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Entrevista |Juan Carlos Laviana

"El capital de un buen periódico es su cabecera y debe preservarla a muerte"

"Trump parece espontáneo y eso le hace peligrosísimo porque, por primera vez, no se habla de un presidente manejado por alguien", reconoce el periodista

El periodista Juan Carlos Laviana (El Entrego, 1958) ha vuelto en una breve pero intensa visita a los escenarios gijoneses que engrasan su nostalgia. Pero no hablaremos de su memoria sino de la actualidad. Candente y trascendental. Antes, una foto fija de su estado actual: "Salí de El Mundo hace dos años tras pasar 27 allí. Desde su fundación. Me he convertido en free lance, colaboro con diversos medios, y, desde hace unos meses, dirijo Nueva Revista, cabecera histórica de 28 años que tenía un fuerte cariz político y a la que hemos dado un giro a contenidos de carácter humanista. Queremos llegar sobre todo a los profesores universitarios".

El máster de Cristina Ci- fuentes...

Todo el mundo lo veía venir, ya se sabía que la Universidad está muy politizada, pero es muy fácil decirlo ahora. Lo difícil era ver hasta qué nivel de chapuza funcionan internamente algunas universidades públicas y cómo se ha consentido. España necesita hacerse más civil, no tan dependiente de los partidos. Siempre acabamos así, cuando hay un problema nos encontramos con que hay un partido detrás.

Y el vídeo del robo de cremas.

Los medios de comunicación han hecho circular ese vídeo miles de veces. No es bueno para nosotros como sociedad. Cifuentes tenía que dimitir, sí, pero hay que reflexionar cómo se ha instrumentalizado a los medios políticamente, cómo alguien ha guardado ese vídeo para darlo en un momento crucial.

Las filtraciones de datos de la red social Facebook.

Cuando un senador preguntó a Zuckerberg si estaba dispuesto a que se hicieran públicos sus mensajes, respondió que no. Con eso está todo dicho. Si él no está dispuesto, ¿por qué se queda con la información de las personas? Apareció con cara de cordero degollado y pidiendo perdón, como un chico inocente, pero no podemos dejar una red social de 1.200 millones de personas en manos de un chaval o de un empresario privado y de una empresa que no tiene otra fuente de ingresos que vender datos a los anunciantes. Si influye en las elecciones, ¿cómo sabemos que no está influyendo en lo que bebamos, comamos o pensemos sobre las vacunas o en temas de educación? Los datos no sólo se usan para ganar elecciones. Nunca en la historia tan pocas empresas manejaron tanto poder en el mundo. Antes nos quejábamos de las multinacionales del petróleo, y es una broma con las de ahora. Coca-Cola o McDonalds se han quedado en empresas decimonónicas. Es aterrador.

El movimiento #MeToo.

Hay una parte de histerismo y de caza de brujas en Hollywood, de ver fantasmas donde no los hay. Y hay una parte real, la industria necesitaba lavar la ropa sucia desde hace años. No en el caso de Woody Allen, con quien se ha cometido una injusticia tremenda y se le ha cogido de chivo expiatorio. Los casos de Weinstein o Kevin Spacey son más complicados. ¿Qué han hecho todo este tiempo los demás actores y productores sabiendo qué ocurría? ¿Cómo dejaron que un señor poderoso cometiera abusos? El movimiento ha traído algo positivo: por fin el problema es visible y somos sensibles a que hay una discriminación.

La Manada.

El problema está más en la legislación. Los jueces aplican la ley vigente y no es lo bastante contundente con los abusos sexuales ni suficientemente explícita y clara con lo que considera violación. Eso lleva a confusión y sentencias que pueden ser o parecer injustas. Ha habido sentencias light en casos muy graves y nadie se ha enterado. No sé si se merecen 9 años o 29, no soy nadie para condenarlos, me parece personalmente que es poco, pero los jueces con la ley en la mano no podían hacer otra cosa.

¿Libertad de expresión en peligro?

¿Un rapero a prisión? Nunca. El problema no es tanto de los jueces, aunque tienen un pequeño margen sobre las leyes, como del marco legal. Hacer una broma con la monarquía no se puede considerar un delito, debería estar tipificado más claramente. Por manifestar una opinión no se debe mandar a la cárcel a nadie en ningún caso. Son casos aislados que tienen una repercusión tremenda. Si te fijas, tienen lugar siempre en las redes sociales. El cambio es que el altavoz está más alto y se oye desde más sitios.

El periodismo actual.

Muchas veces no me reconozco en él, cuando veo periódicos haciendo determinadas cosas por conseguir audiencia que no se hubieran hecho nunca en el tiempo que yo conocí. No acabamos de distinguir entre información y entretenimiento. Es absurdo considerar como medio de comunicación la opinión de una persona. Los influencers son la exaltación del individualismo. Si cada uno se convierte en un medio de comunicación no nos vamos a entender.

Periodismo ciudadano.

Siempre hubo. Los que vivimos las redacciones de antes conocimos salas de espera para lectores que venían a denunciar problemas diversos. Ahora con un email ya está. Había mucha información del ciudadano, las grandes historias se sacaban porque los ciudadanos denunciaban. Que cada uno grabe con el móvil y lo difunda en las redes no es periodismo, es otra cosa.

Ordenar la actualidad.

