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El siglo de Alicia Sarmiento

La dama canaria, de cuyo nacimiento se cumplen mañana cien años, dejó a su muerte en 1977 un importante legado para instituir el premio de estímulo a la creación literaria y las artes plásticas

Retrato de Alicia Sarmiento pintado por Alfredo Candela.

Retrato de Alicia Sarmiento pintado por Alfredo Candela. M. R.

El 9 de enero se cumple el centenario del nacimiento de Alicia Sarmiento Pérez, una altruista, culta y elegante dama isleña que a su muerte la Sociedad Científica El Museo Canario creó un premio anual que lleva su nombre. El galardón, instituido en 1979, se destinaba para premiar la mejor labor de artes plásticas de sus compatriotas, como ella solía decir entusiasmada.

Alicia Sarmiento había nacido en Santa Cruz de Tenerife de padres grancanarios, ya que su progenitor, Manuel Sarmiento Hernández, procedía de Tejeda, muy vinculado a la saga de marinos y hombres de letras que tanto prestigio han dado en diferentes épocas a las Islas, de los que podemos citar, entre otros lejanos parientes, a Claudio F. Sarmiento Cabrera (1831-1905), ensayista, dramaturgo y excelente lírico tinerfeño; a Arturo Sarmiento Salóm (1860-1942), el primer redactor jefe de LA PROVINCIA y su hermano Miguel (1876-1926), cuya narrativa literaria discurrió entre la prosa memorialista y un permanente sentido poético, y aún podemos mencionar su consanguinidad con Federico Sarmiento Hernández (1896-1979), decano de los periodistas canarios. Su madre, Carmen Pérez Castro, era originaria de la ciudad de Telde.

A los 17 años de edad, junto con sus padres y hermana Guillermina, se traslada definitivamente a Gran Canaria, estableciendo el hogar en la Vega de Santa Brígida. El progenitor se dedica al comercio, una actividad que calará hondo en la tinerfeña que abre la primera boutique de la ciudad. Su tienda de modas estaba ubicada en la calle Obispo Codina, y por ella ha de pasar la mejor clientela de la Isla. El negocio de Alicia Sarmiento fue, durante al menos tres décadas, el exclusivo referente del estilismo de Gran Canaria.

A los 20 años de edad contrae matrimonio en la iglesia parroquial de Santa Brígida con el teldense José Pulido Betancor. Del enlace, que duró poco, no hubo descendencia. Sus inquietudes mercantiles las complementaba con sus escarceos literarios. Es mecenas y cofundadora de la revista mensual Mujeres en la Isla, que dirigió durante once años María Teresa Prats de Laplace, y de la que fue asidua colaboradora con sus artículos y entrevistas, muchos de ellos relacionados con sus propias vivencias. Desde entonces, Alicia Sarmiento estuvo presente en todos los acontecimientos de la vida cultural y artística de Gran Canaria. Era una enamorada de la villa de Agaete y nunca faltó a sus populares fiestas de la Rama, acompañada, casi siempre, por su gran amigo Néstor Álamo.

Entusiasmada con el arte, el citado Néstor le proporcionó de su galería de antigüedades de la calle Peregrina piezas de gran valor. Posiblemente, del taller de este insigne hijo de Santa María de Guía saliera el magnífico lienzo de Santa Agueda, una excelente obra atribuida al pintor milanés Carlo Francesco Nuvalone (1609-1662) que Alicia donaría posteriormente, junto con otros valiosos muebles de época, a la Casa de Colón, y de la que el doctor José Concepción trató de la bella pintura en una conferencia reciente. La espléndida contribución de Alicia Sarmiento con la sede colombina logró que una de sus salas fuese bautizada con su nombre.

La espléndida y exquisita dama falleció en su domicilio de la calle de Triana el 19 de mayo de 1977 a consecuencia de una insuficiencia hepática. A su muerte, y por cláusula testamentaria que dictó siete días antes de su óbito ante el notario Francisco Uribarren Eguiluz, dejaba un importante legado económico para instituir el premio de estímulo a la creación literaria y a las actividades de las artes plásticas. Entre las bases dispuso que podrían concurrir todos los artistas nacidos en las Islas Canarias o residentes en ellas por tiempo superior a los diez años. La primera ganadora del concurso fue la pintora Rufina Santana Vega, una licenciada en Bellas Artes que expuso sus cuadros por primera vez a los dieciséis años en la Sala Cairasco. Tras el premio Alicia Sarmiento, la obra de esta canaria ha sido admirada en varias capitales, como Madrid, Barcelona y la ciudad alemana de Munich.

Del ramillete de aquellas intelectuales Mujeres en la Isla, de cuya publicación fundada en 1955 decía el claretiano periodista, Ángel Martín Sarmiento, que "proporcionaban un patrimonio de ideas", ya no nos queda sino su recuerdo, un recuerdo y gratitud que debe ser imperecedero para María Teresa Prats, Concha Morell, Nadine y Gala de Reschko, Esperanza Vernetta, Dulce María Loinaz, Alicia Sarmiento, Araceli Navarro, Sofía Bonny de Lucena, Lía Tavío, María de la Paz Verdugo, Elisa de la Torre, Chona Madera, Lola de la Torre, Natalia Sosa Ayala, María Dolores de la Fe y algunas otras insignes damas que por el paso del tiempo desgraciadamente sus nombres ya se han olvidado.

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