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¿Más real que la realidad?

Los videojuegos y el detallismo elevado al máximo

¿Más real que la realidad?

Mucho antes de Red Dead Redemption 2, en 1975 apareció Gun Fight, el primer western de los videojuegos. En una época en la que la televisión a color estaba lejos de implantarse en todos los hogares, el juego de Tomohiro Nishikado trató de recrear el Salvaje Oeste con la rudimentaria tecnología de la época. Apenas eran dos monigotes de color blanco pegándose tiros en una pantalla de color negro, pero el autor japonés logró convencer al público de que aquello podía ser Texas a través de los detalles. Decidió diseñar a los dos personajes con sombrero y con botas con espuelas. Espolvoreó un par de cactus y de vallas en lo que pretendía ser un rancho. Como parapeto, colocó entre medias una diligencia en movimiento. Fue simple, pero aquella fue la primera vez que los videojuegos le recortaron distancias a la realidad.

Muchas décadas después, Red Dead Redemption 2 presume de acercarse a la realidad, incluyendo decenas de pormenores. Por ejemplo, la iluminación está pensada de tal manera, que cuando los rayos de sol inciden sobre las orejas de los personajes, estas se enrojecen para reflejar el tejido cartilaginoso del órgano. Comparar el juego de Rockstar con Gun Fight es como comparar un ebook con la escritura cuneiforme. Entre ambas hay un proceso evolutivo casi inabarcable, pero el objetivo es el mismo: tratar de recrear una realidad con la mayor exactitud posible.

Acercarse a la realidad es una meta volante en la industria del ocio interactivo. En los noventa, el primer Metal Gear Solid para Play Station se vendió como la experiencia de espionaje definitiva. En la misma consola, el primer Gran Turismo como se ofertó era como si al coger el mando estuvieras pilotando un bólido. Una década después,en 2008, en la carátula trasera del cuarto Call of Duty, un juego de guerra para la anterior generación de consolas, se describía así mismo como el juego más fotorrealista de la historia.

A menudo, los videojuegos se venden como la quinta esencia del realismo. Como si una vez que lo jugaras, fueras a mirar fuera de la pantalla y la realidad se viera borrosa en comparación con su reconstrucción digital. El afán por la exactitud es un viejo anhelo, pero también es una estrategia de marketing, un truco, un cabriola, sombras en la pared. Es como enamorarse. Al principio todo es bonito, pero resulta que esa persona también ronca por las noches y deja mal olor en el baño después de utilizarlo. Con los juegos pasa igual. Por muy realista que te vendan un Call of Duty siempre habrá enemigos que fallen disparos absurdos.

RDR 2 es un paso más en esa ansia, pero a diferencia de las anteriores propuestas, el juego de Rockstar no solo apuesta por un hipertrofiado músculo gráfico, sino por un afán barroco de incluir una serie de curiosidades llamativas, pensadas para que el que compra el juego se sienta en una película de vaqueros. Es lógico preguntarse dónde está el límite y si algún día los videojuegos serán tan reales como la vida misma.

En 1999, la película Matrix se cuestionaba qué era lo real. Es una pregunta que la filosofía lleva rumiando desde hace siglos. En los videojuegos, el camino para acercarse a lo real todavía no está definido. La realidad virtual parece el caballo de batalla ganador, aunque por ahora no pasa de ser un potro. En Play Station, existen unas gafas al módico precio de 300 euros. Es la opción más barata y requiere una televisión que permita ejecutar esta tecnología, por lo que la inversión todavía es mayor. Además, a parte de Resident Evil 7, apenas hay juegos que merezcan la pena. Mientras tanto, en ordenadores hay periféricos con mucha más capacidad, aunque su precio está muy lejos del bolsillo medio. No obstante, tienen más posibilidades de asentarse que la tecnología de las 3D, una fiebre revolucionaria de hace un lustro, pero ya enterrada e irónicamente obsoleta.

Así las cosas, que Red Dead Redemption 2 sea el juego más real hasta la fecha no deja de tener un halo de romanticismo. Al final, incluir toda esa salvaje cantidad de detalles no deja de ser muy diferente de hacer un reportaje, escribir un libro o grabar una película. Ahora parece una cota insuperable, y ciertamente, pasarán años hasta que se supere. Pero podemos tener la certeza de que se hará. Cuenta una conocida personalidad del mundillo de los videojuegos, que hace unos cuantos años, probando un juego de fútbol, un familiar le preguntó qué partido echaban por la tele. Desde que eso ha pasado, que los videojuegos fotocopien la realidad es más una cuestión de tiempo que otra cosa.

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