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Una profesión a jornada completa

Las horas de grabación y las de estudio obligan a muchos concursantes a dejar sus empleos para tratar de llevarse un bote millonario

de RTVE, en 1991.

de RTVE, en 1991.

"Papá, mamá, de mayor quiero ser concursante de televisión". No queda mucho para que algún hijo sorprenda a sus padres con una frase similar. Ser concursante de la tele se ha convertido en algo parecido a una profesión. Horas de estudio y días enteros de grabación pasan a ser la rutina de aquellos que deciden luchar por llevarse algunos de los botes millonarios que ofrecen actualmente los concursos televisivos. Algunos tienen incluso que abandonar sus trabajos para poder conseguirlo.

Eduardo Benito, José Pinto, Rubén Calvo, David Leo García, Paz Herrera, Javi Miralles, Manuel Zapata y Montse Cano son algunos de los nombres que los seguidores de estos concursos conocen muy bien. Muchos de ellos han ganado cantidades mareantes de dinero; otros, como el ovetense Fran González, han estado muchas veces cerca de conseguir el ansiado premio.

"Los primeros programas te pones muy nervioso y sientes mucho la presión", explica el concursante de Pasapalabra. "Hay veces que no sabes las respuestas que te quedan, pero lo más duro es cuando las sabes y no te queda tiempo", añade. En parte, el éxito de audiencia de estos programas radica en que el espectador acaba cogiendo cariño al concursante. Algunos aparecen en pantalla durante meses y la expectación por ver si finalmente se lleva el premio aumenta con cada programa. El espectador sufre con ellos y se alegra con sus éxitos, casi tanto como Hacienda.

Saber y ganar (La 2), Pasapalabra (Telecinco) y ¡Boom! (Antena 3) son seguramente los tres concursos que más atraen en estos momentos a la élite de los concursantes. En el caso de Saber y ganar, el programa celebró en 2017 sus veinte años en antena y, pese a ser uno de los más difíciles y de los que menos dinero reparte en premios, es el preferido por muchos de ellos. "Creo que el programa sigue funcionando porque se prima el saber sobre el ganar, el premio no es lo importante", cuenta el periodista Pachi Poncela, que participó en el concurso en 1998. "Fui de carambola, me había presentado a un programa que al final cancelaron y la productora me llamó para invitarme. La experiencia me sirvió para darme cuenta de que controlar los nervios y saber estar ante las cámaras eran tan importantes o más que los conocimientos", explica. Con los años, el concurso presentado por Jordi Hurtado se ha convertido en una cantera de concursantes televisivos. Es el caso de Los Lobos. Tras conocerse en el programa de la segunda cadena de TVE decidieron unirse para probar suerte en ¡Boom! El equipo, formado por Manuel Zapata, José Pinto, Valentín Ferrero y Erundino Alonso, lleva más de 240 programas y ya ha acumulado más de 1.200.000 euros sin haber ganado el bote final, que ya sobrepasa los 2.600.000 euros.

Compatibilizar el concurso con sus vidas es uno de los principales quebraderos de cabeza de los concursantes. "Yo tengo la suerte de que trabajo en la empresa que tengo con mi padre y eso me permite cuadrar las fechas", explica Fran González. Estos concursos graban varios programas al día, dos o tres días a la semana. Saber y ganar graba cinco, Boom cuatro y Pasapalabra tres. "Normalmente grabamos dos por la mañana y uno por la tarde. Entre programas, tenemos 15 minutos para descansar y cambiarnos la parte de arriba. Hay días enteros que no grabamos y no vamos todas las semanas, nos van avisando", explica González.

En otros formatos como Ahora caigo (Antena 3) se graban cuatro programas al día, uno más que en La ruleta de la suerte (Antena 3). Este ritmo de trabajo, con sus correspondientes viajes a Madrid o Barcelona, supone un verdadero reto en la vida laboral y familiar de cualquiera, por mucho que los gastos corran a cargo de las productoras. En muchos casos, el concursante se ve forzado a elegir entre seguir participando en el programa o volver al trabajo. Las Extremis, un equipo de ¡Boom! formado por Gloria Camacho, Montse Cano, Cristina Morales y Amparo Bermejo, decidieron abandonar tras 119 programas al no poder seguir compatibilizándolo con sus empleos. Al menos, lo hicieron con más de 600.000 euros bajo el brazo. "Conozco a muchos que han hecho de su participación en los concursos su modo de vida, algo que respeto, pero que le quita un poco la magia al juego", asegura Poncela.

Uno de los casos que más impactaron a la audiencia fue el de Valentín Ferrero, de Los Lobos. Doctor universitario, no dudó en contarle al presentador, Juanra Bonet, que había dejado su trabajo para dedicarse por completo a su faceta de concursante. Profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de Altea, explicó que cobraba 250 euros al mes y por eso no le había costado tomar la decisión. "Me gastaba más dinero en gasolina para ir a clase", aseguró Ferrero en uno de los programas. El malagueño David Leo dejó todo por Pasapalabra y Paz Herrera, arquitecta en paro en el momento en el que concursaba, explica que hubiera sido muy difícil concursar en otras circunstancias. Al tiempo de grabación hay que sumar también las horas de estudio. "Cuando estoy grabando puedo estar hasta dos horas buscando palabras o leyendo el Diccionario", afirma González.

