconstruirse. Y lo consiguió. Meses oscuros para renacer. «Volver fue una satisfacción muy grande. Volví para encontrarme al lugar donde me encontraba bien. Estar bien anímicamente es básico para todo, para competir también. Fue un trabajo continuo, hay problemas más evidentes que otros. Y los jugadores, como las personas, van aprendiendo sobre sí mismos. Si no, te quedas por el camino», sentencia.

Trabajó para regresar al campo y lo hizo. Espantó sus fantasmas, se sanó y volvió. Bordeó el limbo para escapar del infierno. «Dejarlo y volver es muy complicado. Todo evoluciona muy rápido y te puedes quedar atrás. Pero para mí, en el momento en el que me planteé volver, me lo tomé muy en serio. Y pude conseguirlo», explica. Durante tres años se salió del Circuito Europeo para volver con fuerza en 2004.

Detrás, una superación personal para volver a recuperar el espíritu del niño que se enamoró del golf en el Real Club de Golf de Las Palmas. «A mí me soltaban en el campo de golf y se me hacía de noche. Tenía hambre y pasión. Éramos pocos los niños que jugábamos, ahí escondidos de los viejitos», cuenta entre risas. Eran los años 70. «Éramos cuatro gatos»,explica.

El primer golpe del que se tuvo que reponer Linhart llegó en casa. «Cuando murió mi padre tenía 15 años. Me quedé medio perdido por ahí, pero volví... Las primeras veces que fui a competir a la Península me di cuenta de que tenía juego y que podía llegar», apunta. Pero aquella senda fue larga y sinuosa. «Me marché a Estados Unidos, estuve trabajando y entrenando por allí». Su llegada al circuito europeo fue con 29 años.

Y aunque en aquella primera etapa antes del parón «seguramente jugaba mejor», cuando más disfrutó Linhart fue como en la categoría Sénior. Disfrutar y ganar porque en 2014 levantó el WINSTONgolf Senior Open. «Eran otros tiempos, pero me lo pasé mejor. A partir de los 50, me sentía más maduro, más realizado, más competitivo a ese nivel, aunque tuve años en los que me fue muy bien en el Tour Europeo. Tenía una sensación de seguridad, de ser más potente... Yo siempre había ido más cortito y en el sénior iba más sobrado», añade.

Retirado en 2019, sus últimos años como sénior fueron los mejores: «Disfruté más»

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Tras colgar los palos en 2019 también los llevó. Linhart se encargó de cargar la bolsa de Adri Arnaus en 2019. «Me lo pasé muy bien con él, ya nos conocíamos tras mi experiencia en la Federación como entrenador», argumenta. Después fue caddie de Carlos Pigem. «Si me llega una oferta muy, muy buena, me lo plantearía. Si no, pues no, la verdad. Creo que en el Tour ya hice lo que tenía que hacer, tanto a nivel de jugador como en mi breve periplo de caddie. Ahora quiero enseñar a la gente a jugar y a los chavales a competir», comenta. Su última experiencia fue con Julian Suri durante dos semanas en Chipre. «Ahí decidí que ya estaba bien. Más todavía con esta situación, de protocolos, con viajes incómodos... Ya estaba bien», añade.

En Madrid, el deportista ha establecido su residencia de manera definitiva. Se acabaron los trotes. «Necesitaba parar, establecerme un poco, pasar tiempo con mis dos hijos y estoy dedicado a la enseñanza. Doy clases en el Real Club De Golf La Herrería, en El Escorial, y en El Pardo. Además de colaborar con Martin Cummins, que tiene una trayectoria muy contrastada en Madrid, con equipos de performance, de niños, de júnior, estoy muy ilusionado, haciendo un trabajo muy bonito»; explica. «Y cada día con más trabajito».

Ahora su vida es enseñar. Pedagogía de golf y de vida. «Intento transmitir lo que he aprendido tras los años. Mi especialidad es más bien la estrategia, enseñar a cómo hacer poco golpes, trabajando más el dónde que el cómo. No soy muy técnico, me centro más en el nivel integral, en cómo comportarse en el campo», finaliza.

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