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Instrucciones para montar un hombre de hierro

El triatlón más duro se llama "Ironman" y Lanzarote presume de uno de los más fuertes. La disciplina exige catorce horas semanales de entrenamiento, un gasto importante de dinero y mucha determinación

Instrucciones para montar un hombre de hierro

Instrucciones para montar un hombre de hierro

Cruzar el arco de meta tras un sufrimiento casi insoportable es una sensación que acaba por enganchar a casi todos los atletas que preparan y corren un "Ironman". "Todos decimos después de terminar un Ironman que va a ser el último. Al día siguiente, con el dolor que tienes en todo el cuerpo, sigues diciendo lo mismo, pero cuando ha pasado una semana ya estás mirando otro para empezar a prepararlo", explica Antonio Luis Alcaraz, triatleta aficionado que tiene marcado en su calendario el el día que realizará la prueba más prestigiosa de Europa, el Ironman de Fráncfort. Algo así como el campeonato europeo de una distancia que cada vez tiene más adeptos. Javi Pérez Suárez, nacido hace 36 años, ya ha cumplido uno de los sueños para este tipo de atletas: el "Ironman" de Hawai. Para llegar a esta emblemática carrera que realizó el pasado mes de octubre tuvo que clasificarse antes en Mallorca.

"La experiencia de Hawai fue muy buena. La organización y el ambiente es increíble. Es lo máximo a nivel mundial. Gente de todo el mundo que es igual que tú. Somos aficionados, no vivimos de esto", explica Javier Pérez sobre su experiencia en Hawai. Él completó la carrera en 9 horas y 45 minutos. Un gran tiempo para un aficionado. La mayoría, hablando siempre de gente muy preparada, invierte una media de 12 horas en realizar una carrera así. "Hice más o menos lo que esperaba. La natación la hice en el tiempo planeado, en la bici reservé un poco y fui bebiendo mucho porque hacía demasiado calor, un calor exagerado, pero la maratón fue durísima. Fui muy bien hasta la mitad y después me vine abajo. Tuve que pararme y andar, luego me vinieron otra vez las fuerzas y pude acabar, que es lo más importante". Y eso que para hacer la maratón gastó sólo 3 horas y 15 minutos, un tiempo que muy pocos aficionados consiguen preparando durante muchos meses sólo la maratón. Javier Pérez acabó el cuarto entre los españoles no profesionales que participaban.

Lejos de poner punto final a su presencia en estas competiciones agónicas tras cumplir el sueño de Hawai, Javier Pérez piensa ahora en el Ironman de Gales. Y eso que además de sufrimiento, el "Ironman" supone un gasto enorme de dinero. "Económicamente es un dineral", explica. "Lo peor de la prueba en Hawai fue precisamente eso. La isla es muy cara, la comida en las supermercados es prohibitiva. Entre el doble y el triple que en España. Sólo para apuntarte a la prueba son ya 800 dólares. Luego billetes de avión, hotel...", explica Pérez. Apuntarse a un "Ironman" normal en Europa cuesta 600 euros.

Por eso, además de estar muy en forma, un "Ironman" tiene que ahorrar mucho para poder practicar este deporte. Y cuanto más mejoras más dinero gastas, sobre todo a la hora de comprar y equipar la bicicleta. Javier Pérez trabaja en Madrid en una empresa de seguros industriales que le obliga a viajar mucho. Programa el calendario intentando hacer que la preparación coincida con los meses de verano, en los que tiene más horas de luz y le resulta más fácil sacar tiempo para entrenar.

"Lanzarote es una prueba que siempre he querido hacer, pero que debería preparar en invierno y para mí eso es muy complicado". Y cuando no prepara un Ironman Pérez se dedica a lo que llama, en tono jocoso, deporte saludable: "Cuando no estoy en la etapa de preparación sigo haciendo algo de deporte, con más tranquilidad, deporte con salud, porque lo otro no es salud".

Lo primero: encontrar una razón para empezar

"Me fui a trabajar a Madrid y al poco tiempo me empecé a ver un poco fondón. Un par de compañeros de trabajo estaban en un club de triatlón y comencé a ir con ellos". Así fue el inicio para Javier Pérez. No muy diferente fue el caso de Antonio Luis Alcaraz: "Se trata de comprobar si puedes hacer algo que en un principio pensabas que no podías hacer", explica. Los dos habían hecho deporte antes y la rutina de un trabajo les empezó a alejar de la actividad física. Y lo que comenzó siendo una manera de ponerse en forma acabó por convertirse en una historia interminable que mina sus ahorros, les ocupa muchas horas, les hace experimentar el sufrimiento en estado puro y, por encima de todo, les hace sentirse muy bien.

El Ironman no es un juego para novatos

La fiebre del Ironman hace que haya quien intente hacer algo para lo que no está preparado. Una prueba de esta naturaleza exige muchas horas de entrenamiento durante meses e incluso años. Y antes de intentar la más complicada y larga conviene haber pasado antes por las pequeñas. Triatlones cortos, distancia olímpica (1,5 km a nado, 40 km en bicicleta y 10 km a pie) y medios Ironman. "No sólo es porque resulta necesario, también se trata de disfrutar el camino. Para mí, ésa es sólo mi opinión, no tiene ningún sentido la gente que no está lo suficientemente preparada y que ya directamente se baja de la bicicleta y comienza a andar. Terminar en 15 o 16 horas sólo por colgarte la medalla", explica Antonio Luis Alcaraz. La preparación de un Ironman suele constar de unas 14 o15 horas semanales. Alcaraz relata así su rutina: "Tres horas a la semana de natación, unos 10 o12 mil metros por semana. En bici otros tres días, en los cuales dos intentas meterlos entre semana y que sean más cortos, hora y media o dos horas, y luego una salida larga de fin de semana, de las tres horas a las seis horas dependiendo de la semana. Un promedio de cuatro horas. Hacer unos 120 kilómetros. Y luego corriendo otros tres o cuatro días. Varía la distancia. Tiradas de hora, y otras de hora y media o dos horas".

