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el desfiladero CANARIO más ENIGMÁTICO

Los misterios del barranco de Badajoz

Salpicado de galerías de agua y de cuevas aún por explorar, la magia y las leyendas acompañan a este estremecedor paraje de Güímar en el que las brumas bajan de lo alto y se estancan ante el visitante

Un petirrojo canario sobre los restos de una antigua vía de la mina de agua.

Un petirrojo canario sobre los restos de una antigua vía de la mina de agua. L. DE LA ROSA

Desde lejos, puede verse con total nitidez la cara de un niño. Un rostro angelical hecho con trazos gruesos, como si una mano distraída, algo azarosa, hubiera decidido dibujar sobre la montaña escarpada del barranco de Badajoz esta cabeza de ángel: con rizos verdes, ojos profundos y la magia inaudita que se desprende de esta pintura grotesca. Como primera impresión, esta estampa, ciertamente sobrecogedora, que aparece sobre una ladera resulta el preámbulo perfecto para recorrer con sus luces y leyendas la variada gama de enigmas que rodean desde siempre a este emblemático lugar del Valle de Güímar.

En la sección de viajes del periódico "Abc" apareció la lista de los 10 lugares con más misterio de España. Junto a Pedraza en Segovia, Bélmez en Jaén, Ochate, una localidad abandonada del Condado de Treviño en Burgos, y sobre la que se cuenta una extraña maldición que condenó a sus habitantes a sufrir en sólo diez años tres grandes epidemias que acabaron con la población, figura en cuarto lugar el barranco de Badajoz en el sur de Tenerife.

En esta información se dice que existen "pocos lugares en España que desprenden tanto misterio". Entre las leyendas sobre las que se hace eco cuenta que: "Rondaba el año 1910 cuando un grupo de obreros excavaba en busca de agua. Tras días de trabajo dieron con una cueva con unas escaleras ascendentes talladas en la roca. La historia narra que cuando estos obreros intentaron subir aparecieron dos seres muy altos vestidos de blanco que les señalaron el lugar preciso donde excavar".

En el barranco hay siete galerías de agua, construcciones especialmente complicadas por la orografía del terreno y que supusieron para las personas encargadas de realizar estos trabajos tener que enfrentarse a jornadas interminables en las que tuvieron que extraer más de 30.000 metros cúbicos de escombros. Con estos desechos se hubieran podido llenar dos campos de fútbol, superando una altura de dos metros.

La niña de las peras

Durante este periodo de trabajo extremo se produjeron varios accidentes y nadie duda que en medio de este espacio, un barranco especialmente ahuecado, como un desfiladero bañado por las nubes, desfigurando el paisaje, hayan podido surgir más de una leyenda, como la ya famosa historia de los hombres vestidos de blanco que se repite habitualmente en las tertulias del día de San Juan o de Todos los Santos.

Pero sin duda la leyenda más sobrecogedora y que en todo el Valle se conoce como la historia de la `niña de las peras´ remite a uno de esos cuentos recurrentes que desde siempre han formado parte de la cultura popular de mucho pueblos, y que pertenece claramente a la tradición oral.

Se trata del supuesto caso de una niña pequeña, a la que sus padres mandan a buscar fruta al barranco: "La pequeña entró en una cueva donde, según ella misma narró, estuvo durante horas hablando con un enigmático ser. Cuando regresó a casa sus padres y parientes eran unos ancianos, mientras que ella permanecía exactamente igual. La entrada a la cueva fue cerrada por los vecinos", así se recoge de manera generalizada este mito que circula en torno a uno de los misterios del barranco.

Otra adaptación de esta historia añade que la pequeña se dejó dormir debajo de un peral, más tarde sintió que alguien la despertaba y se encontró con un ser muy alto vestido de blanco. Lejos de sentirse asustada, aquel ser, o ente, le inspiró confianza, por lo que accedió sin reparos a seguirlo. La niña lo acompañó al interior de una cueva hasta que llegaron a unas escaleras por las que bajaron.

Al final del descenso se encontraron en un jardín en el que había más seres similares a la figura que la había guiado hasta allí. La niña se entretuvo unos minutos charlando con ellos hasta que al fin la guiaron de nuevo a la salida de la cueva. Para ella no habían pasado más que unas horas.

Con historias como éstas, sobre todo para los amantes de lo oculto y lo paranormal, no resulta extraño que en torno a este barranco de Badajoz hayan surgido multitud de teorías y de fieles seguidores que realmente creen que este lugar representa algo similar a un punto estratégico, una especie de puerta a otra dimensión, donde todo puede suceder. Desde niñas que viajan en un túnel del tiempo o cuevas mágicas en las que una vez que se entra ya nadie logra salir de ella.

