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educación

De Erasmus por la vida

Diez estudiantes de la ULPGC disfrutan desde octubre de su aventura universitaria en Alemania. "Un experiencia inolvidable", coinciden

De Erasmus por la vida

De Erasmus por la vida

La mayoría de ellas se conocían antes de iniciar esta aventura. Habían coincidido en las clases de tercero de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, otras no. Carla Herrero, Eva Rodríguez y Raquel Hierro, en cuarto de carrera, no tenían relación con el resto de compañeras. Hasta que el viaje a Alemania para aprender ese idioma y disfrutar de una ansiada beca Erasmus lo cambió todo. Ahora son inseparables, casi como esa familia que tanto se echa de menos, sobre todo cuando se está tan lejos, en una ciudad tan distinta y con gente mucho más fría, y menos amable que esa con la que habitualmente se cruzan por las calles de la isla. Apenas dos meses después de compartir estudios, viajes y risas en la localidad alemana de Hildesheim, en Baja Sajonia, donde van a tener que residir este curso, las canarias se conocen tan bien que cuando hablan se interrumpen, terminan frases las unas a las otras, y esa aparente disparidad entre `canarionas´ y `chichas´ ha desaparecido. Sólo quedan las bromas habituales de "le estamos enseñando a decir playeras en lugar de tenis". Lidia lo dejó claro en una frase, sólo fue necesario conocerse un día para "parecer que ya éramos amigas de toda la vida".

La realidad es que para estas alumnas, ocho procedentes de Gran Canaria, una de Tenerife, Bilgai, y de La Palma, Victoria, tener la suerte de poder acceder a estas becas es una gran oportunidad. Raquel Hierro reconoce que para ella ha sido la primera vez que salía fuera y "eso es genial, ver otras ciudades, visitar todos esos lugares que ni soñabas, y también ser capaz de enfrentarse sola a los problemas que aparecen, como ese choque cultural con otros compañeros que a veces te crea muchas tensiones".

Todas coinciden en la inmensa suerte que han tenido de poder estar durante un año, o un simple cuatrimestre en una universidad en Alemania. A este grupo animado de estudiantes: Carla Herrero, Raquel Hierro, Eva, Bilgai, Estefanía, Claudia, Victoria, Lidia, Carla Jiménez y Raquel García les parece fascinante esta experiencia, "imagínate, aquí coges una guagua o un tren y te recorres lo que quieras. Desde donde nosotras nos quedamos en Hildesheim hemos recorrido una gran parte de Alemania". Y otros países, en grupo o en parejas, depende de las circunstancias de cada una, ya han visitado Bélgica, y la capital checa, la sorprendente Praga. Ninguna descarta que en las próximas semanas puedan dar otros saltos más largos y plantarse en Italia.

Los tópicos

Aunque ya se sabe que la fama de los estudiantes de Erasmus es que no paran de divertirse y de acudir a fiestas, que también lo hacen. En el caso de estas chicas de la ULPGC tampoco han descuidado sus clases. Eso sí, como en la Universidad de Hildesheim, los matriculados pueden elegir los horarios, el grupo decidió repartir las clases hasta el jueves, librando desde el viernes, y así pueden disfrutar de largos fines de semana en los que han podido recorrer de cabo a rabo toda Alemania, y más allá.

Pero no todo es tan maravillo, ya se sabe que en las aventuras siempre pueden ocurrir contratiempos. Uno de los mayores inconvenientes es el retraso en el ingreso de las becas, que afecta a estas alturas del curso a tres de las chicas. Raquel Hierro, Carla Jiménez y Carla Herrero siguen sin recibir el dinero previsto, en torno a unos 700 euros al mes, para costear el alojamiento, la comida y los traslados. Esto las obliga a pedir ayuda a los padres, y si no puede ser, porque ellos tampoco se encuentran en una buena situación económica, deben emplear todo lo que pudieron ahorrar durante los trabajos que hicieron en Gran Canaria a lo largo del verano. Desde recepcionista de hotel a empleadas en cadenas de comida rápida. Lo importante para ellas es luchar por hacer realidad este sueño.

Precisamente porque los billetes de regreso a la isla, en estas fechas de Navidad resultan tan caros, y porque en el caso de Carla Herrero sólo podrá disfrutar de un cuatrimestre de estancia en Alemania ha decidido quedarse. Lo mismo hará Estefanía Aguiar. Aunque no están preocupadas ni tristes, "porque vienen familiares de Gran Canaria a estar con nosotras, si no, es que aquí sola te hundes".

