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El camposanto de San José se salta el 'brexit'

El Ayuntamiento capitalino puso la necrópolis a nombre de súbditos ingleses para evitar que el Reino Unido apareciera como propietario del cementerio

El camposanto de San José se salta el 'brexit'

En el cementerio de San Blas, en la villa de Mazo, sí existe un trozo de tierra, exactamente el suelo en el que reposan los restos del soldado escocés Lee, que apareció muerto en la costa palmera durante la Segunda Guerra Mundial, que fue adquirido por el módico precio de 100 pesetas por el Gobierno de su Graciosa Majestad. Los militares británicos tenían que recibir sepultura en territorio inglés, de ahí la petición de comprar ese espacio.

Así consta en el acuerdo plenario que especifica que ese rectángulo, en medio del camposanto de Mazo, pertenece a Gran Bretaña. Este hecho real provocó entre historiadores de la villa, como María Victoria Hernández, que se preguntaran si en la Palma, una vez que se consumara el brexit, iban a tener un mini Gibraltar, o más sencillamente si esos "dos metros de largo por 0,70 metros de ancho", que recoge el acta estarían fuera de la Unión Europea.

A diferencia de lo que ocurrió con la tumba del soldado Lee, en el caso del cementerio inglés de San José, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tuvo especial cuidado en evitar que el Gobierno británico apareciera como titular de esta necrópolis. Y así en las actas de 1883 se dispuso de forma minuciosa que el camposanto pertenecía a Thomas Miller y Swanston y otros súbditos ingleses.

Sin embargo, las autoridades inglesas sí trataron de hacer efectivo el desembolso que se realizó para su construcción y que salieron de las arcas gubernamentales. Un hecho que ilustra esta pretensión se produjo en 1874. El vicecónsul Robert Houghton se negó a que fuese enterrada en el cementerio una súbdita norteamericana que había fallecido en Tenerife. Entonces advirtió que sólo los ingleses podían ser enterrados allí; la decisión sentó mal en la colonia británica y probablemente originó una queja del cónsul de los Estados Unidos a los superiores del vicecónsul británico. La consecuencia es que éste se sintió en la necesidad de dimitir de su puesto después de treinta y siete años ocupando tal función, según publica el historiador Díaz-Saavedra.

Como advierte el historiador Alexis Brito, en realidad lo que subyacía bajo toda esta polémica era la cuestión de a quien pertenecía el cementerio. El vicecónsul señaló en su defensa que su respuesta oficial se basaba "en la suposición de que al haber sido costeado el cementerio en cuestión a partes iguales entre los residentes británicos y los fondos públicos del Estado, el derecho a recibir sepultura era exclusivo de los súbditos británicos de cualquier credo".

A pesar de la percepción del vicecónsul y que ya había sido expresada en otras ocasiones, lo que sí estaba claro para las autoridades locales fue que el cementerio era de propiedad privada.

En la obra de Brito González se advierte que "en las sucesivas ampliaciones que se producen entre esta década y comienzos del siglo XX, las compras de terreno las realizará Diego Miller y Vasconcellos a título particular y seguramente como representante del resto de la colonia y no como agente del Gobierno británico".

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