Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La blanca Dajla, entre el turismo y la pesca

Camello en la carretera que recorre la costa del desierto del Sáhara.

Camello en la carretera que recorre la costa del desierto del Sáhara. FERNANDO GARCÍA GONZÁLEZ

Dajla, la blanca ciudad de Villa Cisneros, tenía el camino marcado hacia la industria pesquera desde su nacimiento con los españoles, ya que para eso abrieron allí una factoría en 1884. Hoy la bendición de la pesca abundante sigue siendo la espina dorsal de su economía, pero ha entrado con fuerza el turismo náutico deportivo, con el windsurf y el kitesurf.

Los visitantes han descubierto un nuevo paraíso frente a Canarias y no parece ser un problema la escasez de conexiones directas desde Europa porque Casablanca es el primer aeropuerto internacional del Norte de África en número de conexiones. Desde Canarias es fácil el acceso a Dajla con Binter Canarias, ya que hay dos vuelos semanales, los miércoles y sábados.

Para tener una referencia histórica de cómo hemos reducido los contactos con la costa vecina nos remontamos a la época española, cuando había cinco vuelos semanales entre Villa Cisneros y Gran Canaria. El Aaiún tenía hasta dos vuelos diarios tres días a la semana y conexiones directas también con Tenerife. Incluso la ciudad de La Güera contaba con dos vuelos semanales. Las conexiones marítimas eran semanales, y en el caso de El Aaiún, con dos viajes semanales.

Igual que Tarfaya, a seiscientos kilómetros al norte de Dajla, fue fundamental para los viajes transoceánicos de la aviación francesa en 1927, Villa Cisneros fue una base ideal de la compañía Iberia para realizar su primer vuelo trasatlántico en 1946. De hecho, el 15 de octubre de aquel mismo año se inauguró la línea regular Madrid-Villa Cisneros-Natal-Montevideo-Buenos Aires, con capacidad para 24 pasajeros.

Chill out

En varios rankings acerca de las ciudades con el mejor clima del mundo, en que Las Palmas de Gran Canaria siempre se sitúa entre los primeros puestos, Dajla le suele seguir muy de cerca. Se trata de una ciudad abierta al mar, con una bahía de ensueño, que sufre la continua acción del viento. Es precisamente el viento lo que buscan los aficionados al kitesurf para volar a saltos sobre las lagunas abrigadas que se forman en la bahía. Este deporte está teniendo un auge impresionante en todo el mundo y Dajla se ha convertido en la meca obligada de los peregrinos del vuelo de la cometa.

De un año a otro -a veces en unos meses- aparecen nuestras construcciones de apartamentos y hoteles en la plácida bahía, que tienen un estilo entre hippy (vuelta a la naturaleza) y chill out (relajarse). A pesar de la carrera que parece disputarse por crear nuevos establecimientos alojativos y de la indiscriminada ocupación de la costa, hay que reconocer que muchas de las obras utilizan materiales ligeros, fácilmente desmontables, acordes con el medio y con una explotación sostenible.

El precio medio de un apartamento es de más de cien euros por día, y los hoteles tienen precios similares a los canarios. En todo el sector parece primar el todo incluido. Los turistas no tienen necesidad de moverse de sus bucólicos emplazamientos para conocer el centro de la ciudad de Dajla. Más bien son disuadidos con las altas tarifas de taxi que les aplican los hoteleros. Así, los ciudadanos de Dajla parecen ajenos al bullicioso de la industria turística, porque son muy pocos los visitantes que se acercan a la ciudad.

Canario de Tunte

La ciudad de Dajla ha tenido un crecimiento vertiginoso en los últimos años. Manuel García Sánchez, un pastor grancanario de Tunte que llegó a la ciudad hace 23 años, recuerda que en aquel tiempo la población era de 8.000 habitantes y que hoy están censados 180.000 habitantes. García exporta y comercializa pescado y moluscos (almeja y navaja) a España . La industria pesquera da trabajo en Dajla a unos 20.000 marineros, pero Manuel García destaca como una actividad poco conocida en la región el sector agrícola, dotado de grandes invernaderos para el cultivo de tomates, sandias, melones y otros productos, y que da trabajo a 8.000 personas.

