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140 años del Partido Socialista Español

La victoria electoral de Pedro Sánchez coincide con la conmemoración de aquel 2 de mayo de 1879 en el que Pablo Iglesias funda el PSOE | Alfredo Herrera Piqué repasa la historia de los socialistas desde entonces a hoy

140 años del Partido Socialista Español

140 años del Partido Socialista Español

Las doctrinas socialistas comenzaron a desarrollarse en el periodo en el que confluyen la Ilustración, la Revolución Francesa y la llamada Revolución Industrial, que produjo el crecimiento de la riqueza, pero también el aumento de las masas de indigentes, es decir, lo que se llamó el pauperismo.

Sin embargo, con anterioridad ya hubo movimientos que llevaban en su seno el germen de la utopía colectivista. En los años de la Revolución Inglesa, después de la ejecución de Carlos I, en 1649, hubo grupos, como los diggers, que preconizaron un orden social comunista basado en principios religiosos, e incluso llegaron a establecer una colonia comunista en St. Gorge Hill. El ejemplo se extendió a otros lugares como Kent y Buckingham, pero la experiencia fue decapitada por el ejército de Cromwell. En 1652, Winstanley, promotor de aquel movimiento, escribió ideas tan significativas como las siguientes: "La verdadera libertad no puede existir mientras los hombres carezcan de libertad económica" y "en una sociedad justa y libre cada miembro da según sus posibilidades y debe recibir según sus necesidades". Es decir, se trata de planteamientos utópicos populares, que formaban parte de un impulso tendencial al igualitarismo, anterior a la Revolución Francesa.

En plena Revolución Francesa se produjo el Manifiesto de los Iguales, encabezado por Grachus Babeuf, posicionado en ocho grandes puntos, entre los que se afirmaban dos fundamentales: a) la Naturaleza ha dado al hombre un derecho igual para el disfrute de los bienes; b) en una sociedad auténtica no habrá ni pobres, ni ricos.

La generación de los socialistas utópicos -Saint Simon, Robert Owen y Charles Fourier- brota en el contexto de las condiciones de trabajo que se habían desarrollado en Europa durante la primera industrialización, una sociedad en la que la miseria de los trabajadores crece a la inversa que la riqueza de los sectores llamados 'burgueses'.

Saint Simon defendía una sociedad de trabajadores, dirigidos por los industriales-organizadores. Para conseguirla el único problema consistía en persuadir moralmente a los poderosos. Abrigaba la fe en la ciencia y la técnica, y, por consiguiente, en la industrialización. Owen partía de la crítica a la propiedad, a la religión y a la familia de la época, y, en contrapartida, creía en el filantropismo, en la pasión cooperativa de los hombres y en la ciencia, en la educación y el humanitarismo. Fue de los primeros en utilizar en un escrito la palabra 'socialismo' (1841). Y Fourier era un idealista nostálgico. Rechazaba la industrialización y afirmaba la pasión por la Naturaleza.

En todos aquellos planteamientos utópicos había una reacción moral contra el sufrimiento de las clases trabajadoras y una frustración generada por los fracasos sociales del primer liberalismo. Abrigaban una convicción sobre las posibilidades y los frutos que depararía la elevación del nivel de instrucción y el desarrollo cultural de las clases menesterosas; fe en la ciencia y, sobre todo, una idea compartida: la liberación social seguiría a la supresión de la propiedad privada. Este fue, expuesto de forma telegráfica, el ideario de los socialistas llamados utópicos, denominación que acuñó Friedrich Engels en un folleto titulado Del socialismo utópico al socialismo científico.

En la fase siguiente, se llegó a la conclusión y al convencimiento moral que, frente a una situación de injusticia social, no sería posible implantar el socialismo sin acudir a la violencia revolucionaria, que es lo que encontramos en el marxismo y el anarquismo. Ya uno de aquellos socialistas utópicos, Blanqui, defendía la revolución, concebida como un golpe de audacia bien preparado. Y también entonces se manifiestan ya puntos de vista diferentes en torno al problema del Estado: a) unos lo veían como un instrumento de explotación de la clase obrera; b) otros, como el instrumento imprescindible para toda transformación social. De aquí parten las distintas visiones que surgirán sobre el papel de la violencia legítima y de la imprescindible revolución.

