La escotilla
La paradoja Guardiola
De ninguna manera es un imperativo ni legal ni, mucho menos político, el que los partidos de derecha sólo puedan pactar con partidos de derecha, ni los de izquierda sólo con sus afines. Eso es una estupidez

Como no se ha dicho, o yo no lo he oído en lugar alguno, lo voy a decir yo. Es deliciosa la paradoja que se está viviendo en estos momentos: doña María Guardiola no ganó las elecciones de 2023 y llegó a presidenta de la Junta de Extremadura; ganó claramente las últimas elecciones y está teniendo dificultades para revalidar el cargo. Inconvenientes de la vida política que de alguna manera superarán, o volveremos a un proceso electoral en los que a saber qué puede pasar.
Más allá de esta paradójica situación, quisiera sacar a colación un aspecto colateral. En su tratamiento mediático se repite una y otra vez la cantilena de que el problema es que el PP y Vox tienen que llegar a un acuerdo y no lo consiguen. El problema no es ese, sino otro. Es falsa la imperiosidad subyacente a la fórmula "tienen que". Sí, ya sé que eso que llaman polarización entre los bloques políticos parece no dejar lugar a otra posibilidad, pero esa polarización sólo está en la mente de unos cuantos, en el ruido de la propaganda y de quienes prefieren gritar a razonar. Reconozco que hay mucha emotividad en el discurso político de todos, demasiadas palabras y demasiada propaganda, incluso demasiada indignación. Pero sigue siendo posible pasear por cualquier calle de España, tomar café o cerveza en cualquier bar o cafetería, sentarse en cualquier parque, sin el temor de que algún oponente o persona de ideas opuestas te parta la cara o te haga la vida incómoda o imposible de alguna forma. Son pocas las personas que tengan la tentación real de salir a la calle a majar a palos a gente que piensa de forma diferente. Tan pocas que resultan menos que anecdóticas, irrelevantes y suelen terminar en una comisaría.
De ninguna manera es un imperativo ni legal ni, mucho menos político, el que los partidos de derecha sólo puedan pactar con partidos de derecha, ni los de izquierda sólo con sus afines. Eso es una estupidez, llamemos las cosas por su nombre. Es más, diría lo mismo de lo que ha salido de la dirección nacional del PP sobre que los votantes han pedido en las últimas elecciones (y pedirán en las futuras) que se produzcan pactos de gobierno entre ellos y Vox, aduciendo además que es la única opción posible.
Los votantes, los electores, la gente, nosotros, hemos votado lo que hayamos votado en el entendimiento de que allá se apañen los partidos y que encuentren soluciones a los problemas que puedan surgir, entre ellos el de la gobernabilidad. Para eso les hemos elegido, es su trabajo y su obligación. Hay muchas otras opciones a la alianza PP-Vox, e igual de legítimas. Que no nos vendan que no queda más remedio, que la única opción es la que prefieren. Se han presentado a unas elecciones y tienen que gobernar, y no les queda más remedio que poderlo hacer, tendrán que aplicar una de las muchas opciones de las que disponen: lograr gobernar en minoría con abstenciones de otros partidos, pactar con otras formaciones, irse a su casa a lamerse las heridas. Ellos sabrán. Las posibilidades son varias siempre y cuando los responsables se estrujen el magín, tiren a la basura sus propagandísticos y vacuos argumentarios y recuperen eso tan necesario para el diálogo como son los argumentos y las ideas, que siempre están por encima de las ideologías. Piensen algunos lo que piensen.
Estamos viviendo en esto de la política extremeña un auténtico circo. Menos mal que en Badajoz tenemos otro circo muy diferente, el de la disputa entre el Circo Encantado y el Ayuntamiento sobre su ubicación y cuestiones varias con el resultado de que no sabemos si algún día podrán empezar las actuaciones circenses. Considero un síntoma de muy buena salud social y cultural el que los medios locales estén dedicando casi más espacio a esta disputa que a lo que ocurre o no ocurre en la Asamblea de Extremadura. Señal de que lo que hagan o dejen de hacer los cargos electos de nuestra región, ciudad o país, no es lo más importante del mundo, lo esencial, sino simplemente una parte de la realidad y de la vida social, no más. Sin pretenderlo, el Circo Encantado nos ha dado, nos está dando, un alivio de una cuestión política cuyo interés real es muy relativo. A los políticos (y turiferarios) sólo se les pide que hagan su trabajo y que no nos den la murga; que con esto de los pactos y de la supuesta polarización nos la están dando.
En cualquier caso, hay una cierta belleza irónica en la coincidencia en el tiempo de estos dos circos de tan distinta naturaleza. Por tanto, encontrar la paradoja Guardiola (perder y gobernar; ganar y no gobernar) y su feliz sincronía con el circo Encantado y municipal en Badajoz me permite al menos encontrar diversión en algo que, de suyo, poco entretiene ni a la mente ni a las emociones.
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