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Venecia la ciudad de los Dux

Una ciudad preciosa con una gran presión turística que empaña el placer de pasear entre sus canales y de la que Petrarca dejó escrito que tenía una sed insaciable de riqueza

Venecia la ciudad de los Dux

Venecia la ciudad de los Dux

Hemos llegado temprano al aeropuerto Marco Polo de Venecia. El nombre, Marco Polo, me parece adecuado, fue un gran viajero veneciano y un gran escritor?.algo mentiroso, según mantienen algunos. Ciertas ciudades que él cita no aparecen en los mapas. Dijo haber sido gobernador de algún sitio, en el que los datos históricos lo desmienten. En cualquier caso, parece que trajo a Italia la manera de fabricar pasta. Eso le debemos.

Tenemos que ir primero al crucero donde nos vamos a alojar un par de días antes de partir hacia Atenas. Entre una cosa y otra son casi las dos de la tarde cuando salimos a coger un barco, no un vaporetto de línea, para los cruceristas, que nos dejará en San Marcos.

La plaza está llenísima de gente. Es una constante en Venecia. El centro, desde San Marcos al puente Rialto, por ambas orillas del Gran Canal, hierve de turistas. Y es que merece la pena. San Marcos, la plaza es muy bonita, la catedral magnífica, el palacio de los Dux digno de verse, la Biblioteca impagable,?Pero yo todo eso ya lo he superado. Ahora, en estos dos días, voy a ver alguna de las cosas que se recomiendan y que por fas o por nefas nunca he visitado o quiero volver a ver.

Los caballos del frontispicio de la catedral los robaron de Constantinopla ya que con motivo de la cuarta cruzada asaltaron la ciudad (1204) y cogieron todo lo que pudieron. El cuerpo de San Marco se lo habían traído de Alejandría en el siglo IX envuelto entre carne salada de cerdo para que no lo investigasen los musulmanes que por entonces, y aún hoy, gobernaban la ciudad. Con esos principios cómo nos vamos a quejar si nos cobran de más en un restaurante? Ni siquiera podemos acudir al comisario Brunetti, que tan bien conoce Venecia, ya que no es más que un personaje creado por Donna Leon.

El GPS de mi móvil me dice que no estamos a más de ochocientos metros del Campo Giovanni e Paolo Santissimi. Entramos en la calle Canonica, a la izquierda de San Marcos, y seguimos, más o menos, hacia el norte sin perder las indicaciones de la pantalla que nos orienta en este dédalo de callejuelas, canales y puentes. A medida que nos alejamos del "salón descubierto más bello del mundo", Napoleón "dixit", las tiendas se van pareciendo a las de cualquier ciudad italiana y los turistas somos cada vez más escasos. Entramos en el Campo de Santi Giovanni e Paolo por la orilla de un canal que se llama Fondamenta Dandolo ( Enrico Dandolo fue el dux que robó los caballos a los que antes me referí, aunque ha habido otros varios dux con ese apellido), ya en el "sestiere" del Castello.

La plaza esta presidida por la estatua del Condottiere Colleoni, de Verocchio, que me gusta más que la que hizo Donatello para Gattamelata (sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo) situada junto a la basílica de San Antonio en Padua, aunque esta última tiene el mérito añadido de ser la primera fundición en bronce de un caballo en el Renacimiento, siguiendo el modelo de la de Marco Aurelio que se guarda en el Museo Capìtolino de Roma. Aquí podemos ver la magnífica fachada renacentista de la Scuola Grande di San Marco, actualmente un hospital. Junto a ella se encuentra Santi Giovanni e Paolo, iglesia de estilo go?tico, comenzada en el siglo XIV y en cuyo interior vamos a ver las tumbas de veintisiete de los Dux que tuvo Venecia, conocida en dialecto veneciano como San Zanipolo.

Esta basílica levantada por los dominicos es la iglesia más grande de Venecia. El lugar fue elegido por el dux Jacopo Tiepolo tras tener una visión que le dijo: "Este es el lugar elegido para mis predicadores" (por si alguien no lo recuerda los dominicos son la Orden de Predicadores).

En el interior de la basílica las tumbas que vemos, de los Dux y de otras personas célebres de Venecia, son comparables a las de los papas en San Pedro. Además hay esculturas y cuadros, entre otros, del Veronés. Nos lleva un buen rato verlo todo aunque no soy amigo de recrearme en esos cuadros de iglesia propios de los talleres de los pintores de fama que representan viejos en el desierto y atractivos jóvenes aseteados.

Cerca hay más iglesias interesantes que no voy a ir a ver: la chiesa di San Lazzaro dei Mendicanti, la de Santa Maria de Pianto, y la chiesa dei Ospedaletto, a la que sí me voy a acercar para ver la fachada disen?ada en 1575 por Andrea Palladio.

Venecia está llena de iglesias y casi todas merecen una visita pero hay que elegir las que, por alguna razón, nos puedan interesar. En esta tarde mi peregrinaje religioso va a terminar en la de Santa María de los Milagros muy cerca del Campo Zanipolo y cuyo nombre se debe a la siguiente historia: en el canal de la Giudecca apareció flotando un hombre, posiblemente ahogado, al que tras más de una hora lo sacaron del agua y que gracias a los rezos de su familia a la Virgen resucitó. Tras esto se levantó la iglesia que vamos a ver y desde entonces son muchos los milagros que se le adjudican a la imagen de la Virgen de los Miracoli que aquí se venera. Dicen, quizá por su tamaño y situación, que es la iglesia favorita de los venecianos para casarse.