Otro de los factores con los que se han topado, casi como si se dieran de bruces contra un gran muro de hormigón ha sido el choque cultural: la diferencia entre la forma de ser de los isleños, más dados a charlar, a mostrarse cariñosos, que el de los chicos alemanes. Para Carla Herrero, una de las razones principales y que les impide hablar y entender mejor el idioma "es que no te hablan, ellos llegan y se encierran en sus habitaciones y se pasan el día allí metidos jugando con el ordenador". El problema para ellas es que si tienen dudas en torno a algunas frases o simplemente cómo funciona determinado electrodoméstico no pueden contar con sus compañeros, "es que a veces llegas a casa y están todos metidos en sus habitaciones, si quieres saber algo, te da reparo tocar en la puerta, por si molestas".

En este apartado, en el de la convivencia, la mayoría ha tenido muchas anécdotas que contar. Unas con altas dosis de tensión, que al final se han resuelto, después de tener que convocar reuniones en los pisos para tratar de buscar una salida a estas formas distintas de actuar, como le ocurrió a Raquel Hierro. En su caso, ella define a sus compañeros de piso como "altamente controladores, querían saber dónde iba, con quien, cuando regresaba. Y eso no era lo peor, tenía que poner mi ropa a lavar con la de ellas, y eso a mí no me parecía nada higiénico. También miraban dónde tiraba el papel del baño. Se lo conté a mi madre y no se lo podía creer".

Las estudiantes canarias de la beca Erasmus durante el tiempo en el que tengan que quedarse en el país de acogida pueden vivir en residencias o en apartamentos compartidos con otros alumnos. Ambas modalidades son determinadas por la Universidad de acogida. En el caso de estas chicas de la ULPGC sólo tres están en residencias, Carla Jiménez, Bilgai y Claudia, el resto comparte con otros chicos. Al principio todas pensaban que sería mejor la residencia, pero después descubrieron que también tiene sus inconvenientes. Sobre todo a la hora de salir de noche. Las residencias suelen estar en lugares más alejados, y eso imposibilita que se pueda regresar en transporte público. Como dice Carla Herrero, "al final tienes que quedarte en casa de alguna amiga, los pisos sí están por el centro de la ciudad".

Una vez superados estos escollos, las chicas no pierden los ánimos. En realidad se sienten satisfechas de haber sido capaces de solucionar solas los conflictos. Con edades entre los 20 y los 21, superar sin la ayuda "de mamá" estos inconvenientes les da la sensación de estar creciendo, "creo que nuestras familias también se sienten orgullosas de lo que estamos haciendo".

Bilgai, la única tinerfeña del grupo y tal vez la más viajera, lamenta sobre todas las cosas que en la esquina de alguna de estas ciudades alemanas que ha visitado no aparezca uno de los supermercados habituales de las islas. La comida, no sólo la que les suele preparar sus madres, sino todos aquellos productos que encuentran con facilidad en Canarias, "es que lo echas un montón de menos, y también a la gente, su amabilidad, como te tratan".

Añoranzas

Una vez más el grupo se muestra de acuerdo, una apunta aquel plato preferido que tanto añora, "como extraño las croquetas de mi madre". Otra se refiere a la forma en la que la gente de las Islas "te habla, con ese cariño, si no sabes dónde está un sitio, es que te llevan; aquí no pasa".

A pesar de esos tropiezos, estas estudiantes de Traducción e Interpretación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria reconocen que una vez que se termine su estancia como `chicas Erasmus´ van a sentir mucha pena por no poder alargar la duración de esta beca. La posibilidad maravillosa de perderse por sitios espectaculares, tan distintos, y de saber desenvolverse en situaciones complicadas será una de esas experiencias impagables que acompaña a estos intercambios entre universitarios.

Además de los amigos que se han sumado a este grupo, que siempre hay gente interesante, como una estudiante turca, Dogac y Marina de Jaén, que están tan integradas, que como apunta Carla Herrero "es muy difícil encontrar fotos en grupo sin ellas".

Con la experiencia que da estos meses de estancia en la Universidad de Hildesheim, en Baja Sajonia, las 10 estudiantes canarias recomiendan a todos aquellos alumnos que quieran disfrutar de unos días inolvidables que hagan todo lo posible por acceder a una de estas becas, "es una oportunidad única", apuntan casi en corro, "y si cómo nosotras tienes que aprender un idioma tan complicado como el alemán, por lo menos te vas haciendo al oído". Que no es poco.

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