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¿Es usted descendiente del Guanarteme?

Escultura de Fernando Guanarteme delante de la Heredad de Aguas, en Gáldar.

Escultura de Fernando Guanarteme delante de la Heredad de Aguas, en Gáldar. LP/DLP

La genealogía tradicional se encarga de buscar en archivos, parroquias y registros los nombres y fechas de nuestros antepasados tratando, algunas veces, de mejorar el pedigree del demandante. Tener un bisabuelo noble parece que nos ennoblece a nosotros también. Tener uno 'proletario' es condición indispensable para militar en según que partido político.

En los últimos años esta actividad ha tenido un democrático florecimiento y ahora son muchos los que pueden citar por su nombre y profesión a todos sus ta-ta-tatarabuelos. De entre nuestros conocidos, más de los que razonablemente se espera, muchos se han encontrado en esta investigación que son descendientes del último rey de los aborígenes de Gran Canaria Artemi Semidán, convertido al cristianismo como Fernando Guanarteme (hacia 1447-1496). ¿Es eso posible para tanta gente, que ni siquiera son parientes entre ellos, o responderá al deseo de ennoblecerse? Veamos si las matemáticas nos pueden iluminar.

Antes un par de cosas. La primera es definir lo que entendemos como "antepasado común más reciente". En el Génesis queda claro que Adán y Eva son ancestros de toda la humanidad pero que más recientes, solo por unos pocos miles de años, también lo son Noé y su esposa (a la que el libro del Pentateuco no cita por su nombre porque es patriarcal y machista). Y para los que no son creacionistas sino evolucionistas añadiremos que también Darwin creía en un antepasado común para cada especie, aunque hoy eso no está tan claro.

En todo caso, los genetistas con su nueva y maravillosa herramienta que es el estudio del ADN nos dicen que efectivamente hay una 'Eva primordial' de hace, quizá, 200.000 años y un 'Adán primordial', de los cuales descendemos todos. Pero hay que añadir que no fueron nunca pareja ya que el adán vivió lejos y mucho después que la mujer a la que todos tenemos por ta-ta- tatarabuela. Sin embargo, ¿existe algún Noé? Es decir, ¿habrá un antepasado común más reciente que esta pareja virtual?

La matemática viene en nuestro auxilio con un trabajo de hace unos años del profesor de Yale Joseph Chang (" Recent common ancestors of all present-day individuals". Se puede encontrar en la dirección web: stat.yale,edu), de complicada lectura para los no matemáticos, en el que estudia la probabilidad de que exista dicha pareja. Y también se interesa por saber si podemos encontrar una generación completa cuyos individuos sean todos antepasados de los que ahora vivimos. Y los resultados son sorprendentes.

Podemos ver, tal como lo explica Richard Dawkins en El cuento del antepasado, un libro interesante para quienes gusten de la Biología, que aplicando el trabajo de Chang, que exige muchas condiciones restrictivas que luego citaremos, para una población de N personas el número de generaciones que hay que ascender para encontrar al antepasado común más reciente es el logaritmo en base dos de ese número N. Y que bastará multiplicar por 1,77 para encontrar la generación en la que todos sus componentes son ascendientes de la población actual.

Supongamos que hace quinientos setenta y tantos años, cuando nació Artemi Semidán, la población grancanaria fuera de unas treinta mil personas (la cosa cambia poco si la tasamos en cuarenta o cincuenta mil). Pues bien, si esa población hubiera permanecido aislada, lo que no es cierto evidentemente, si fuera constante en número, falso también, si se hubieran apareado de forma aleatoria, improbable, entonces habría una alta probabilidad de que existiese un antepasado común hace quince generaciones ( 2 elevado a 15 son 34.768 que supera los treinta mil de la hipótesis). Que a veinte años por generación (estamos hablando de aborígenes no de personas que tienen que buscar trabajo y comprarse un piso para empezar a pensar en tener un hijo lo que elevaría el número de años por lo menos a cuarenta) nos dan solamente trescientos años. Y, como dijimos, si multiplicamos por 1,77, tendríamos que los que vivieron hace quinientos veinticinco años, o más, en ese grupo de población son todos antepasados comunes de toda la población actual de origen grancanario siempre, claro está, que hubiesen tenido descendencia que llegara hasta ahora.

Es verdad que nos hemos saltado muchas condiciones necesarias para aplicar correctamente el descubrimiento de Chang, pero aunque se cumplieran todas estaríamos hablando solamente de una alta probabilidad nunca de la seguridad absoluta. Es la 'cuasi-certeza' que se puede tener a partir de leyes de probabilidad. De manera que si usted es de una familia grancanaria de pura cepa es probable que pueda ser descendiente de Artemi Semidán por vía de alguna de sus dos hijas, Margarita y Catalina, o de algún otro hijo no documentado que es probable que tuviera (y de todos sus contemporáneos de la isla).

Para garantizarlo habría primero que localizar sus huesos (¿dónde c? están?) y hacerles un análisis de ADN. Svante Pääbo en su libro, altamente recomendable, El hombre de Neardental nos explica como lo hizo él y su equipo a hombres de hace sesenta o setenta mil años. Y luego compararlos con los del presunto descendiente, porque ni siquiera los documentos bastarían, ya que son muchos los secretos de familia que no tienen trasunto en el registro civil.

Y qué pasa si no es usted, su familia, de Gran Canaria. Si es de la India puede ser descendiente de Buda (siglo VI a.C.), tuvo al menos un hijo; si es de China puede serlo de Confucio (misma fecha aproximadamente), aunque de éste no sabemos si tuvo hijos y eso lo hace más improbable; si es norteafricano podemos adjudicarle a Ramsés II (sobre el 1.200 a.C.) del que se cuenta que tuvo más de ochenta hijos; o si es europeo occidental entonces puede tener el honor de descender (¿descender es un honor?) de Carlomagno, al que se le conocen dieciocho hijos, como nos cuenta Adam Rutherford en su libro Historia de todos los que han vivido.

En conclusión, todos estamos más relacionados de lo que creemos y, seamos quienes seamos, entre nuestros antepasados hay gente ilustre y seguro que también algún individuo poco recomendable. Por último, una recomendación: si le gusta el tema lea el libro de Karin Bojs Mi gran familia europea, interesante y bien relatado por esta excelente divulgadora y periodista sueca.

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