Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

"España ha llegado a una integración bastante alta de renovables"

Licenciada en Ingeniería Química por la Universidad de Manchester, es la ganadora del premio Fundación Banco Sabadell a la investigación económica por sus trabajos sobre el cambio climático. Ha indagado en cómo las políticas públicas influyen en la lucha por meter tijera a los gases contaminantes que se vierten a la atmósfera. Anadón es catedrática en Política de Cambio Climático en la Universidad de Cambridge, localidad en la que vive. Proviene de una familia de investigadores, lo que ha facilitado su trabajo universitario.

¿En qué consiste su investigación?

Investigo políticas de energía, innovación y cambio climático desde un punto de vista económico y tecnológico. He estudiado el impacto que distintos tipos de políticas públicas a nivel nacional han tenido o podrían tener para ayudar a resolver los retos de los sistemas energéticos. He cuantificado el papel que nuevas y mejoradas tecnologías energéticas podrían tener en reducir las emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al cambio climático y los costes del sector energético, teniendo en cuenta la gran incertidumbre del futuro de dichas tecnologías. He profundizado en el estudio de políticas y tecnologías en EE UU y en China, responsables de la mayor cantidad de emisiones que contribuyen al cambio climático.

¿Y a qué conclusiones ha llegado?

Aunque históricamente los gobiernos en varios países han jugado un papel importante fomentando la innovación tecnológica en tecnologías en el sector energético, en EE UU estaría justificado, desde un punto de vista de la sociedad, invertir todavía más en investigación y desarrollo en el sector energético y aumentar el porcentaje de su inversión en tecnologías de almacenamiento de energía. En su reciente Estrategia industrial, el Gobierno del Reino Unido ha identificado el almacenamiento de energía como un área importante para el país y está poniendo instituciones y recursos para explorarla. Incluir expertos técnicos en decisiones finales sobre la financiación de proyectos en investigación y desarrollo es beneficioso para la transferencia de tecnología y el emprendimiento. Los incentivos creados en China para promover la manufactura local de turbinas y la generación de electricidad eólica han resultado bajas comparadas con las de EE UU. Tiene instaladas aproximadamente el doble que EE UU y produce más o menos la misma cantidad de electricidad.

¿Por qué es eso?

Otros trabajos habían achacado cualitativamente esta diferencia a que algunos parques eólicos no están conectados a las líneas de transmisión. Nosotros vimos otros factores muy importantes (dónde se estaban construyendo los parques, con qué turbinas) que no cambian durante la vida del parque eólico. Proponemos políticas para aumentar la productividad que podrían ser importantes para que la tercera ola de la energía eólica en países fuera de la OCDE y de China sea más eficiente.

¿Qué más concluyen?

Que cuando se quieren hacer análisis de costes y beneficios en políticas públicas en los que hay incertidumbre sobre parámetros técnicos es muy importante de dónde salen estos parámetros y cómo se incluyen. En muchos análisis de los costes de políticas en energía y cambio climático se está recurriendo a expertos para estimar estos costes y parámetros. En nuestra investigación hemos visto que el sector (industria, Universidad, Gobierno) y el país del que provienen los expertos que estiman incertidumbres y la forma en la que se les pregunta tienen un impacto significativo en el nivel de incertidumbre y de optimismo de la estimación. Muchas veces se menosprecian las incertidumbres, lo que puede llevar a diseñar políticas de energía e innovación menos robustas. Una quinta conclusión que está empezando a emerger a través de la confluencia de varios estudios -y que me parece interesante para España- podría ser que, por lo menos en EE UU, hay evidencia de que las empresas pequeñas en energía se están beneficiando de fondos de investigación públicos. Fondos relativamente pequeños de I+D y colaboraciones con laboratorios nacionales y entidades públicas están dando más patentes y mejores resultados para las compañías pequeñas en el área de la energía.

¿Cómo valora los planes de los gobiernos para luchar contra el cambio climático?

Me parece que aquí no ha habido suficiente apoyo gubernamental a la investigación y desarrollo en el área de energía ni a nivel general. En los últimos quince años los gobiernos de EE UU, el Reino Unido -y más recientemente China- han dedicado más recursos a esta área y creado nuevas instituciones para hacer o financiar la I+D en el sector energético con el objetivo de crear un ecosistema para la innovación competitivo. En otros sitios se da por sentado que un ecosistema dinámico necesita distintos tipos de actividades de investigación y distintos actores. En España hay una oportunidad para aprender de los experimentos institucionales de otros países y adoptar políticas desde un punto de vista experimental evaluando cómo funcionan en el contexto español.

