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Los soles de Tejate

Fuerteventura cuenta con estructuras arquitectónicas hechas para ser vistas desde el cielo

Imágenes aéreas de los soles de Tejate, en Fuerteventura.

Imágenes aéreas de los soles de Tejate, en Fuerteventura. Carlos de Saá

Sólo desde el cielo puede verse estos dos soles de Tejate en Fuerteventura. Uno de ellos, el que mantiene mejor su estructura, tiene un diámetro de 37 metros, y 59 rayos. Unos metros más allá aparece otra figura más dañada que se asemeja a un segundo sol, del que también parten una serie de rayos hechos con muros de piedras. Desde el suelo cuesta imaginar la magnitud de la obra. Aparentemente se trata de un círculo grande hecho con montículos de pedruscos de gran tamaño, unos sobre otros. Después puede verse cómo desde esta circunferencia parten una serie de brazos, también fabricados con piedras de volcán: son los rayos de este sol inmenso que los aborígenes majoreros dibujaron en la tierra de una forma inexplicable. Y también por una razón que aún habrá que desvelar.

Los arqueólogos como Nona Perera, que ha desarrollado una intensa investigación sobre estas formaciones arqueológicas, consideran que se trata de un hallazgo único, en ninguna otra isla hay algo similar a estas construcciones. De hecho, fue Perera haciendo un estudio en el Malpaís de la Arena, uno de los espacios sagrados de los majos, la que se topó con esta construcción. Le resultó extraña la amplitud y la aparente complejidad de unas formas que a ras de suelo se puede comprobar que se comunican entre sí. Los rayos están conectados, unidos por otras piedras hincadas, como si el autor o autores de esta pieza gigante hubieran querido mantener esa vinculación entre el centro y sus extremidades.

Nona Perera contrató los servicios de un topógrafo y sólo así descubrieron que estas estructuras en medio del Malpaís de la Arena, cerca de Lajares, en realidad se correspondían con el diseño de dos soles gigantes que sólo adquirirían una visión global al mirarlos desde arriba, desde el cielo. Si se sabe más o menos desde el aire localizar este punto es fácil verlos desde la ventanilla de un avión que sobrevuele la isla.

Los materiales que componen la estructura son piedras de lava sin ningún tipo de tratamiento, aunque con formas regulares colocadas unas sobre otras formando muretes de ancho variable. El interior de los muros permanece relleno con pedruscos de menor tamaño, dispuestas sin orden aparente para desdibujar la presencia de las estructuras de los soles. Como si hubieran buscado camuflar la envergadura y el sentido de esta obra. Las piedras con las que se han realizado las construcciones resultan homogéneas, densas y de igual grosor.

El suelo del recinto circular central está totalmente desprovisto de piedras, como resultado de la retirada y limpieza del terreno. En realidad este espacio está cubierto de lava de excelente acabado liso y nivelado. Por el contrario, el hueco entre las paredes que configuran los rayos del sol, permanece totalmente cubierto de piedras sueltas. Da la impresión, por su disposición, que esto se realizó de manera intencionada para ocultar o despistar sobre la estructura real que se había querido construir.

Analizando la construcción del contorno de uno de los soles, el posicionado al poniente, está formado por una elipse que alcanza un diámetro de 37 metros y de la que parten 59 radios, realizados con muretes de piedra de largo y ancho variable, quedando libre la parte sureste del círculo en un arco de 13 metros aproximadamente. Una especie de rendija libre de piedras. La longitud de las paredes que forman los radios o rayos va desde los 7 a los 24 metros. Nona Perera destaca que en la mayoría de estos radios existe otro muro que los une con el siguiente. Como en un puzle en el que deben entrar todas las fichas.

Y conectado a este primer sol aparece otro, en peor estado. Sobre todo después de haber sufrido los embates de una pala mecánica. El propietario de estos terrenos, un pastor que mantiene en esta zona varios corrales pidió permiso al Ayuntamiento de La Oliva para proceder a la construcción de una gavia. En el 2011 se le concedió la autorización y se iniciaron las obras. Gracias a la denuncia de varios colectivos, entre ellos el grupo ecologista Agonane, se paralizaron los trabajos. Lo malo de esta actuación es que uno de los soles quedó dañado.

En el mes de diciembre de 2017 el juez encargado de este caso archivó la causa contra los técnicos de La Oliva que habían aprobado la licencia al entender que cuando se concedieron los permisos no había instrumentos normativos para concretar la localización exacta del yacimiento.

