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"Mi profesor me dijo que tenía una memoria prodigiosa"

Paquita Betancort podría dar grandes lecciones de vida. De cómo superar el dolor más profundo, como el que sintió cuando se murió uno de sus hijos, o cuando se quedó viuda con 41 años. O tal vez podría explicar la tristeza que se siente al no poder ir a la escuela todo lo que le hubiera gustado. Paquita podría adornar sus palabras con altas dosis de amargura, o de desengaño, pero ella no. Hablar con esta mujer del barrio de La Isleta resulta tan agradable, tan ameno, que si no tuviera la familia que tiene, podrías caer en la tentación de llevarla a casa, para seguir disfrutando con esas historias que cuenta, y cómo lo hace.

Una vez superados los baches, a sus 80 años se siente especialmente orgullosa de su memoria prodigiosa, "eso me dijo mi profesor", y de la facilidad que tiene para manejar el ordenador. Le encanta ir hasta el centro de la tercera edad y quedarse ahí, hablando con los compañeros y aprendiendo. Mejorando su inglés, y haciendo pinitos con las redes sociales. "Ya manejo el Facebook, y por supuesto el wasap.

Participar en la obra de teatro de la Casa de Colón fue para ella como un premio. Le toco hacer el papel de la cambullonera, y se lo tomó muy en serio. Se preparó el traje, la cesta, que llenó con todos los productos que antes se llevaban al puerto para intercambiar con los marineros que llegaban de otras tierras. Le gustó tanto hacer este papel, que en la pared de su casa tiene como recuerdo una fotografía en la que se ve a ella vestida con ese disfraz. Además, proclama con orgullo que ella se aprendió de memoria todo el texto, "dos hojas enteras".

Estos días estaba preocupada porque no sabía si le iba a dar tiempo de terminar la redacción que está preparando sobre algunas de las cosas que le han pasado en su vida. Uno de esos trabajos que le han pedido que haga para el Día de Canarias, y que tiene que entregar el próximo día 18 para que su profesor se lo corrija.

Paquita te sorprende de pronto con frases de esas de libro: "La vida sigue. Yo no me he muerto, y hay que seguir". Entonces, deja al que escucha sin palabras. La niña de Las Alcaravaneras que se fue a vivir a La Isleta se ha transformado en una mujer sabia. Como regalo y despedida dice: "Yo estoy muy bien, sólo tengo años".

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