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tres bandas y un destino

La música canaria contamina Madrid

La Casa de Canarias en la capital de España organiza un festival Music Can en el que se reúnen Los Vinagres, Solo Astra y Texxcoco. Los integrantes de los grupos coinciden: "En las Islas es más difícil"

La música canaria contamina Madrid

La música canaria contamina Madrid

Visten como estrellas de rock, se mueven, piensan y hasta respiran como esa larga lista de músicos con pedigrí que sólo desde lo alto del escenario logran de verdad contagiar con lo que hacen. Con esa pasión desatada que transforma a los tímidos en bravucones, eleva a los bajitos hasta tocar el cielo y a los comedidos les brinda la ocasión de romper sus ataduras y lanzarse sin miedo y hasta sin red. Los Vinagres de La Palma, Solo Astra y Texxcoco de Gran Canaria quieren formar parte del club de los selectos, de esos privilegiados que logran el sueño de tocar hasta el infinito, disfrutar con lo que hacen y sobre todo vivir con reconocidas prestaciones.

Estas bandas canarias han decidido iniciar el camino dando ese primer gran paso: se han instalado en Madrid para poder luchar con más fuerza y hacerse un hueco en esta complicada carrera que supone triunfar y poder mantenerse sólo con su música. Todos coinciden en la necesidad de emprender este éxodo. "Allí, en las islas, es más difícil", apunta Héctor Pérez, la última incorporación de Texxcoco, "además, se suele apoyar más a los grupos que se dedican a versionar temas ya conocidos. El tipo de música que nosotros hacemos lo tiene más difícil, por eso tienes que marcharte fuera. Aunque en Madrid, ya nos han dicho, que no lo puedes quemar, tienes que ir poco a poco, tocando sí, pero no en exceso. Si no corres el riesgo de que se cansen de escuchar tus temas".

Se nota que les gusta tanto lo que hacen, que siempre están dispuestos a bajar al suelo, a caminar despacio, hasta que llegué el día de cruzar la meta. Estos días están especialmente felices. El próximo día 17 de noviembre, las tres formaciones insulares van a poder compartir escenario dentro del festival que organiza la Casa de Canarias. Actuarán en la sala Boite Live, en Madrid (Tetuán, 27), a las diez de la noche. Una gran ocasión para ver el gran directo de estos grupos.

De las tres bandas tal vez la más curiosa, o por lo menos la más disparatada, la que se sale de la norma hasta casi tocar Plutón, es la que forman Los Vinagres: Roberto Acosta, Abel Lorenzo y Sergio Acosta. Tres palmeros lanzados, sin complejos. Capaces de realizar todo tipo de mezclas: rock, sonidos latinos, tropicales y como en un multicolor potaje se sienten orgullosos de poder rendir un homenaje a figuras de la música canaria, como al insigne José Vélez, al que han dedicado uno de su temas. Robert sostiene que el cantante de Telde es "el Julio Iglesias canario, es el puto amo, es Dios", y lo suelta así, como una más de sus habituales frases lapidarias.

Para Los Vinagres actuar, componer, poder llenar una sala y que la gente salte y se divierta con sus temas es casi como un regalo. Explican en un lenguaje cercano, con desparpajo, con palabras que suenan a raíz, a los abuelos, a voces habituales de Santa Cruz de La Palma que ellos han venido a Madrid "a partirnos los tobillos para sacar esto adelante". Y en esto están, demostrando que su rock volcánico está logrando encandilar al respetable.

Rock de garaje

Héctor Pérez, guitarra, y Adriana Moscoso, voz letrista y líder de Texxcoco, han sido los últimos en dejar la isla, apenas unos meses. Pero están satisfechos, ya han tocado en varios locales y la respuesta del público ha sido sorprendente, "El otro día, hasta me reconocieron en un local, donde yo no actuaba, y eso te da un gran subidón". Adriana empezó muy pronto en el mundo de la música, con cinco y seis años, ya le fascinaba las bandas, sobre todo aquellas formaciones norteamericanas en las que destacaba el uso vibrante y desenfrenado de la guitarra. Su madre prefería que tocara el piano, y hasta que se pusiera unas bailarinas para hacer ballet clásico. Su historia, su cuento, es en realidad la versión más transgresora de Billy Elliot, aquel niño pecoso, hijo de minero, que en realidad quería interpretar sobre el escenario de un gran teatro el Lago de los Cisnes. A la pequeña Adriana siempre le motivó mucho más coger una guitarra, potente y lustrosa, y encandilar a todos con la fuerza de sus temas y su voz.

