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Entrevista | Karina Sainz Borgo

"Lo único democrático en Venezuela es la muerte y la pobreza"

"Yo vengo del futuro, yo he visto lo que pasa cuando una sociedad alimenta sus obcecaciones. Es muy difícil corregir esos procesos de fractura", manifiesta la escritora de 'La hija de la española'

Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982) se cargó de energía positiva en España a principios de febrero. Le vino bien su corto pero intenso Viaj e a la Ribera para formar parte de un proyecto cultural como escritora y periodista que no pierde detalle de lo que sucede a su alrededor y que ama contar historias. Le vino bien porque ahora está sumergida en el torbellino promocional de su novela La hija de la española (Lumen), una obra que sorprendió gratamente cuando se dio a conocer en la feria del libro de Fráncfort y que ahora la tiene viajando de un lado a otro. En un instante de respiro antes de coger el siguiente avión, Karina Sainz Borgo atiende al periodista para este entrevista.

¿Qué comparte la Karina Sainz real con el personaje principal de su novela?

Un autor escribe con su biografía, sus memorias y sus lecturas. Comparto con Adelaida Falcón algunas coordenadas de esas tres cosas. Y yo, como ella, también nací en un lugar en el que hasta las flores depredan. Yo, como ella, atravesé el Atlántico como si de un quirófano se tratara.

¿Pesa la etiqueta de sensación literaria de la temporada?

Para ser tal cosa como una sensación hay que sacudir primero a los lectores. Estoy muy agradecida por el interés y la buena acogida que ha tenido La hija de la española. Cuatro días después de su publicación, la novela llevaba ya cuatro ediciones. Eso hay que valorarlo y agradecerlo, pero también hay que trabajarlo, peleárselo, pues.

¿La experiencia española vino bien para el maratón promocional posterior?

¡Sí! De hecho será un nuevo remanso de paz en abril, cuando volveremos a presentar el libro. Es un lugar hermoso. Te lo digo en serio: me servirá para respirar y recargar pilas. Y -espero- leer y leer y leer.

Ya tiene opiniones de lectores. ¿Suspira aliviada? ¿Entran en su mundo literario como esperaba?

Pues estoy muy sorprendida, primero por la lectura tan emocional que tienen las personas de distintas nacionalidades (españoles, venezolanos, alemanes, franceses) y, en segundo lugar, por una cierta unanimidad en algunas cosas: por ejemplo, que es una novela dura pero al mismo tiempo no pueden parar de leerla (la gente se la lee, como mucho, en tres días), o señalan, por ejemplo, el fuerte influjo de los olores, colores, sensaciones. Tengo un buen amigo, Leandro Pérez, de Zenda, que dice que es 'realismo trágico'. Y yo estoy de acuerdo con él.

El gran escritor Ian McEwan dice que escribe para saber adónde va. ¿Lo sabe usted a estas alturas?

En absoluto, por eso no paro de escribir.

Cambio de juego. ¿Acierta el Real Madrid recuperando a Zidane para un banquillo tan caliente?

No estamos para bromas. Así que espero que Zizou devuelva algo de orden al vestuario. Pero el problema del Madrid, ya ves, es casi institucional, de conjunto. Necesita recuperar criterios deportivos antes que faraónicos. A veces vender camisetas no lo es todo. Yo soy más del espíritu del taconazo de Guti a Benzemá, una mezcla de chulería -cómo no va a serlo el Madrid- y maestría, de zafiedad y empuje.

Como periodista conoce muy bien el trasfondo del mundo editorial. ¿Le ayuda a mantener los pies en el suelo entre tanta vorágine de expectativas?

Bastante, pero también te comento una cosa: aun trabajando como periodista especializada en cultura y libros, me he dado cuenta de que ignoraba cuánta gente hay detrás de un libro. Detrás de un libro está el trabajo de mucha gente, pero mucha. Esta semana estuve en la Feria del Libro de Londres porque Harper Collins, que edita La hija de la española en inglés, deseaba que fuera. Me quedé de piedra: la cantidad de agentes, editores, comerciales, desplegados en mesas en modo Wall Street editorial.

¿Qué ha cambiado en España desde que llegó usted hace una década?

Muchas cosas. Cuando llegué aún existía un fin de fiesta antes del desierto de la crisis económica. Esos años de carestía económica favorecieron la erosión de algunas instituciones, que ya estaban tocadas pero que llevaron mucho peor el efecto: los partidos políticos, la propia monarquía, la banca. De vivir en una Arcadia de las vacas gordas, con un desinterés manifiesto por el 'demos' y la cosa pública, pasaron -pasamos, porque me incluyo- a una especie de pasión perpetua, arrastrando una especie de cruz condenatoria: todo está mal, todo hay que reescribirlo, purgarlo, resignificarlo. Es el extremo opuesto. Y eso es muy significativo, peligrosamente significativo.

Defiende la fiesta de los toros, ¿pese a quien pese?