¿Cómo se está adaptando a estos nuevos aires el sector energético?

En España hemos llegado a una integración bastante alta de renovables. Un informe reciente de la Red Eléctrica de España indica que en 2017 un 33% de la electricidad se generó a partir de renovables (hidráulica, eólica, solar fotovoltaica, solar térmica, residuos renovables y otras). En parte ha sido posible gracias a la gran cantidad de almacenamiento de energía en centrales hidráulicas, al Centro de Control de Energías Renovables (Cecre), que maneja la integración, a incentivos muy generosos y a la legislación a nivel europeo. Se ha progresado menos en la competitividad industrial en esas áreas, con alguna excepción. Por su tamaño y su entramado industrial no sería razonable esperar que España fuera referencia internacional en todas o casi todas las áreas, pero podríamos hacerlo mejor. Se podría haber incentivado la difusión y el aprendizaje sobre las tecnologías renovables con políticas más flexibles que controlasen más los costes, que al final acaban pagando los consumidores.

¿Tiene aún hueco el carbón en el sistema de generación eléctrica?

A largo plazo hay que reducir la generación de electricidad con carbón. En EE UU se ha reducido porque el gas natural es más barato. Aunque globalmente se ha progresado mucho reduciendo los costes de algunas tecnologías que serán muy importantes para la descarbonización (notablemente, los costes de la solar fotovoltaica, las eólicas en tierra, las eólicas marinas y el almacenamiento de energía en baterías de ion de litio) y aunque en términos de capacidad instalada en los últimos años la mayor inversión ha sido en renovables y no en generación eléctrica a partir de combustibles fósiles, la ­fracción de la electricidad global que provenía del carbón en 1997 y en 2017 son similares: el 38%. Así que, en muchos sitios, tiene sentido invertir más en la investigación, desarrollo y demostración de tecnologías en el área de la captura y secuestro del CO2.

¿Cómo valora el salto del Gobierno de España hacia una rápida descarbonización?

No lo conozco en detalle. Recalco que más esfuerzo público probando y evaluando en un contexto español nuevos modelos de políticas públicas e instituciones en el área de la energía podría ser beneficioso para el medio ambiente y la competitividad. También ayudaría a reducir el coste asociado con llegar a objetivos a largo plazo.

¿Qué puede hacer las comunidades productoras de carbón para no salir dañada de esta descarbonización?

Daré un par de ideas bastante generales. Primero, invertir en nuevas ideas y en productos diferenciados en los que la región podría competir a medio plazo.

¿Y segundo?

Promover formación y reentrenamiento en áreas que van a crecer en el futuro. Esto es importante para que la región no se quede atrás por la transición energética y para mitigar los posibles costes de la simultánea revolución de la digitalización y la inteligencia artificial. Hay algo común en las recomendaciones de la gente que estamos estudiando la transición energética y gente que está estudiando la revolución de la digitalización y la inteligencia artificial.

¿Qué es?

La incertidumbre sobre qué tecnologías ganarán y cuántos trabajos en sectores más antiguos se perderán, pero hay consenso sobre el papel que la formación y la investigación tendrán para incrementar la posibilidad de que, en algunas áreas, los nuevos trabajos y oportunidades no se vayan. Independientemente de quien tenga razón, los tecno-pesimistas, que piensan que estas tecnologías resultarán en una pérdida neta de trabajos globalmente, o los tecno-optimistas, que estiman que las revoluciones tecnológicas resultarán en un cambio de áreas, si no se prepara a la gente y al ecosistema de innovación, regiones y grupos particulares acabarán sufriendo las consecuencias.

¿Cómo proteger a las industrias electrointensivas de estos cambios y de que les suba la factura de la luz?

Con inversiones en innovación y en formación a largo plazo. En algunos círculos se habla de introducir impuestos en los bordes para importaciones que vengan de sitios con regulaciones más laxas. Esto no lo he estudiado, pero puedo mencionar un trabajo de Joe Aldy, quien concluyó que, aunque en teoría introducir un ajuste en las fronteras para productos que vengan de sitios con regulaciones menos estrictas podría proteger a productores locales, en la práctica habría muchos problemas de dificultad administrativa, de problemas para cumplir con acuerdos internacionales de comercio, y los riesgos que estos impuestos en las fronteras supondrían para la futura cooperación en políticas de cambio climático.

¿Qué hacen Estados Unidos y China para luchar co ntra el cambio climático?

