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El Sáhara desde Canarias (VI)

La fiebre del oro llega a Dajla

Las autoridades de Marruecos frenan las extracciones de los mineros aventurados a buscar el dorado metal

El equipo de Addelahe Berray.

Dajla (antigua Villa Cisneros), que tiene el 'apellido' de Río de Oro, denominación original del territorio que le dieron los portugueses en 1442 porque habrían obtenido un poco de oro en polvo a cambio de sus mercancías, ha sufrido una fiebre por la búsqueda de este metal noble y precioso. Las autoridades de Marruecos han tenido que parar el descontrol que suponían docenas de mineros aventurados escarbando el desierto con desigual suerte. Ellos siguen el rastro de la misma veta que oro que explota la multinacional canadiense Kinross en Mauritania.

En la bahía de Rio de Oro vive Addelahe Berray (1950), un antiguo soldado de la Tropas Nómadas españolas de la tribu Ulad Delim, y cuyo padre fue un conocido cazador de gacelas para el consumo del ejército español. Berray ha vivido los últimos años entre Dajla y Mauritania, reinventándose a cada momento para poder vivir. Su penúltima aventura fue formar un equipo con sus dos hijos y cinco saharauis 'morenos' y un mauritano, para embarcarse en la búsqueda de oro. Durante un año invirtió sus pequeños ahorros en equipos, maquinaria, gasolina y comida para sólo conseguir cincuenta gramos. Y para empeorar la falta de acierto en la búsqueda de pepitas de oro, hace seis meses llegó la prohibición gubernamental de seguir realizando esta actividad. Así terminó el sueño de él y de otros muchos que quisieron hacerse ricos gracias la fortuna del desierto.

El lugar al que se dirigen todos los mineros es Tichla, un antiguo puesto militar que ha sido borrado del mapa. Allí, con una jaima, Berray montó su base de operaciones. El acuerdo de reparto del oro que podía encontrar era el siguiente: 50% para él, 30% para su hijo mayor y el resto a partes iguales. "Fui de los primeros en ir a la zona. Pero no tenía dinero para comprar aparatos y eso me limitó mucho. Creo que estaba en el buen camino, pero?" Berray justifica su empeño por la buena suerte de otros equipos del Aaiún y Smara que, según él, han encontrado kilos de oro.

La primera zona, Tichla Imathane, está a 385 kilómetros de Dajla y a noventa kilómetros de Auserd. La segunda es Hajra Aleya de Tichla, que está a ochenta kilómetros de la zona principal, en Imablane. La tercera zona es Dorhm Hajra, a 160 kilómetros al Sur de Dajla, la cuarta Imaiya, al 220 kilómetros al Este de Dajla y la quinta Gleib Our Jlord, a catorce kilómetros al Norte de la zona cuatro.

Tichla es una pequeña ciudad y comuna rural (7.000 habitantes) en la Prefectura de Auserd en la región de Dakhla-Oued Ed-Dahab de Marruecos. Había un cuartel español, a unos 160 kilómetros de Auserd y a treinta de la frontera con Mauritania. Su guarnición la constituía una Sección de fusiles del Tercio y un Pelotón de Policía Indígena dependiente de la Compañía Montada. Tichla era un cauce seco que daba nombre al fuerte. Se construyó junto a un pozo, única ubicación posible para subsistir. Hoy la ocupan militares de Marruecos para controlar el sexto muro, y que ahora también ponen freno a la fiebre del oro. Parece que en este sueño por el dorado los que tuvieron más fortuna fueron los vendedores de maquinaria y de aparatos para detectar metales.

El Beikat Homand (1971) es un buscador de oro de origen mauritano que lleva dos años en el negocio. Desafía la prohibición y continua con su equipo de buscadores. Al principio de la entrevista no quiere dar su nombre ni dejarse fotografiar, pero según va hablando se anima y dice que no le importa darlo y aparecer en imagen. Incluso me promete que me enviará fotografías de la nueva maquinaria que compró, lo que cumple a cabo de unos días.

Lamento, por mi respeto inicial al anonimato, no haberle hecho una fotografía con todo su equipo, porque parecía sacado del lejano oeste: un grupo de mauritanos de origen senegalés, vestidos con piezas de tela de diferentes colores, preparados para soportar las inclemencias del desierto y con una voluntad de auténticos topos. En los laterales del todoterreno colgaba garrafas de aguas, protegidas del sol y de los golpes. El vehículo parecía más bien de la película Mad Max, que se refiere a un futuro apocalíptico, marcado por la escasez de agua y el caos social, en el que las facciones dominan las carreteras.

Beikat asegura que en la zona principal antes de la prohibición había ochocientas personas y entre setenta y ochenta coches. Ahora quedan los clandestinos, que no sólo se arriesgan a ser multados, sino a que le disparen los militares. Hay saharauis, gente del norte y mauritanos.

La inversión que realizó fue la siguiente: 9.000 euros en el todoterreno, 3.500 en dos máquinas y 10.000 euros en una machacadora de piedra. El aparato para localizar metales le costó 3.000 euros y es uno de los últimos modelos. Se utiliza en los trabajos preliminares para decidir qué zona escavar. La piedra se almacena en sacos y luego se procesa para decantar las pepitas de oro. El reparto de los beneficios para su equipo de siete personas es en tres partes. Una para el que lleva el aparato rastreador y para el promotor (70%) y el resto a repartir entre el equipo.

¿Y cómo le ha ido en estos dos años?

"La primera vez gané dinero, pero la segunda perdí por la prohibición y por la alta inversión que hice. Me pararon en las primeras semanas".

¿Cuánto kilogramos ha conseguido?

"En cada ocasión entre 200 gramos y 250 gramos libres, además de lo que se llevan los trabajadores".

¿Se puede vivir del oro?

"No sólo se puede vivir, sino que se puede llegar a ser rico como Donald Trump.

Hay gente que ha hecho mucho dinero, que se ha hecho rica. Un amigo me acaba de decir que en un solo saco de piedra encontró 132 gramos. En otras ocasiones lograr dos gramos un saco. Eso es así.

Es cierto que muchos que invierten y no consiguen nada, por eso hay que conocer el terreno. Si hay piedras rojas y blancas es muy posible que haya oro. Si se encuentran un gramo ya podemos deducir que no puede estar solo, que tiene que haber más porque el oro no cae del cielo".

Beikat asegura que hay oro desde Rio de Oro a Smara, al norte, y que los buscadores siguen la veta que explota Kinross en Mauritania. Por cierto, que en el país vecino la fiebre del oro no ha parado porque las autoridades mauritanos no han prohibido su explotación.

La mina de oro Tasiast está bajo en control de Kinross Gold Corporation a través de su filial Tasiast Mauritanie Limited SA desde 2010. Está ubicada en medio de grandes áreas desérticas, a 300 millas al noreste de Nouakchott en la región de Inchiri. Las reservas probadas y probables de oro de Tasiast se estiman en 7.861 millones y en unas 220 toneladas. Más de 2.200 personas trabajan permanentemente en Tasiast y el 93% de los trabajadores son mauritanos, según información de Kinross, que estima cuadruplicar la producción actual.

En un estudio promovido por Marruecos sobre los posibles yacimientos de oro en torno a la provincia de Auserd, la empresa canadiense Metalex-Onhym determinó, después de recoger 696 muestras en el área de licencia de 11.293 kilómetros, que había un alto índice de oro, por encima de otros metales como cobre, niquiel, cobalto, uranio y plomo.

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