Una noche de miedo

Luciano de la Rosa, un apasionado del barranco, ha dedicado muchos años a realizar investigaciones sobre el terreno tratando de buscar algunas respuestas a los enigmas que rodean a este espacio. Estudió los archivos de Güímar, fue a la Guardia Civil, por si había constancia de algún tipo de denuncias, pero no apareció nada digno de mención. La primera vez que visitó este lugar fue en la década de los ochenta, y lo que vio le encantó. "Muchos pensaban en tropezar con seres extraños, o vivir momentos paranormales, no ocurrió nada de eso, pero el barranco merece la pena. No te esperas ver todo lo que hay, de pronto entras y sólo hay silencio, es como si estuvieras en otro planeta, pero no porque pase nada, que se sale de lo normal".

Luciano de la Rosa y un grupo de amigos del Valle decidieron dar un paso más, y se atrevieron a organizar una salida nocturna. Estaban dispuestos a pasar la noche en el barranco. Parecía una idea de locos. Para una gran parte de los vecinos este lugar esconde muchos peligros, muchas preguntas sin respuestas. Se ha escrito tanto, se ha contado tanto sobre sus misterios, que al final suele resultar fácil que se termine por creer lo que cuenta el cuento.

Al principio, estos chicos avezados trataron de tomarse a risa lo que pasaba. Una y otra vez especularon con lo que podían descubrir hasta que llegó la noche y el escenario en medio del barranco puso su peor cara. De la Rosa recuerda que la temperatura bajó notablemente, "la bruma se apodera de todo y allí sólo se ven sombras, sientes la humedad y empiezas a escuchar ruidos extraños".

No quieren demostrar que sienten miedo, pero aparece. Un ruido horrible, como el de una fiera, un aullido en mitad de la noche, los paraliza. Voces entrecortadas, como si unos seres extraños que no alcanzan a ver estuvieran murmurando en la oscuridad y unos truenos descomunales retumban en medio de la noche. Una vez superado el trance, y lejos del barranco empieza el tiempo de reflexión. Luciano de la Rosa reconoce que el aullido de la fiera podía ser el sonido del agua al caer, hay que recordar que este barranco cuenta con siete galerías.

El viento que entra por estas cavidades también puede retumbar y sonar como la voz tenebrosa de unos seres fantasmales. En cuanto a los truenos, Luciano recordó que se podían estar celebrando fiestas en un pueblo próximo al barranco y que por la forma particular de este espacio, unos simples fuegos artificiales pueden parecer auténticos martillazos de un dios desconocido.

La realidad es que el barranco de Badajoz ha sido durante muchos años el escenario elegido por amantes de lo paranormal para situar sus historias de ficción. A mediados de los años 90, tal como recogió Luciano de la Rosa, se produjo una avalancha de supuestos avistamientos en el barranco de Badajoz.

"Muchos testigos afirmaban que desde el interior del barranco y mirando hacia el mar, podía verse una isla que parecía de cristal. De esta isla ascendía (como si despegara), verticalmente una luz en forma de nave, cuando la luz había alcanzado cierta altura se precipitaba a gran velocidad hacia el barranco y acababa por desaparecer". Esta noticia apareció en varias publicaciones de tirada nacional e internacional.

Enrique de Vicente, director de la revista dedicada al misterio Año Cero, relató los hechos en el programa de televisión `Esta Noche Cruzamos el Misisipi´, con este historial, el barranco de Badajoz tendrá muy complicado llegar a eliminar su alargada figura.

Sin embargo, si se tiene la suerte de entrar dentro sin prejuicios se puede tropezar con un paisaje delicioso. Sólo hay que recordar la descripción que el catedrático Ireneo González hizo de este lugar en el siglo XIX: "El Barranco de Badajoz es lo más grandioso que después del Teide podemos por su belleza salvaje admirar en esta Isla. Desde el fondo del barranco cubierto de maljuradas cuyas amarillas flores semejan una alfombra de oro, apenas se alcanza a ver una tercera parte de la altura de los riscos, ocultas casi siempre sus cumbres entre las nubes, y poblados en la parte superior de gigantescas mocaneras. ? mientras que bajo los pies se oyen bullir confusamente las aguas de la Mina. En las alturas se divisan recuerdos de nuestros antepasados los pacíficos moradores de aquellas soledades?"

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