Durante la Presidencia de Barack Obama se reguló para aumentar la eficiencia de los vehículos y la financiación para la investigación y desarrollo en la energía. Se crearon nuevas instituciones para fomentar esta investigación y desarrollo (los Energy Innovation Hubs, ARPA-E, los EFRC, etcétera), y se aprobó una normativa para reducir gradualmente las emisiones de CO2 del sector eléctrico. Obama fue un impulsor internacionalmente del Acuerdo de París y del compromiso de veinte países, entre los cuales no estaba España, de doblar las inversiones públicas en I+D en energía de 2015 a 2022.

Ya, pero el nuevo presidente...

Trump se comprometió a sacar a EE UU del Acuerdo de París -lo que no podrá hacer oficialmente hasta noviembre de 2020-, pero eso no quiere decir que todo lo que se estaba haciendo en el país para reducir emisiones se vaya al traste. El Congreso y el Senado no accedieron a las propuestas del presidente Trump de recortar significativamente la inversión en nuevas tecnologías bajas en CO2. Durante los últimos años el Gobierno de EE UU ha facilitado datos para que investigadores independientes evalúen el impacto de algunas de estas iniciativas. Es muy posible que el creciente apoyo de políticos demócratas y republicanos se deba a que durante los últimos diez años tenemos más datos sobre la contribución de estas inversiones a la competitividad.

¿Y en China?

Se han creado nuevos laboratorios nacionales, se han destinado fondos al sector y se ha fomentado la experimentación y el aprendizaje en la política con unos programas piloto de mercados de CO2. También se están enfocando mucho en coordinar en algunas áreas las políticas de I+D con las industriales y de medio ambiente, particularmente en el sector de vehículos.

¿Y Europa?

Es difícil responder a nivel europeo, ya que distintos países han avanzado más o menos en distintas áreas. En el Reino Unido, por ejemplo, se ha hecho mucho en el área de la energía eólica marina, en Alemania se apoyó mucho a la solar, en España se ha avanzado mucho en la integración, y Francia ha tenido históricamente emisiones de CO2 muy bajas en el sector eléctrico por la nuclear. Internacionalmente, la UE ha jugado el papel de liderazgo en la lucha contra el cambio climático. Aun así, el precio del CO2 en la UE es demasiado bajo, no refleja las estimaciones del coste social. Se estima poner un "suelo" al precio de CO2 que podría ayudar a reducir la incertidumbre en el sector privado. Hay muchísima competencia a nivel mundial para copar el mercado en tecnologías que podrían jugar un papel importante en la transición energética, particularmente de China, así que es importante mantener e incrementar el esfuerzo y también formar masa crítica en Europa, ya que individualmente es más difícil competir con países mas grandes.

¿La industria 4.0 puede ayudar a luchar contra el cambio climático?

Sí, a la descarbonización con la re­ducción en el coste de sensores, facilitando la integración de tecnologías limpias, y en muchos casos la eficiencia energética. Puede ayudar a reducir los costes asociados con extraer y utilizar energías fósiles. La revolución de la inteligencia artificial y la digitalización no está limitada a impactar a sectores bajos en emisiones.

¿Ha tenido que irse a triunfar fuera?

Me fui de España en septiembre de 1999 para estudiar Ingeniería Química entre la Universidad de Manchester (Reino Unido) y Stuttgart (Alemania). No tuvo que ver con la fuga de científicos, sino por mi estudio de inglés y alemán. Pensaba volver a España al acabar la carrera, luego al acabar el doctorado, pero me fueron surgiendo oportunidades de investigación y de tener impacto muy buenas. El máster en Políticas Públicas (M. P. P.) que hice en Harvard después del doctorado fue muy importante en mi trayectoria, me llevó de la ingeniería química al estudio económico de políticas públicas de energía, innovación y cambio climático tratando a las distintas tecnologías de la forma más rigurosa posible. De muy joven en Estados Unidos, y ahora menos joven en Reino Unido, veía que mi opinión no sólo se valoraba, sino que se buscaba desde otros países, no desde España. Es mi observación particular.

En su familia hay un buen número de profesores e investigadores. ¿Cómo ha influido en usted su entorno familiar?

He tenido muchísima suerte creciendo en una familia en la que se valoraban la curiosidad y el estudio. De excursión o de viaje mis padres nos hablaban de fábricas, infraestructuras, animales o plantas que veíamos. Siempre tuve mucho interés en entender el impacto de las actividades humanas en el medio ambiente. Mis cuatro hermanos y yo preguntábamos mucho. Las comidas familiares con una conversación animada sobre algunas novedades científicas eran frecuentes. Mis padres nos animaron a apuntarnos a idiomas, deportes, viajes...

Compartir el artículo

stats