Los soles de Tejate aparecen en la Carta Arqueológica del Cabildo de Fuerteventura y mantienen un nivel de protección integral. Sin embargo, desde el departamento de Patrimonio del Cabildo se indica que sólo existe un sol no dos, de hecho se especifica que se trata del Sol de Tejate. Tal vez en esta disparidad de criterios con respecto a los trabajos de arqueólogos y de la Agrupación Astronómica de Fuerteventura se haya centrado la defensa de los técnicos que concedieron los permisos. Al entender que no existía constancia de este segundo sol.

Sin embargo, hace unas semanas, el juez responsable del caso de los Soles de Tejate lo ha vuelto a reabrir, al entender que se ha ocasionado un daño en el 70% de una de estas estructuras arquitectónicas, piezas únicas en el patrimonio de Fuerteventura.

Lugar sagrado

Destacando los estudios de Perera sobre este descubrimiento, la realidad es que aún queda mucho por analizar. Desde patrimonio del Cabildo de Fuerteventura también reconocen que es preciso llevar a cabo una investigación más profunda sobre estas estructuras. De momento, reconocen que no existe ninguna partida destinada a estos trabajos.

La investigación desarrollada por la doctora en Arqueología, Nona Perera, también incide en la localización de estas unidades. Se encuentran "en un espacio arqueológico significativo. Contiguo se ubica el asentamiento de Tejate y en el suroeste el de Tisajoyre, ambos situados en el límite del Malpaís de la Arena, donde se abren diversas cuevas naturales y se asientan estructuras ganaderas, grabados rupestres de tipología podomorfa, una mareta en el poblado de Tisajoyre, un lugar especialmente mágico para los aborígenes majoreros".

También resulta llamativo que desde el centro de las elipsis, lo que sería el círculo principal de cada uno de estos soles se puede ver Tindaya, la montaña blanca de los majos.

Muy próxima a estas dos construcciones de tipología solar existen otras que si bien no son similares, poseen ciertos rasgos comunes, sobre todo teniendo en cuenta cómo se fabricaron. Se trata de un número considerable de estructuras de piedra seca de planta circular, tramos de paredes, acumulaciones de piedras. Estas unidades son de dimensiones más reducidas, con variaciones tipológicas, pero también se constata que tienen dimensiones relevantes. El número de estas figuras y la singularidad de las estructuras solares llevan a conformar un conjunto altamente peculiar en la arqueología insular y del Archipiélago.

Enigmas

Una vez que se comprueba la existencia de estas estructuras, levantadas por los aborígenes aparece un gran número de interrogante aún sin desvelar. No sólo cómo se hicieron, si no, la pregunta más trascendental: con qué fin. Desde un punto de vista astronómico, tal como recoge Perera, "es difícil establecer direcciones privilegiadas, ya que existe un amplio campo visual. Lo más relevante, en estos momentos de la investigación, es que desde el centro se divisa la Montaña de Tindaya y La Muda".

Sin tratar de establecer ningún otro paralelismo, en el estudio de Perera se señalan determinadas similitudes tipológicas de estas dos estructuras con las denominadas ruedas medicinales, realizadas por las comunidades aborígenes de las llanuras y praderas del norte de Estados Unidos.

Se trata de estructuras de base circular de considerable tamaño fabricadas con montículos de piedras del que parten hileras que llegan hasta los bordes, a modo de radios de una rueda, que se les ha relacionado con fenómenos astronómicos y se les ha vinculado con una función sanadora, al existir la creencia que el poder espiritual, entendido como medicina permanece o vive en los animales, vegetales y en el suelo.

En el macizo Big Horn de Wyoming se encuentra una rueda de 30 metros de diámetro con veintiocho radios, para su fabricación se emplearon pequeños cantos rodados.

En el exterior de esta construcción circular existen seis amontonamientos de piedras que se han relacionado con los refugios de la danza del sol de los cheyenes, tratándose de una construcción arquitectónica de planta circular con un poste central y veintiocho vigas, destinadas a rituales sagrados relacionadas con el sol.

El Big Horn se ha interpretado a su vez como un enorme calendario de sucesos astronómicos. En esta figura destaca un montículo que se alinea con la salida del sol en el solsticio de verano. Otra interpretación que se ha facilitado sobre las ruedas es que podrían cumplir una función simbólica y que en realidad se trataría de representaciones visuales de los principios cíclicos que unen el universo.

De momento, y como única certidumbre se constata que los Soles de Tejate pudieron construirse con la idea que se vieran desde el cielo, ya que sus dimensiones no contribuyen a obtener una óptima visión desde un punto cercano. Sin embargo desde el aire se divisan perfectamente.

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