El templo, de estilo renacentista, fue proyectado por Pietro Lombardo y construido al final del siglo XV con ma?rmoles blancos, rosas y gris serpentina. Consta de una nave, más bien pequeña, con una bo?veda de can?o?n ornamentada con artesonados que representan a los profetas, obras de Gerolamo Pennacchi y Vincenzo dalle Destre, y un altar, al que se llega por una escalera, adornado con estatuas de Lombardo, Vittoria y Nicolo? di Pietro, todos ellos artistas venecianos del periodo pero sin mucha presencia en los libros de Arte. Preside, como es de esperar, la imagen de la Virgen y el Nino, obra también de Nicolo? di Pietro. En la iglesia se paga para entrar, como en casi todas, y no se pueden hacer fotos en el interior, como en muchas.

Bajamos siguiendo un canal hacia el puente Rialto que no está lejos. Nos volvemos a encontrar con el bullicio de nuestros compañeros turistas, dos o tres mil nos acompañarán en el crucero, todos mirando qué comprar o dónde cenar porque casi es de noche. Si no me gustan los cuadros de 'taller' menos aún las figuras multicolores de cristal de Murano que llenan el noventa por ciento de los escaparates de la zona. Ahora los importan de China, es más barato que traerlos de la isla vecina. Se ha hecho de noche y estamos cansados del trajín del viaje. Volvemos hasta San Marcos en un vaporetto, siete cincuenta euros por trayecto y persona, y de allí hasta nuestro barco donde aún encontramos algún comedor abierto.

En nuestro último día en Venecia vamos a revisitar tres edificios de la orilla derecha del Gran Canal. Salimos, no hay otra combinación posible, de San Marcos, cruzamos por el puente de la Academia y entramos en esa pinacoteca fundada hace casi trescientos años (1750) y que actualmente conserva una de las mayores colecciones de arte italiano pero sobre todo autores venecianos ya que aquí son muy localistas: Tiepolo, Canaletto, Tintoretto, Tiziano o Paolo Veronese entre otros. Enormes cuadros nos saludan pero, casi sin mirarlos, buscamos La Tempestad, de Giorgone, un lienzo pequeño pero que desde que se pintó (1507), o casi, ha levantado curiosidad por lo que el pintor quiso representa: "El pequeño paisaje con la tormenta, la gitana y el soldado". Plinio nos cuenta que Apeles "también pintó en el templo de Diana de Éfeso, a Alejandro Magno con un relámpago en la mano, que parece que se le puede tocar con los dedos y que el rayo sale de la tabla, y le pagaron 20 talentos de oro". Y es que pintar un relámpago en una noche oscura no es fácil. Cuando lo vi por primera vez en España estaba de actualidad este cuadro porque José Manuel Prada lo había elegido para portada de su libro del mismos nombre (1997).

El cuadro ha traído de cabeza a los intérpretes de la pintura. ¿Será una escena campestre cualquiera, es decir, lo que parece? ¿O es una figuración del momento en que van a dejar en las aguas a Moises? ¿O Paris huyendo de Troya? ? Lo cierto es que es uno de los primero paisajes de la pintura occidental y que tiene un hálito de misterio que le hace ocupar un lugar destacado en la Historia del Arte. Vemos algunos cuadros de otros autores como Canaletto, el creador de las vedutas o vistas urbanas de Venecia y sus canales, y alguno del Veronese.

Seguimos por la orilla sur del Gran Canal hacia la basílica barroca de Santa María della Salute, casi enfrente del terminal de ferris de San Marcos, construida en 1630 para agradecerle a la Virgen el fin de una epidemia. El proyecto es de Baltasar Longhena un discípulo de Palladio que contribuyó a la imagen de Venecia que después pintaría Canaletto. El edificio, su mejor obra, tiene planta octogonal con un cuerpo central rodeado de seis capillas, dos cúpulas y dos torres. El exterior, con notable presencia, y la arquitectura del interior es lo que quería ver. Hay cuadros religiosos como en todas las iglesias venecianas que representan a San Sebastián, qué tendrá este joven que no falta en ninguna, san Cosme y san Damián y unas Bodas de Caná de Tintoretto.

Volvemos sobre nuestros pasos porque nuestro tercer y último objetivo del día, el museo Peggy Guggenheim, está hacia la Academia. Pero antes buscamos donde comer y aunque la zona no es del top 10 turístico hay algunos restaurantes de entre los que elegimos uno que ofrece menú del día en dilecto veneciano. ¡Para localistas, nosotros!

Con las necesidades básicas cubiertas entramos en el museo creado en 1980 en el Palacio Venier dei Leoni, un edificio de un solo piso con un jardín que da al Gran Canal. Su creadora, Peggy Guggenheim, era la mecenas de artistas como Jackson Pollock con el que intercambió algo más que obras de arte si es que alguien puede entender que eso es lo que hizo el autor americano. Hay unos doscientos lienzos y esculturas con obras de Pablo Picasso, Malevich, Miro?, Chirico, Mondrian, Magritte, Kandisky o el susodicho Jackson Pollock. En el jardín están las tumbas de perros de Peggy que como pequeños dux tienen derecho a un catafalco cerca del Gran Canal.

Es casi todo lo que podemos hacer en esta visita precipitada a Venecia. Petrarca dijo de ella que "tiene (tenía) una sed insaciable de riqueza", que han sabido invertir en arte y cultura. Nos queda aún navegar con el crucero frente a San Marcos, por el canal de la Giudecca, una de las entradas o salidas de puerto alguno más apetecibles. Una ciudad preciosa con una gran presión turística que empaña un poco, bastante, el placer de pasear entre sus canales.

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