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Medicina tradicional, hoy

Medicina tradicional, hoy

Medicina tradicional, hoy

Hasta el final del siglo XVIII las boticas españolas estaban obligadas por el Protomedicato, la institución que regulaba la asistencia sanitaria, a tener un ejemplar del Dioscórides. Es una obra extraordinaria escrita por un médico romano en el siglo primero, que se constituyó en la referencia inapelable para los tratamientos médicos. Su valor teórico residía en que había ordenado la farmacopea, hasta entonces relativamente caótica y que la aplicación de los fármacos se basaba en la experiencia. Experiencia que consistía en observar sus cualidades hipocráticas, frialdad, calor, humedad y sequedad y cómo afectaban al organismo enfermo, por tanto con desequilibrio de alguno o varios humores: sangre, flema, bilis y bilis negra o melancolía. Ya se pueden imaginar que con este abordaje del saber poco se aprendía de los remedios examinados. Así era como operaban los médicos entonces, sumidos en lo que desde nuestra perspectiva denominamos ignorancia y atrevimiento. El Dioscórides no trata solo de plantas; hay un largo capítulo dedicado al reino animal. Por ejemplo, dice que " las gallinas abiertas y aplicadas calientes son útiles a las mordeduras de serpiente", ahora bien, hay que renovarlas con frecuencia y completar el rito con un bebedizo compuesto de cerebro de gallina y vino contra mordeduras. O que "el estiércol de jabalín seco y bebido con vino o con agua restaña la sangre del pecho y mitiga el antiguo dolor de costado". También los remedios minerales están presentes. Es la medicina denominada tradicional que no pocos consideran recuperable, al menos en parte.

Ése fue el programa de Mao en la revolución cultural, uno de los momentos históricos más duros para el pueblo chino. Siguiendo esas directrices una obscura y obstinada médica se dedicó a comprobar la utilidad de los remedios tradicionales chinos. Lo hacía como Dioscórides y más tarde Lagunas, el médico español que tradujo ese tratado añadiendo y matizando al autor tras, como dice, experimentar los remedios. Entre otras cosas, la Dra. Tu Youyou examino muchos remedios tradicionales en animales infestados con malaria hasta encontrar que la artemisa a veces producía buenos resultados. Se preguntó por qué y acudió a los textos antiguos donde descubrió las claves para identificar y extraer el componente activo la artemisina. Por este descubrimiento la Dra. Tu recibió este año el premio Nobel. Pero cuidado, no se está premiando la medicina tradicional china, se otorga a una científica que, inspirada en esa medicina, usó métodos sofisticados de investigación para descubrir una nueva forma de tratar la malaria. Un medicamento que llegó cuando cada vez hay más resistencia a la farmacopea tradicional basada en cloroquina y quinina. La Dra. Yu sintetizó la artemisina hace ya 40 años. Desde entonces, pese a su empeño en descubrir nuevos fármacos en los remedios tradicionales, sólo cosechó fracasos.

La artemisa fue examinada por Dioscórides: "tiene fuerza de calentar y adelgazar". Una de sus importantes virtudes es desopilar (desobstruir) por eso atrae el menstruo y el parto si la mujer se sienta sobre su cocimiento; además dice de la artemisa de hojas sutiles: "su zumo mezclado con aceite rosado es remedio saludable contra las pasiones de nervios si se untaren con él". Lagunas añade que en niños "dadas a beber con vino exterminan las lombrices" por eso en Alemania la llaman lombriguera, nos dice. Y así es, se ha demostrado que es efectiva para el control de los gusanos, algunos muy frecuentes en países pobres como la esquistosomasis o la fasciola hepática. La bibliografía lo describe como un hallazgo casual en China buscando otra cosa. No habían, claro, leído el Dioscórides.

Un problema con este fármaco es que su obtención es laboriosa y cara. Esto limita su acceso sobre todo donde más se necesita. La OMS lo ha calificado de esencial, por eso se investiga en la síntesis biológica. Ya se ha conseguido que ciertos microbios la fabriquen, un proceso semisintético que en 2013 recibió la aprobación de la OMS para su precualificación. Sanofi ha fabricado ya 1,7 millones de pastillas que ha distribuido en 2014 en 6 países africanos. Es el resultado de un proyecto financiado por la Fundación Melinda y Bill Gates. El potencial de la artemisina es sorprendente. También se investiga como substancia anticancerosa con la propiedad de que sólo atacaría a las células malignas porque en su superficie precisamente se encuentra la diana a la que se dirige. Aunque hace años que se especula sobre ello, de momento sólo hay resultados de laboratorio y tratamientos no avalados científicamente.

La enseñanza de la artemisina abre un interrogante: ¿valdría la pena examinar con criterios de la ciencia actual todo el arsenal terapéutico tradicional? Creo que nos enfrentamos con dos problemas, uno que la descripción de su uso es difícil de interpretar porque ni los síntomas ni las enfermedades son trasladables al momento presente. Otro que la experiencia enseña que hay más paja que grano como demostró la búsqueda infructuosa de la Dra Tu y sus colegas de la Academia de Ciencias Tradicionales.

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