La natación: esa parte en la que nadie piensa

Mucha gente pasa por alto que cualquier triatlón comienza en el agua y que es una parte crucial. Nadar 3,86 kilómetros no está al alcance de todos y suele ser lo que más tienen que trabajar los que comienzan a preparar esta prueba. Se trata de una disciplina muy técnica, en la que, si previamente no eras ya un experto nadador, has de trabajar mucho para que el esfuerzo no sea excesivo y para mejorar los tiempos. Aprender a nadar oponiendo la menor resistencia posible al agua. No es la natación lo más caro de este deporte, pero es necesario un traje de neopreno que cuesta entre 150 y 600 euros.

La bicicleta: un capricho de lujo

Cualquiera que haya practicado ciclismo sabe de la dureza de completar 180 kilómetros. Y cualquier aficionado sabe que el dinero que se puede gastar en este deporte tiende al infinito. Antonio Luis Alcaraz explica que la gente que busca hacer buenos tiempos se gasta en su bicicleta "un mínimo de 2.000 euros". Luego están todos los complementos. Ruedas especiales para los distintos recorridos que se puedan presentar, casco, guantes, maillot.

¿Qué son esos vatios de los que todos hablan?

Los vatios es una medida que se utiliza para saber la fuerza que puedes desarrollar en la bicicleta. Una medida que está relacionada con el peso. Si mueves 400 vatios y pesas 60 kilos irás más rápido que si mueves 500 y pesas 90. Conocer los vatios que son capaces de mover permite a los ciclistas saber cuál es su umbral de esfuerzo. "Nosotros realizamos un test en el que evaluamos nuestro umbral. Intentas mejorarlo en los entrenamientos y en la carrera hay unos baremos de Ironman. En un Ironman intentas ir al 70-75% para no reventar luego en la carrera", explica Alcaraz. La manera de medir los vatios es un potenciómetro que llevan en la bici. Un objeto hasta hace poco prohibitivo para un aficionado y que ahora se puede adquirir por un precio de entre 600 y 700 euros.

La maratón, el momento de sufrir

La carrera es la parte más bella para el que sigue una de estas carreras desde fuera. Los rostros de los atletas son espejos donde se refleja el calvario que llevan por dentro. Es el momento en el que aparecen los grandes bajones, el dolor de estómago, incluso los llantos ante tanta fatiga y tanto deseo por conseguir cruzar la meta. En este caso, al margen de lo que gastes en las zapatillas, el dinero poco te va a ayudar a superar el maratón. Todo está en las piernas y en la capacidad que tengas de contradecir a esa voz que le dice al atleta continuamente que pare, que no es necesario seguir sufriendo de esa manera.

Un Ironman tiene que aprender a sufrir

"Cuando vienen los momentos duros del Ironman empiezas a pensar qué estás haciendo, por qué lo haces, para qué tanto sufrimiento. Llevas veinte kilómetros corriendo, tienes angustia, flato y te quedan otros veinte kilómetros. Eso no se entrena. Cuanta más experiencia tienes, te empiezas a conocer y sabes que lo vas a poder llevar mejor. Pero todo se te pasa cuando entras en el arco de meta. Te sientes Dios", explica Antonio Luis Alcaraz. Muy parecido es lo que opina sobre las crisis Javier Pérez: "La parte mental es fundamental. Llega un momento en el que los demás también van mal y en el que esa fuerza de voluntad puede marcar la diferencia".

Un juego de estrategia con tu propio cuerpo

A Pérez le gusta ver el Ironman también como una especie de juego de estrategia. "Hay una parte de estrategia, de saber gestionar tus recursos. Hasta dónde puedo apretar, cómo lo voy a pagar después. En algún Ironman he ganado a gente que era mejor que yo pero que no gestionó bien sus fuerzas. Hay gente que corriendo un 5.000 me ganaría sin dificultad, pero en un Ironman entran otros factores y eso lo hace muy interesante".

Los objetivos que nunca terminan

Una de las claves para continuar con esto son los retos. Mejorar tú tiempo, ir a una prueba que te haga especial ilusión por algo. "El triatlón siempre te deja ese margen de que se puede hacer mejor. Es verdad que a veces se trata de bajar cinco minutos en una prueba de más de 9 horas, pero son pequeños retos. Otro podría ser hacer un podio en tu grupo de edad", resume Javier Pérez.

Al final, el camino es lo más bonito

"Es como construir algo. Cuidar los entrenamientos, la alimentación, los descansos. Todo con el objetivo de que tu cuerpo responda. Hay días de entrenamientos que terminas muy cansado y no recuperas y tienes otro entrenamiento al día siguiente. A veces puede ser muy ingrato, pero al final el esfuerzo se ve recompensado. Lo que más te gusta después de todo el recorrido es entrenar, machacar el día a día, marcarte objetivos", explica Pérez sobre el proceso de preparación. Antonio Luis Alcaraz tiene esa misma visión. "El camino al final es lo más bonito. Entrenar, hacer triatlones cortos, ver que vas mejorando y que se va acercando el momento. Para mí no merece la pena hacer un Ironman sin disfrutar antes del camino, sin haber realizado todo el proceso que te conduce a estar en condiciones de completar esta carrera". El enorme placer de sufrir. Y está dispuesto a hacerlo en Lanzarote. Solo espera la oportunidad.

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