Una vez que superó la etapa más clásica y sus padres vieron que aquella niña no tenía remedio. Empezó con unos amigos a interpretar temas, siempre en inglés, y a componerlos. Poco a poco, buscando nombres extraños, recordó uno de los consejos de su padre, "él me había dicho que los nombres de localidades y frutas siempre triunfan? Así que busqué y busqué y México tiene todo lo que me gusta: birra, buena comida y? ¡Texxcoco's name!".

Además de Héctor y Adriana también forman parte de este elenco, de este grupo de jóvenes dispuestos a ofrecer temas poderosos a través de su rock de garaje, Joshua Delgado (bajo) y Cristian Muñoz (batería). Una vez más sorprende su fortaleza mental. Desde lejos se puede pensar que una vez que se han exiliado del confort familiar, ya en Madrid, habituales de locales y festivales, pueden tener la tendencia al desparrame, al descontrol. Creer que por subirse a un escenario poblado de clientes pueden saltar sin red. Pero no. Insisten en bajar al piso, porque como dice Adriana, "todavía no ha llegado el momento, pero ya llegará".

Canarias siempre ha sido cuna de grandes artistas, de escritores, pintores y músicos. Con más o menos fortuna, la historia está repleta de nombres ilustres y de otros tantos que se han quedado en el camino. En esta nueva hornada de bandas, lejos ya de formaciones más tradicionales, de los cantautores que empezaron a despuntar componiendo para otros, llegan ellos: marcando diferencias, sin complejos, y con ese hilo fino que los mantiene ligados a las islas. Cada vez que actúan en un garito, en un festival, en una sala de renombre, al final, todos salen murmurando, "oye, que bien suenan estos canarios".

Si alguien decidiera escuchar sus conversaciones de inmediato se daría cuenta que esta troupe variopinta y risueña viene de las islas, el acento que sigue endulzando el repertorio, los dejes y esa vieja costumbre de vestir ligeros de equipaje. Tiritando en este Madrid de siete grados, demuestran su oficio, mostrando una puesta en escena acorde con lo esperado, en el punto justo del desaliño, y sin parar de idear nuevos proyectos.

La tercera de estas formaciones es Solo Astra, otro nombre carismático para un grupo que apuesta sobre todo por alcanzar la música más psicodélica, no se ponían de acuerdo en cómo bautizar a esta banda de excelentes músicos y se acordaron de la marca del coche del padre del vocalista, y esa es toda la explicación.

Solo Astra es un grupo procedente de Gran Canaria, y que está formado por Luis Sansó (voz, guitarra), Toni Díaz (guitarra, teclados, coros), Alejandro García (bajo) y Dani Rodríguez (batería). Como el resto de formaciones de las islas, ellos también han ido forjándose un nombre en los escenarios hasta convertirse en uno de los máximos representantes de la nueva ola psicodélica nacional. Sansó lo define muy bien al explicar que en realidad sus temas, en español y en inglés, amenizan la música, y no al contrario. Cuando se escucha a Solo Astra se tiene la sensación de estar envuelto en sonidos líquidos, en grandes alocuciones de guitarras, bajos, batería y de fondo como meciendo el compuesto las letras de unos chicos pacientes y también distintos.

Tal vez uno de sus temas más conocidos, hasta el momento ha sido, "Hola y adiós". Una canción para los días de verano pero que en realidad esconde el invierno, así la traducen. Una letra que se le ocurrió a Luis en uno de esos viajes que salen mal cuando se visita Londres, y la ciudad, su gente y su clima no es cómo se esperaba. Esa sensación de querer irse, de tener que marcharse, aunque tal vez lo mejor esté aún por llegar. Seguramente sin pretenderlo, este tema define la realidad de estas bandas, su Hola y adiós constante, en este viaje que les aleja de Canarias para poder hacer lo que les gusta, pero con ese hilo de Ariadna que los mantiene siempre cerca de casa.

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