El pasado 28 de septiembre se cumplían 10 años del referéndum que aprobó la nueva Constitución ecuatoriana, que reconocía por primera vez los derechos inherentes y la legitimación de la Naturaleza en su sistema jurídico. Supuso una innovación esperanzadora ya que fue la primera y, a pesar de que sus preceptos se siguen ignorando en el propio país que los legisló, desde entonces al menos siete naciones incluyen a la Naturaleza como sujeto de derecho en sus legislaciones, al igual que lo hace la Carta de la Tierra de las Naciones Unidas, de ahí su gran importancia.

Con tal motivo, la Alianza Global por los Derechos de la Naturaleza (GARN), con la colaboración de otras organizaciones y entidades, universidades y sus propios miembros, organizó el Simposio Internacional por los Derechos de la Naturaleza, el 28 y su víspera, el 27 de septiembre, en la Universidad Andina Simón Bolívar, en Quito. Las Mujeres Amazónicas, unas 20, estaban invitadas y esperaban a algunas, como Patricia Gualinga, que iba a ser ponente en uno de los paneles organizados, o Zoila Castillo, vicepresidenta del Parlamento Indígena Amazónico, con la que contaba la organización para la ceremonia de apertura. Las acompañamos.

Rectores, doctores y doctoras, el vice canciller ecuatoriano, Andrés Terán; su ministro de Ambiente, Humberto Cholango, académicos y académicas, juristas, profesores y profesoras universitarios y líderes y lideresas de pueblos originarios e indígenas de diferentes regiones del mundo, activistas, economistas, funcionarios gubernamentales, artistas, autores y ecólogos de 17 diferentes países... Representantes de tan variada procedencia figuraban entre los ponentes y participaron, sumando las dos jornadas, unas 600 personas de 73 países. Entre ellos, Ecuador, Colombia, Bolivia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Francia (Nueva Caledonia), India, Reino Unido, Sudáfrica, Nigeria, México, Brasil o Australia.

Pueblo Otomí de México

Allí estaba el coordinador de Consejo Regional Otomí-Hñahñu y cuidador de la filosofía y las tradiciones del Pueblo Otomí de México, Mindahi Bastida, o la lideresa del Pueblo Arahuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, y doctora en Derecho por la Universidad del Rosario y docente de la misma, Ati Quigua. También se veía la inmensa figura de Casey Camp-Horinek, de la Nación Ponka de Oklahoma (Estados Unidos) activista, actriz, baterista y dirigente de su pueblo, que jugó un papel primordial en la redacción y adopción del Primer Tratado Internacional de Mujeres Indígenas, o al sanador y líder tradicional akameno (autoridad) de la Nación Sápara de la Amazonia de Ecuador, en peligro de desaparecer, Manari Ushigua. Las avispas lucían sus plumas, pinturas e indumentarias tradicionales, como en cualquier acto de su agenda oficial.

"Los objetivos políticos, económicos y sociales de los seres humanos deben subordinarse a los ciclos de vida y leyes que surgen de los sistemas naturales. Reiteramos que el cambio de paradigma en el modelo actual es una prioridad urgente" dice la declaración final del Simposio elaborada a partir de los temas tratados, "una declaración de principios". Denuncia también que "la forma antropocéntrica de entender a la Naturaleza nos ha llevado a una crisis ecológica sin precedentes en la historia de la Tierra, que está devastando la vida en el planeta y que se manifiesta en el deterioro de los ecosistemas originales, en el cambio climático, con extinciones masivas de especies de animales y plantas, en la contaminación de las fuentes de agua y los océanos, la disrupción del ciclo natural del agua, en la desigualdad social, la hambruna, la inseguridad de la soberanía alimentaria y en otra crisis energética".

Dignidad de los pueblos

También consideran que los Derechos Humanos "deben estar en armonía con los Derechos de la Naturaleza, y viceversa; la plena vigencia de los mismos sólo se garantizará con el ejercicio efectivo de los demás, y viceversa. La promoción y protección de los Derechos de la Naturaleza promoverá la dignidad de las personas y los pueblos y la armonía del ser humano con la Madre Tierra". Y resuelven declarar el periodo comprendido entre 2018 y 2028 Década de los Derechos de la Naturaleza, dado que se trata de un momento "crucial en la historia en el que la humanidad se enfrenta a decisiones clave para garantizar su supervivencia, rectificando y derogando ciertas decisiones políticas y prácticas económicas que en los últimos siglos han provocado un deterioro en la calidad ambiental y la integridad territorial de la Madre Tierra", por lo que piden su aceptación y promoción por los Estados y, especialmente, por Naciones Unidas. Pero, ¿seremos capaces de llevar a cabo el cambio?, ¿de entender la vida y aplicar la ley desde una perspectiva menos antropocéntrica y más ecocéntrica?...Nos va la vida en ello.