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En Playa Quemada no quieren tener jaulas marinas

Al principio instalaron unas 20 jaulas, ahora ya superan las 50, y los habitantes de Playa Quemada consideran que estas granjas se han convertido en un grave problema para la pesca y el baño

Vista general de la localidad lanzaroteña del municipio de Yaiza

Vista general de la localidad lanzaroteña del municipio de Yaiza

María Ángeles Plasencia y su marido, el señor Eustaquio, son los residentes más antiguos de Playa Quemada, una localidad pequeña y acogedora del municipio de Yaiza. Cuando eran más jóvenes tenían una falúa y se dedicaban a coger cabrillas, brecas, bocinegros, sargos. Hace tiempo que están jubilados y al mar sólo van a verlo, a seguir las mareas, en esta parte de la costa tranquila y alejada de las corrientes malas que hay en otras zonas.

Cuando empezaron a instalar las jaulas para engordar pescados, María Ángeles pensó que "esa gente también tenía derecho a buscarse la vida". Después, cada vez aparecieron más, unas para doradas y otras para lubinas. En estos momentos hay más de 50.

Hace tiempo que la presencia de estas granjas marinas se ha convertido para los pescadores y habitantes de esta localidad en un gran problema "el fondo está todo fangoso, y los piensos que le echan llegan hasta la orilla, además ha desaparecido el pescado, las lubinas se lo comen todo". También advierten sobre la presencia de otros 'pescados malos' que vienen siguiendo el rastro de estas jaulas llenas de preciados bocados. Y el mal olor que llega hasta la orilla debido a los piensos con los que alimentan a estos peces.

Por supuesto, que para los estudiosos de los fondos marinos, las granjas pueden atraer a tiburones, "estos depredadores suelen ser muy vagos, si localizan lugares en los que la comida les resulte más fácil, evidentemente irán ahí. En general van detrás de otras piezas que rodean las jaulas para comer el pienso que sale por debajo, y ellos aparecen para alimentarse de estas presas".

María Ángeles también habla de la fiereza de las aparentemente tranquilas lubinas, que son capaces de salir de las jaulas en busca de alimento más atractivo, "desde que están aquí han desaparecido todos los pescados, ya no hay brecas, ni cabrillas, la lubina acaba con todo".

Al parecer, este pescado se considera tremendamente violento y depredador. Fernando Frías asegura que si no tienen comida pueden atacar a otros de su especie, y cuando se les abre se puede ver dentro de todo, "peces, plásticos, son unos devoradores". Como muestra de la 'salida' habitual y reiterada de estos peces del interior de los cercos, María Ángeles cuenta que en verano muchos pescadores que suelen aparecer por esta zona llegaron a capturar hasta 200 kilos de lubina, "y cuando los abrías para limpiarlo tenían el buche lleno de pescado".

Rafael Mesa, experto buceador, sostiene que en la costa de Playa Quemada no se puede bucear "existe una amplia capa de nata de aceite, procedente de los piensos que le echan a los pescados, y el mal olor llega hasta la orilla, huele a podrido".

También sabe de amigos de Gran Canaria que se desplazaron de forma expresa hasta Playa Quemada para capturar las lubinas que 'se escapan' de las jaulas, "pero es que se llevaron kilos y kilos". Para Mesa, lo peor de estas especies que quedan en libertad es que se están desplazando hacia otras zonas de Lanzarote, como Arrecife, "y están acabando con el ecosistema, estamos hablando de un pez voraz que no es habitual de nuestra costa".

Desde el Ayuntamiento de Yaiza han remitido varios escritos pidiendo a la Viceconsejería de Pesca del Gobierno de Canarias visitas de comprobación a las granjas marinas existentes en la costa de Playa Quemada, al objeto de comprobar que las instalaciones se corresponden con las autorizadas por el Ejecutivo.

Asimismo se ha pedido la elaboración de un plan de vigilancia que sirva para minimizar "los impactos ambientales que la actividad genera sobre el ecosistema marino como: concentraciones de restos de alimento, deposiciones de los pescados y alteraciones en la conducta de otros peces depredadores así como los efectos generadores como el mal olor que perciben vecinos de Playa Quemada".

Tanto por parte de los vecinos como del Ayuntamiento se solicita al Gobierno que proceda a la "eliminación de jaulas cerca de la costa, máxime cuando la explotación no garantiza las medidas preceptivas para salvaguardar el medio natural y produce un impacto significativo sobre el paisaje".

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