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Entre palos, rezos y el 'Cara al sol'

Juan Curbelo ('Juanito el Pionero') y Octavio García fueron dos de los gais de Gran Canaria encarcelados en la denominada "Colonia Agrícola Penitenciaria"

Inauguración en 2006 de una escultura en recuerdo de los homosexuales encarcelados. A la izquierda, Juanito el pionero en un carnaval capitalino.

Inauguración en 2006 de una escultura en recuerdo de los homosexuales encarcelados. A la izquierda, Juanito el pionero en un carnaval capitalino. LP /FUSELLI

Abriendo el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria con todo el descaro y el atrevimiento del que siempre hizo gala, Juanito el pionero fue una de las figuras claves de las fiestas de grancanaria. Sin su presencia, daba la impresión que la cabalgata no tenía el esplendor y la fuerza que requería un acto de esta categoría. Sin saberlo, cuantos se quedaban ahí en primera fila, observando el traje de plumas y lentejuelas con el que este año Juanito llegaba una vez más anunciando el comienzo de los carnavales más divertidos y transgresores.

Y detrás de tanto desparpajo y divertimento también se escondía la realidad de un homosexual, que con apenas 16 años, fue detenido, encarcelado y condenado a pasar tres años en un campo de rehabilitación en Fuerteventura.

En una de las numerosas entrevistas que concedió Juan Curbelo, y que aparecen recogidas en la obra de Sosa Machín y de Según Alonso, explica que trabajaba de cocinero en una pensión, "y ligaba con hombres en las calles". Tras ser detenido en varias ocasiones durante su adolescencia, en 1955, es detenido en la vía pública. Se le envía primero a la cárcel de Barranco Seco y más tarde a Tefía.

"Fue un auténtico infierno, por la mala alimentación, el trabajo hasta el agotamiento y el maltrato por parte de los funcionarios. Pasaba los días a pico y pala: picando piedra caliza y haciendo zanjas."

Durante esos tres largos años sus padres sólo van a verlo en una ocasión. Al salir de Tefía no puede vivir en Las Palmas de Gran Canaria y se instala en Telde. La situación le resultaba insostenible y decide marcharse a Cataluña, donde logra trabajar en el sector de la hostelería. Después de la muerte de Franco regresa a Gran Canaria y pasa a convertirse en Juanito el pionero, figura popular del Carnaval.

A pesar de sus ganas locas por vivir la vida en toda su plenitud, Juanito también llegó a confesar que nunca dejó de sentir por dentro ese dolor por todo lo que vivió en aquel campo de concentración.

El miedo de Octavio

En la novela de Miguel Ángel Sosa Machín, el personaje de Octavio llega a decir "en Tefía el miedo era como el viento. Siempre estaba presente". Octavio García, después de superar la vergüenza que le impedía hablar sobre lo vivido en Fuerteventura, pasó a convertirse en una de las voces más autorizadas para recuperar la dignidad de aquellas personas. En todas las entrevistas y charlas en las que ha participado cuenta sin tapujos lo que realmente ocurrió en aquel campo agrícola.

"Pasé hambre, miseria, llanto, sufrimiento y mucho más [?]. Allí nos daban una comida al día y nos tenían haciendo trabajos forzados de sol a sol, sobre todo cargando agua de un pozo y llenando bidones con agua salobre, que era la que nos daban de beber. Yo creo que la gente conoce más los campos de concentración nazis, pero en Canarias teníamos Tefía. [?]. Aquellos funcionarios eran peores que las hienas. Nos maltrataban, nos obligaban a ponernos firmes y a cantar el Cara al sol... Nos daban escaldones de gofio con cebollas y sin aceite, o chícharos llenos de gorgojos o batatas enraizadas. Recuerdo que un buen amigo que hice allí y que se llamaba Manuel Santana entró con 84 kilos y salió pesando poco más de 50. Creo que si realmente allí no murió nadie fue porque el plazo máximo de estancia era de tres años". [?] Lo pasé muy mal porque me vi muy solo".

Además, los guardines del centro penal no permitían ningún tipo de acercamiento entre los internos, condenados por ser gais, Octavio cuenta que allí no se podía ni "echar el brazo por encima a otro, como amigos, ellos siempre veían mariconadas", y entonces como contaba Juan Curbelo "llovían palos".

En un trabajo realizado por profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria sobre la recuperación de la Memoria Histórica de Canarias dicen que "como consecuencia de la desaparición de la Dictadura comenzó en España la organización del olvido" por eso resulta tan importante subsanar esas lagunas para dejar constancia de lo que realmente sucedió. "La sociedad española demanda hoy un esfuerzo por reparar el daño hecho y reclama la recuperación de testimonios escritos, orales, gráficos y audiovisuales de los afectados". Nada mejor que recordar lo que realmente pasó en las instalaciones de aquel viejo aeródromo de Fuerteventura para no olvidar que hasta finales de los setenta en España se vivía sin libertad.

Como recoge el historiador Miguel Ángel Sosa Machín, "Tefía no fue la pesadilla de un aeropuerto reconvertido en cuartel y después en Colonia Agrícola Penitenciaria, sino una realidad que, como tantas otras, se ha querido extirpar de la memoria".

Desde el colectivo de LGTB de Fuerteventura reconocen que hasta hace muy poco, ni ellos sabían lo que había ocurrido en Tefía. Es más, en el año 2004 solicitaron al Cabildo poder utilizar el albergue, que ahora ocupa esas instalaciones, para mantener un encuentro y fue entonces cuando se enteraron de lo que había ocurrido allí entre 1954 y 1966.

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