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Nina Simone desafía a la mortalidad

La sacerdotisa del soul despierta interés en las nuevas generaciones por su coraje cívico: cine, poesía, teatro y música se suman al tributo

La intérprete afroamericana Nina Simone.

La intérprete afroamericana Nina Simone. LP / DLP

La mayor prueba de inmortalidad para un artista es que cada generación se vea obligada a descubrirlo. Es el caso, por ejemplo, de Nina Simone (1933-2003), cantante, compositora y pianista estadounidense de jazz y blues, conocida con el sobrenombre de la gran sacerdotisa del soul. Cincuenta años después de haber adquirido notoriedad está a punto de alcanzar a título póstumo el peldaño más alto de su carrera: Simone inspira películas, un álbum tributo por parte de estrellas de la canción, dos biografías, una colección de poesía, varias obras de teatro, y el homenaje de algunos de los intérpretes más destacados del hip-hop.

El documental de Netflix What Happened, Miss Simone?, dirigido por Liz Garbus, explora en ese caudal tan poco ortodoxo de la cantante nacida en Tryon (Carolina del Norte) donde se entremezclan una voz andrógina, las técnicas de música clásica, el gospel, los derechos civiles y una especie de activismo musical que la ha hecho ser venerada no sólo por su inconfundible estilo artístico sino también por una singular personalidad que la arrastró al jazz después de que la rechazaran en los conservatorios por el color de su piel.

"¿Cómo se puede ser artista y no verse reflejada en el tiempo donde una vive?", se planteó Nina Simone en determinados momentos de su carrera. Su inquebrantable búsqueda de la libertad musical y política emerge ahora con especial atractivo.

En 1968, en una entrevista para la televisión pública de Nueva York, le preguntaron que significaba para ella la libertad. Aparentemente aturdida y después de dudarlo un instante, respondió: "Para mí la libertad es no tener miedo. Me refiero a ningún tipo de miedo". Efectivamente, jamás lo tuvo en la vida y tampoco en el escenario donde combinó el folk, el blues y el jazz, e hizo cumplir a rajatabla las reglas sagradas de las salas de conciertos, tanto si se trataba de una de ellas como de un club nocturno o cualquier clase de garito: los que hacían ruido mientras interpretaba sus canciones podían esperar miradas asesinas o desabridos reproches. Cada una de las piezas del repertorio que tocaba, Gershwin, Ellington, Jacques Brel, Kurt Weill, Bob Dylan, acababan sonando a sus canciones. En vez de interpretar se apoderaba del guión.

Su canción más famosa la compuso, sin embargo, ella misma, Mississippi Goddam, escrita en 1963, el mismo año que la carta desde una cárcel de Birmingham de Martin Luther King, y proporcionó la expresión más nítida del estado de ánimo de los jóvenes activistas de derechos civiles. Una noticia la había noqueado. El sábado 15 de septiembre de 1963, por la mañana, más de una docena de cartuchos de dinamita habían detonado en el sótano de una iglesia baptista en Birmingham, Alabama, en el transcurso de unos ejercicios espirituales sobre la Biblia para niños negros. Cuatro de ellos murieron en la explosión. El autor del atentado, según se supo más tarde, había sido un tal Robert Edward Chambliss, popularmente conocido por sus compañeros del Ku Klux Klan como Bob Dinamita. Era la última atrocidad racial de un año especialmente violento en el sur de Estados Unidos, hasta el punto que obligó al presidente Kennedy a actuar para impedir que el gobernador George Wallace siguiera obstaculizando la integración en la Universidad.

"No soy incapaz de matar. Nadie lo es. Pero en lugar de hacerlo, escribí Mississippi Goddam, contó Nina Simone en su autobiografía I Put Spell on You, recordando los sucesos de Birmingham. Estaba furiosa. "Todas las verdades que me había negado a mí misma durante tanto tiempo me estallaron en la cara?". Tecleó los primeros compases de su canción más famosa mientras los cadáveres de aquellos niños inocentes permanecían aún calientes: Alabama me indignó/ Tennessee me desquició/ y todos saben del maldito Mississippi. Hasta entonces no había sentido el deseo de escribir canción protesta.

Garbus, autora del documental, se refiere a las protestas por los homicidios por parte de la policía de Michael Brown, Rekia Boyd, Eric Garner y Freddie Gray para explicar el interés que vuelve a suscitar Simone. "En realidad hay cosas que no han cambiado". Para comprobarlo sólo hace falta prestar atención al discurso incendiario del odio de personajes como Donald Trump, que, además, aspiran a presidir la nación más poderosa del planeta.

"Moriré a los setenta porque después sólo hay dolor", dijo Eunice Kathleen Waymon, conocida por Nina Simone. Y así fue. Justo a esa edad se apagó la turbulenta vida de una mujer que conoció la gloria y la humillación, la dicha, la violencia y también el dolor: los pedazos de que están hechas sus desgarradoras interpretaciones.

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