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El lugar sagrado de los Aramansos

Al sur de Janubio en Lanzarote se hallan Los Charcones, una serie de piscinas naturales que los aborígenes conocían como los Aramansos

Los Charcones, en Lanzarote.

Los Charcones, en Lanzarote. PEPA GONZÁLEZ DÍAZ

Hace años llegar a Los Charcones en la costa de Yaiza resultaba una gran aventura, y en ocasiones esta expedición a lo desconocido terminaba en fracaso. Esta sucesión de pequeños y grandes lagos que salpican la costa al sur de Janubio representaba la ocasión única de poder estar en un espacio escondido. Entonces disfrutar de estas aguas mansas y de color turquesa sólo estaba al alcance de unos pocos privilegiados.

El tiempo y su fama han convertido a Los Charcones en un destino al descubierto. Desde hace algún tiempo son muchos los vecinos, los visitantes habituales y también los extranjeros que han dado con la senda adecuada que lleva a estos charcos.

Para muchos esta elevada exposición puede repercutir negativamente en su elevada fragilidad, sobre todo si se tiene en cuenta que estos lagos, a los que se accede por un camino de tierra, no disponen de ningún servicio. Los asiduos tendrían que cuidar de alguna forma que este recoveco espectacular perdurara en el tiempo sin sufrir los embates de tanta afluencia.

El historiador Agustín Pallarés cuenta que en época aborigen y con posterioridad este lugar recibía el nombre de Aramansos, después como señala Pallarés, "ya sabes que aquí la gente ve unos charcos grandes, y empieza a llamarlos charcones. Con lo bonito que era su nombre".

Agustín Pallarés también señala que los antiguos pobladores de la isla acudían en busca de pescado. Para ello utilizaban la técnica que se conoce como embroscado, y que consistía en echar en el agua leche de tabaiba amarga o de higuerilla que adormece a los peces, después les resultaba fácil llevarse toda esa pesca.

Además, estas charcas naturales en las que el agua del mar baña con asiduidad servían de refugio a pescados grandes como sargos, o viejas. Lo que representaba una buena fuente de alimentación para los mahos.

En realidad acudir a Los Aramansos era sinónimo de pesca segura. De hecho este lugar era para ellos como un espacio sagrado, de ahí ese nombre.

Los aborígenes canarios mantenían con el mar una relación singular. No se sabe que hayan utilizado barcos o algún tipo de arte de pesca como cañas, pero sí eran grandes recolectores de marisco y tenían sus técnicas de captura como la de embroscar.

También cuenta Pallarés que otra de las fórmulas consistía en dejar que la mar llenara los charcos y después poner una especie de muro que impidiera la salida de los peces.

Con el tiempo, este lugar, al que acudían los antiguos pobladores en busca de alimentos, ha pasado a transformarse en un espacio para el baño. También advierten los vecinos de esta parte de la costa que aquí la mar es muy peligrosa y que en ocasiones algunos atrevidos se acercan demasiado a las rocas, alejándose de los charcos, con el consiguiente peligro de que una ola se los lleve. De hecho, por la parte alta de esta zona aparecen varias cruces en recuerdo de las personas que han perdido la vida al caer al mar.

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