Sí. Desde hace mucho además. Voy a los toros a confrontarme con la muerte y la belleza.

"Yo soy de un lugar donde hasta las flores depredan", ha dicho. ¿Tan duro es sobrevivir en Venezuela?

La novela, aunque aspira a ser una historia universal y no alude demasiado a la palabra Venezuela -aparece como mucho cinco o seis veces-, sí retrata el sustrato y las corrientes de fondo que irrigan una tierra violenta, un país que lo fue desde su inicio y continuó siéndolo a pesar de su aspiración al progreso. La tragedia es que siempre vuelve al XIX, a la tierra arrasada de hombres a caballo. El síndrome del líder mesiánico, una perpetua infancia civil. Eso, mezclado con procesos terribles: desigualdades económicas que el petróleo jamás corrigió y que ahora se abren como una zanja democratizadora: todos se han igualado a la baja, porque lo único democrático en Venezuela es la muerte y la pobreza.

¿Está su país de origen Maduro para romper grilletes? ¿Guaidó es de fiar?

Esto será un proceso lento, largo y traumático. Quiero creer que ha comenzado un camino... El problema es que en el tránsito hay que intentar negociar con unos líderes que, además de usurpar el Gobierno, desprecian la democracia.

¿Ha notado que en alguna ocasión la miraban mal en España por venir de otro país?

Jamás, al contrario. Siempre digo que me gané mi 'españolidad' no por ser hija de españoles, sino por un amor profundo que siento por este país. Me fascina: es complejo, generoso, diverso, contradictorio, con una historia que da vértigo y que es un tesoro. Por ejemplo, mi forma de hablar y escribir era muy triste y gris hasta que me metí a fondo con su literatura: Cervantes, Lope, Quevedo, vuestro XIX...

¿Un partido como Vox tiene futuro o se alimenta solo del pasado?

Esos andan a caballo, y ya sabes tú cuán decimonónico es eso.

¿Pablo Casado evitará el divorcio del PP con su votante habitual?

¡Yo casi que le digo que llamemos a Tezanos para averiguarlo! Quién nos diría hace un año que Mariano Rajoy saldría por moción de censura; que Pedro Sánchez, ¡Pedro Sánchez!, estaría en Moncloa o que Soraya dejaría de ser María Tudor, bueno, aunque sigue siéndolo, por la cantidad de gente que la odia.

¿El Ciudadanos de Rivera ya no es lo que prometía al principio?

Depende de a cuáles promesas te refieras, ¿a las de ayer, a las de esta mañana? ¿Las de Andalucía o las de Barcelona? Me lío...

¿Qué le sugiere un póster de Pablo Iglesias en plan épico tras terminar su baja por paternidad?

Bueno, quizá sirva para presidir el salón de puros y periódicos de Villa Navata, perdón, quise decir, su casa en Galapagar.

¿La marea feminista lo inundará todo? ¿Qué debería evitar para no correr ningún peligro?

Marea, tsunami... todas estas fuerzas de la naturaleza me preocupan, porque son cambiantes y furiosas. Mi feminismo es más de la catedral de Susan Sontag o la cantera de Lessing. Me gustan las cosas duraderas y profundas.

Hay mucha violencia en su novela. ¿Fue perturbador ponerle palabras?

Fue catártico.

Venezuela se suicidó, según usted. ¿Quién suministró el arsénico?

Llevamos robando puñaditos desde hace por lo menos 30 años. Se nos dio bien olvidar el lugar del que veníamos y por eso llegamos al que llegamos.

¿A Pedro Sánchez le ve pactando con el diablo?

¡Pero si ya lo hizo...! ¿O hay otros diablos en lista de espera?

Usted, que se considera una outsider desarraigada en buena parte, ¿qué piensa del independentismo catalán?

Yo te digo una cosa: yo vengo del futuro, yo he visto lo que pasa cuando una sociedad alimenta sus obcecaciones. Es muy difícil corregir esos procesos de fractura, división y persecución.

Ahora llega el 'linchamiento' a Michael Jackson, como antes pasó con Woody Allen, ni la novela Lolita de Nabokov se salvó.... ¿Es un juicio justo?

Estamos atravesando una etapa de reescribir cosas como el final de la ópera Carmen, lo que ocurrió en Roma el verano pasado. A este paso llegaríamos a una situación en la que, por ejemplo, un cineasta como Luis Buñuel no podría hacer películas hoy. Y tengo también la sensación de que el Otelo de Shakespeare terminaría siendo proscrita. Deberíamos ser capaces de ver, leer y escuchar las cosas en su contexto y con los elementos con las que fueron creadas.

Una facilita para terminar. El periodismo serio, como la literatura seria, ¿tienen futuro?

Para ser las más fácil, telita. Estoy convencida de que sí, mientras sepamos guarecernos y ponernos a cubierto de la lluvia ácida que riega las redes, los clicks y el Google Analitics.

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