En la época española, en 1974, Dajla tenía 5.300 habitantes y era definida por el Ministerio de Turismo español similar a la Costa Blanca peninsular, "con un aspecto limpio y alegre". La promoción turística de la época colonial recomendaba aprovechar la abundante pesca, porque aunque no se tuviera conocimiento ni experiencia, "con un simple naylon, un anzuelo y un trozo de calamar se puede convertir en un pescador de samas, roqueras, sargos y un sinnúmero de variadísimos peces que hacen las delicias de los aficionados de este deporte". De hecho los costeros canarios pescaban algunas piezas, como el tasarte (una especie de túnido), sin cebo.

Dajla es un destino ideal para los pescadores de caña que buscan ejemplares singulares, como la corvina, por ejemplo. Los saharauis se han convertido en expertos en explotar este recurso fácil de proteínas para completar la dieta familiar. Pero también lo han aprendido los jubilados europeos -principalmente franceses- que viven largas temporadas en sus caravanas, en campings frente a la bahía. Los habitantes de Dajla se quejan en privado de que este tipo de turistas apenas consume, y que incluso vende las capturas que pesca.

Dajla también es la ciudad de la langosta, el centollo y la almeja, el marisco por excelencia en Villa Cisneros. Al igual que en las rías gallegas, la almeja se recoge en las planicies de la bahía, las que deja al descubierto en la bajamar el rio de mar que abraza la ciudad de Dajla. Una gran parte de la exportación de moluscos y pulpo de Dajla se dirige al mercado español, por lo que son cada vez más habituales los pescateros gallegos, entre otros. Ahora incluso hay varios proyectos para sembrar almeja gallega en la costa de Dajla.

Lo que sí ya es un éxito comprobado y degustado es el cultivo de la almeja francesa, que se puede probar a un módico precio en un restaurante que regenta el propio cultivador en la orilla de su explotación.

Hay otras alternativas turísticas relacionadas con el desierto, como las que organiza la canaria María Álamo con la agencia Sahara Cultour. Con mucho tesón y lentamente, Álamo ha logrado que los canarios descubran la magia y el misterio del desierto, donde los hoteles costumbristas están iluminados por miles estrellas. Sahara Cultour tiene su base en Tarfaya y por 395 euros se puede disfrutar de un fin de semana con todo incluido. Su lema es: "nunca un viaje tan cercano te llevará tan lejos".

Los que además de la aventura nómada aprecian la cultura y el conocimiento, puede enfocar su visita a las numerosas muestras de arte prehistórico, principalmente en Smara y cerca de Cabo Bojador, estudiados por el arqueólogo español Martín Almagro Basch durante la ocupación española. Para Almagro, los dibujos neolíticos realizados sobre piedra, que representan a elefantes, rinocerontes, toros y avestruces, son de los mejores del Norte de África, así como los utensilios de piedra (cuchillos, hachas, herramientas y otros). Los fósiles también son un atractivo importante del Sur del Sáhara marroquí: desde nautilos a dientes de tiburones megalodón, e incluso huesos de las ballenas que nadaron en un mar prehistórico y que hoy es desierto.

Y, por último, para los que están fascinados con el espacio exterior, el Sáhara es una importante fuente de meteoritos de todo tipo. Una buena proporción de los cien meteoritos de Marte conocidos por los científicos de todo el mundo fueron descubiertos en el Sáhara. Las autoridades marroquíes prohíben la venta y salida de meteoritos del país para evitar lo que sucedió en 2011, cuando un meteorito de Marte cayó en la región de Tata (Sureste de Agadir) y sus fragmentos llegaron a venderse a entre 9.000 y 19.000 euros.

El sur de Marruecos no acaba en Dajla. Hay otras ciudades menos conocidas que también formaron parte de la colonia española. Al Este hemos mencionado la ciudad santa de Smara, que no despierta mucho interés por su árida ubicación en medio del desierto. Más al sur, y a nueve kilómetros de la ciudad mauritana de Nuadibú, está la antigua ciudad de La Güera, un enclave tan antiguo como Villa Cisneros y que tuvo 750 habitantes en la época española. Hoy, en su abandono, sólo tiene la arena que inunda su iglesia y sus casas.

Compartir el artículo

stats