El objetivo principal de estos programas sigue siendo ganar el dinero del bote. Más allá del reto personal que supone probarse a uno mismo ante millones de espectadores, la elevada cuantía de los premios es lo que está haciendo que muchos se lo tomen como un trabajo a tiempo completo. Las cifras no han dejado de crecer desde los primeros concursos hasta hoy. En 1991, Joaquín Prat entregó en El precio justo un escaparate valorado en 40.000.000 de pesetas, una cantidad que no fue superada hasta casi una década después. En 2000, el ingeniero barcelonés Eduardo Chicote ganó 50 millones de pesetas (300.000 euros) en el programa ¿Quiere ser millonario?, presentado por Carlos Sobera en Telecinco. Un verdadero hito en su momento.

En 2006, Pasapalabra, emitido en aquella época en Antena 3 y presentado por Jaime Cantizano, fulminó todos los récords después de que Eduardo Benito Sayago consiguiese resolver el rosco y se hiciese con un bote de 2.190.000 euros. Tras este salto cualitativo llegaron premios como el de Juan Pedro Gómez, de más de 1,6 millones de euros en 2013, o el de David Leo, de más de 1,8 millones de euros en 2016, con el programa ya en Telecinco. Hubo que esperar entonces a que ¡Boom! reclamase su trono como el programa que más dinero ha repartido en España. En junio de 2016, Los Rockcampers, el equipo formado por Rubén Calvo, Javi Miralles, Alfredo Mayo y Héctor Miguel, se hicieron con el mayor premio de la historia de nuestro país al llevarse más de 2,3 millones de euros. Ahora, Los Lobos podrían supera la hazaña, con un bote de más de 3,5 millones de euros.

Pese al baile de cifras, en Hacienda llevan buena cuenta de lo afortunados que son todos estos concursantes. Después de la euforia, hay que hacer frente a la dura realidad: el Fisco español se lleva más o menos la mitad de todos esos premios en impuestos. Algo parecido a lo que ocurre en el resto del mundo. Pese a que EE UU ha sido el país más exportador de este tipo de concursos, con formatos universales como El precio justo o ¿Quiere ser millonario?, el premio más cuantioso lo ganó Arno Woesthoff en los Países Bajos en 2001. El hombre consiguió casi 5 millones de euros en el programa Miljoenenjacht, una versión del ¡Allá tú! (el juego de las cajas) que en España presentó Jesús Vázquez en Telecinco. Por detrás, están los estadounidenses Brad Rutter y Ken Jennings, que consiguieron más de 3 millones de euros en el veterano programa Jeopardy. Un concurso en el que los participantes ofrecen preguntas para las respuestas y no al revés. El programa, que lleva más de 50 años en antena en EE UU, tuvo una versión española presentada por Carlos Sobera en 2007 que fue cancelada enseguida. En Alemania, el concursante Nino Haase consiguió 3 millones de euros tras vencer en el programa Schlag den Raab a una serie de desafíos físicos, culturales y de habilidad. El cuarto premio más cuantioso en la historia de este tipo de concursos. Una cantidad para pensárselo.

El cambio que más se ha notado en la televisión, sobre todo en los últimos años, es el del perfil del concursante. De aquellas parejas que sufrían ante Mayra Gómez Kent y su "hasta aquí puedo leer" se ha pasado al perfil de concursante de Sofía Suescun, que tras ganar Gran Hermano 16 en 2015 acaba de ganar Supervivientes, sumando más de 600.000 euros en tres años. De los 70 a los 90, la gente se hacía famosa con el solo hecho de aparecer en pantalla y aquello pasaba a ser anecdótico a las pocas semanas. Seguían con sus vidas. Antes de la llegada de las privadas, las audiencias de TVE eran millonarias de verdad. 1, 2, 3 responda otra vez o El precio justo se convirtieron en algo más que un programa de televisión y todavía hoy forman parte de la cultura popular. Los concursos se multiplicaron con la llegada de las cadenas privadas. La ruleta de la fortuna, Cifras y letras, El gran Juego de la Oca, Alta tensión, El juego del Euromillón y El Gran Prix eran una parte fundamental en la parrillas de la época. Aparecieron concursos de humor como Genio y figura y No te rías que es peor y programas como ¿Qué apostamos? y Lluvia de estrellas, etiquetados hoy como talents shows.

En 2001, los realities llegaron a nuestras vidas para quedarse. Gran Hermano y Operación Triunfo reventaron las audiencias como hacía décadas que no se veía. De hecho, algunas emisiones siguen entre lo más visto de nuestro país. Llegó con ellos una nueva oleada de concursantes que inundaron la tele. El triunfo del gaditano Ismael Beiro en la primera edición de GH y la victoria de Rosa López en Operación Triunfo forman parte ya de la historia de la televisión. Su éxito estaba basado en su naturalidad. Todo aquello era nuevo para el espectador y también para el concursante, que se entregaba a ciegas al experimento. Tras algunas pruebas fallidas como El bus o Confianza ciega, los realities y talents se multiplicaron por diez. Masterchef, La voz, Supervivientes, Got Talent, Factor X... la lista es interminable y muchos tienen varias versiones cada año. La gente ahora decora su casa, prepara la cena y liga en la televisión. Lo más importante para muchos es tener quince minutos de fama. En eso se está convirtiendo la televisión.

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