Copa del Mundial
Entre cánticos, nervios y fe: así vivió la hinchada argentina el duelo ante España
El portero argentino se convirtió en el gran protagonista para una hinchada que sufrió cada llegada de España en un Franchy Roca entregado al partido

Gretel Morales Lavandero

El partido fue agridulce para la comunidad argentina en Gran Canaria, que lo vivieron con la tensión de una España que arrinconaba, pero que la selección latinoamericana tampoco se dejó amedrentar. Las manos en la cabeza, las lágrimas, la alegría. Todas las emociones la vivieron los aficionados durante una segunda parte especialmente dura.
Verónica Maldonado se secaba las lágrimas tras el duro desenlace. «Siento mucha tristeza, pero se lo merecían porque jugaron muy bien», aseguró. «El mejor jugador de los dos equipos ha sido ‘El Dibu’», valoró. Aunque en su corazón siempre estará Messi, que jugó su último Mundial: «Ha estado maravilloso».
El primer tiempo arrancó con el pulso acelerado en Franchy Roca, en un local reservado por el restaurante argentino Cuartango. Apenas había rodado el balón cuando llegó el primer sobresalto: Lamine Yamal encaró portería y obligó a los argentinos a intervenir con una parada firme que desató una mezcla de tensión y alivio en el local. “¡La concha de tu madre!”, gritó alguien entre la multitud segundos antes de la acción. La respuesta del ‘Dibu’ no solo evitó el gol, sino que reactivó los bombos y devolvió el aliento a una afición que no tardó en responder con un cerrado “¡Vamooos!”.
Argentina intentó sacudirse la presión con rápidas transiciones. En una de ellas, Lionel Messi filtró un balón que generó peligro, pero la defensa española, con Unai Simón atento, logró desactivar la jugada antes de que tomara cuerpo. Cada recuperación, cada balón dividido ganado, era celebrado como una pequeña victoria en un bar convertido en grada improvisada.

Gretel Morales Lavandero
El partido entró entonces en una fase de intercambio constante, con España buscando imponer su circulación y Argentina apostando por la intensidad en la recuperación. Un robo sobre Marc Cucurella levantó la ilusión en una explosión de aplausos que evidenciaba la tensión acumulada. Pero la euforia duraba lo justo: cada avance del conjunto dirigido por Luis de la Fuente volvía a sumir el ambiente en un silencio expectante. “¡Sácala!”, se escuchaba de forma casi unánime cuando el balón rondaba el área albiceleste.
La figura de Emiliano Martínez volvió a emerger como sostén del equipo. Una intervención decisiva ante un disparo de Mikel Oyarzabal provocó la ovación más sonora de la primera mitad. “¡Olé, olé, olé, Dibu!”, corearon los aficionados, entregados a su portero, que se consolidaba como uno de los nombres propios del partido.
No todo fue entusiasmo. El encuentro también dejó espacio para la fricción y la preocupación. Lisandro Martínez vio la tarjeta amarilla tras una entrada por detrás en una acción que encendió las protestas. Minutos después, el central tuvo que abandonar el terreno de juego por molestias físicas, obligando a Lionel Scaloni a reorganizar.

Gretel Morales Lavandero
En uno de los descansos del juego, Santiago Castella resumía el sentir general: “Ha sido difícil, como se esperaba”. Rodeado de compatriotas, destacaba el valor de vivir el partido “con los mismos de siempre”, repitiendo el ritual que ya compartieron en el anterior Mundial. Para él, además, cada minuto tiene un significado especial: “Ver a Messi en uno de sus últimos grandes escenarios es un privilegio. Es el mejor del mundo”.
«Siento mucha tristeza, pero España lo merecía porque jugó muy bien», aseguró la aficionada Verónica Maldonado tras el partido
Mayra Mazzei, por su parte, reconocía que el desarrollo del encuentro no había cumplido del todo con sus expectativas: “Esperábamos menos de España”. Aun así, admitía que la emoción no depende solo del juego: “Lo que más me emocionó fue el himno. También es verdad que si como argentina no sufres, no se siente igual”. Pese al dominio español en la posesión, mantenía la fe intacta en su selección.
La reanudación no dio tregua. España volvió a golpear primero en sensaciones y, apenas iniciado el segundo tiempo, generó otra llegada que obligó a los argentinos a intervenir. El ‘Dibu’ sostuvo a los suyos una vez más y, como en la primera parte, su respuesta reactivó los tambores y los cánticos en el local, que se resistía a venirse abajo.
El partido se fue endureciendo con el paso de los minutos. Leandro Paredes vio la tarjeta amarilla tras una acción sobre Rodri, una decisión que encendió los nervios entre los aficionados. “¿Pero qué haces, pelotudo? Nos van a sacar roja”, gritó una mujer, llevándose las manos a la cabeza, reflejo de la tensión que se acumulaba en cada jugada.
Poco a poco, el empuje inicial de la hinchada fue dando paso a un silencio cada vez más denso. Las miradas se clavaban en la pantalla, los gestos se endurecían y las manos se entrelazaban en señal de nerviosismo. Argentina sufría y el bar lo hacía con ella, consciente de que el partido se inclinaba peligrosamente hacia el lado español.
Aun así, cada acción defensiva era celebrada como un gol. Un corte de Gonzalo Montiel, desviando un remate de Marc Cucurella cuando ya se cantaba el tanto, levantó a los presentes en una ovación cargada de alivio. Los argentinos pararon el intento de gol a Ferran Torres; y también al disparo de Pedri que volvió a poner el corazón en un puño. «Bien, bien, bien», repetían varios aficionados, mientras otros se secaban el sudor de la frente, incapaces de relajarse ante la sucesión de llegadas rivales.
Llegó la prórroga con un público cansado pero que no perdía la esperanza. «¡Qué grande Dibu!», gritaron ante el parón del portero argentino al tiro de Nico. La emoción se palpaba en el ambiente al igual que la tensión. Volvió Nico a intentarlo y metió en portería en esta ocasión ante las manos en la cabeza de la afición del país latinoamericano. Pero la desesperanza pronto se convirtió en un jolgorio ante la anulación del gol después de la revisión del VAR.
El gol anulado de Ferran, que casi marca el segundo de España, dejó fría a la afición. «Me va a dar algo», dijo una aficionada. La tensión se palpaba. Algunos se tiraron al suelo, otros llevaron las manos a la cabeza, y los suspiros fueron especialmente altos cuando Argentina se acercó a portería, pero falló en el último minuto.
A pesar del final en contra de los argentinos, la afición después de secarse las lágrimas salió a cantar y bailar a la calle. «Por eso venimos aquí a vivirlo en comunidad, porque nos sentimos como en familia», destacó Verónica Maldonado mientras el público salía a la calle a festejar.
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