El periodismo requiere mucho criterio, elaboración, jerarquizar, estructurar la actualidad, ordenarla. No se puede elevar una anécdota a categoría de información. No es casualidad que los periódicos tengan una portada y estén divididos por secciones, que los temas más importantes vayan por arriba. Eso responde a un criterio intelectual que consiste en el trabajo de periodista, lo mismo que decide lo que se pone en el primer párrafo. Se consigue después de mucho entrenamiento y estudio, parece muy fácil, pero requiere mucha experiencia. Saber poner las cosas en contexto no es lo mismo que soltar un dato en las redes sociales y a ver qué pasa, si se incendian o no, que decir que, cuidado, este dato que se considera muy importante en realidad ha ocurrido todos los días desde hace 30 años. Además, hay que escribir bien en un idioma que sea legible, y no con memes. Igual se puede contar con emojis una historia, pero lo dudo.

¿La vida se ha vuelto impúdica?

Hemos cambiado el sentido de intimidad, siempre hubo exhibicionismo, como cuando enseñabas la casa, ese salón que nunca se tocaba, pero ahora subes a la red la foto del plato que has comido o de tus vacaciones. Antes no había un instrumento para hacerlo público. Es una pérdida de pudor peligrosa, pero allá cada cual.

El rifirrafe de Sofía y Letizia.

La relevancia que tiene que la Reina tenga ese gesto lo convierte en una información de interés, otra cosa es el regodeo y el abuso y los memes. Ese enfado entre ellas es relevante para los ciudadanos, pero está tan mezclada la información con el entretenimiento que llega la confusión. Antes veías el cine cómico con golpes y tartazos, y ahora se divierte la gente con los tropiezos que se suben a la red. No es información, no es periodismo, es otra cosa. La responsabilidad del periodista es separarse drásticamente de ese mundo y que no nos confundan.

Carles Puigdemont.

Un tema serio acaba convirtiéndose en una frivolidad. Hablamos del expresidente de una comunidad. Todas las bromas sobre la huida son el equivalente a las bromas sobre la peluca de Santiago Carrillo en la Transición, aparecía una foto pequeña en los periódicos o se comentaba en los cafés, nada más. Lo que no se puede tomar a broma es la estabilidad de España como nación y la unidad. No tengo claro cómo resolverlo. Estamos en un punto donde después de tantos años profundizando en la zanja es complicado rellenarla. Se necesita un esfuerzo para observarlo con visión de pájaro, salirnos del problema y tener más calma.

¿Qué futuro tiene la prensa de papel?

Debe buscar enfoques diferentes y opiniones distintas, ofrecer información que no se parezca a la competencia. No se puede hacer periodismo redundante del tran tran, de la nota de prensa, en el que la agenda la llevan desde otro sitio. Se han convertido periódicos y lectores en una especie de matrimonio añoso, sin sorpresas en la pareja. Pero hay futuro para el papel. Hubo un momento en el que todo el sistema editorial estuvo a punto de irse al traste, y eso ha revertido.

¿En qué lo nota?

Se distingue un determinado tipo de lectores para el libro electrónico y otro para el papel. No sé si se habrá tantos lectores de papel como en otras épocas, pero habrá. El periodista ha cometido un error garrafal: nos acostumbramos al periodismo declarativo. Durante muchos años hemos visto información política que consiste en don fulano de tal, dos puntos, comillas. Meras declaraciones, sin interpretación ni análisis. Se ha dejado de salir a la calle a investigar historias. Cuando lo hagas encontrarás temas diferente y aportarás algo diferente. Si vas a una rueda de prensa, todos los periódicos se parecerán a la mañana siguiente.

¿Qué soluciones se le ocurren?

No hay fórmula mágica. No perder los nervios ni venderse al clic, al divertimento digital, y admitir bajo la cabecera determinados contenidos. El periodismo de papel debe preservar a muerte su capital, la cabecera. Cuando uno lee algo bajo una cabecera eso debe pesar y debe ofrecer calidad, calidad y calidad, y dar lo que no da nadie. Siempre habrá gente que lea prensa independiente y que la necesite para informarse.

¿Qué le parece la crítica especializada?

Una figura que lleva muchos años desprestigiada, se le ve como un cascarrabias al que no le gusta nada. Una mitificación negativa. En mi vida necesito la guía en muchos asuntos, opiniones que no sean la mía, que me guíen para tomar una decisión, si voy a ver una película, leer un libro o ir a un restaurante. Antes o después volverá a tener ese papel que ahora se le ha dado al ciudadano. Me niego a que seamos nosotros, los usuarios, los críticos al mismo tiempo.

El big data.

No porque sepas más de tus clientes les vas a atender mejor. Las personas no son robots, cambian. El big data es la estadística de toda la vida. Qué peligro: vas a un café en el que siempre pides un cruasán, un día te apetecen churros, y te dicen que no, para usted no tenemos porque están contados. Eligen ellos por mí. Eso, aplicado a las noticias, significa que si me dejo me hacen un menú de noticias que supuestamente me interesan. La máquina se equivoca.

Donald Trump.

Ni un guionista hubiera hecho un personaje así de bufón. Parece espontáneo, y eso le hace peligrosísimo. Es la primera vez que no se habla de un presidente manejado por alguien, lo cual debería ser una gran ventaja, pero tiene un inconveniente brutal: es imprevisible. Es flor de una legislatura. Los americanos no se perdonan haber votado como votaron.

Censura en los estudios universitarios.

En Estados Unidos forma parte de la vida cotidiana, con casos extremos donde se han planteado no explicar la pasión de Cristo porque es demasiado ofensiva, o se prohíbe el documental clásico Nanuk, el esquimal porque hay una matanza real de focas. La censura procede de los mismos alumnos, y eso es terrorífico. El 68 al revés: profesores escandalizados por los ataques de los estudiantes.

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