Socialismo científico y marxismo

El segundo gran hito del pensamiento socialista moderno es el Manifiesto Comunista, 1848, que constituye una gran llamada a la Revolución, a la revolución con mayúscula: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Marx y Engels sentaron las bases de lo que se llamó socialismo científico, es decir, un análisis de la realidad que no nacía simplemente de una reacción moral, de un sentimiento o de una utopía, sino de un análisis y una filosofía de la historia y, por otro lado, de la observación de las contradicciones sociales. Lenin lo sintetizó telegráficamente en su libro El Estado y la Revolución: "En Marx no encontramos el más leve intento de fabricar utopías, de hacer conjeturas respecto a cosas que no es posible conocer. Marx plantea la cuestión del comunismo como el naturalista plantearía, por ejemplo la del desarrollo de una nueva espacie biológica, sabiendo que ha surgido de tal y tal modo, y se modifica en tal y tal dirección determinada".

Ambos eran materialistas. Creían que son las circunstancias económicas las que generan la conciencia social y afirmaban que la historia de la Humanidad es la historia de una lucha de clases. Es el punto de partida expuesto por Marx en el Manifiesto del Partido de los Comunistas: "Toda la historia de la sociedad humana, hasta el presente, es una historia de lucha de clases".

De hecho, el Manifiesto ya llevaba en su breve texto toda la doctrina que Marx desarrolló en los años siguientes, partiendo del principio de la abolición de la propiedad privada: "Tan pronto -se dice en su texto- como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; más tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y por tanto, su propia soberanía como tal clase".

Según su doctrina, el advenimiento del socialismo al dominio político sería resultado de las contradicciones internas del régimen capitalista: la contradicción que se manifiesta entre la producción social que genera la riqueza y la propiedad privada, que se apodera de esta riqueza, condenando a las masas a una miseria cada vez mayor. Los expropiadores serán expropiados y el comunismo sucederá al capitalismo.

En la doctrina de Marx, la revolución y la abolición de la propiedad de los medios de producción, llevaría al proletariado al poder. La dictadura del proletariado significaría la socialización de la propiedad, la desaparición de la lucha de clases y la desaparición del Estado burgués. El Estado, hasta entonces un instrumento de opresión, se reabsorberá en una sociedad sin clases. El Manifiesto, El Capital (cuyo primer volumen se publicó en 1867) y La Ideología alemana integran la columna vertebral de su aportación. La obra de Marx y Engels tuvo una gran importancia y una extraordinaria trascendencia en la historia de las ideas, en la historia de los movimientos sociales y en la historia política y general de toda una época. Determinó una de las grandes corrientes de pensamiento del siglo XIX.

En una fonda de la calle Tetuán

Pues bien, desde la mitad del siglo XIX el movimiento obrero y las organizaciones obreras comenzaron a desarrollarse rápidamente y a tener gran protagonismo en la vida política. Lo mismo ocurría con las corrientes anarquistas, encabezadas por Bakunin, que era, como Marx, un gran teórico de la emancipación del proletariado y de las clases oprimidas.

En 1864 se había fundado en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores, la I Internacional, presidida por Marx. La Internacional tuvo gran relevancia en la historia del socialismo, pues confirió al movimiento obrero una amplitud sin precedentes, aportándole el necesario instrumento de la conciencia de clase, de la lucha de clases y de la solidaridad internacional

En 1868 tuvo lugar en España la tardía revolución liberal llamada la Gloriosa, que fue seguida de la I República. En 1870, en el Congreso de Berlín, las potencias coloniales europeas se repartían África, afirmando los pilares del colonialismo contemporáneo. En 1871 tenían lugar los episodios de la Comuna en París. En 1874, la restauración monárquica en España, dirigida por el conservador Cánovas del Castillo, abrió un periodo de grandes dificultades para la clase obrera. En 1889 se constituyó en París la II Internacional, que englobaba a las tendencias socialistas, anarquistas (hasta 1896) y del movimiento obrero, bajo la impronta marxista.

Fue en este contexto en el que nació el Partido Socialista Obrero Español. Nació en Madrid, en el seno de un pequeño grupo de trabajadores del gremio de las artes gráficas. El 2 de mayo de 1879 y con el impulso de Pablo Iglesias, su fundación fue decidida formalmente en el transcurso de una comida de 'fraternidad universal', que se celebró en una fonda de la calle Tetuán. Se constituyó entonces una comisión encargada de redactar el programa y el reglamento, integrada por cinco personas, entre los que se encontraban Pablo Iglesias y Jaime Vera.

Los orígenes, la génesis y la inspiración del Partido Socialista español tienen su raíz en la I Internacional. En las concepciones de ésta predominaban las ideas de Marx, que habían excluido de esta organización obrera a las tendencias anarquistas. La recepción de sus ideas en España tuvo lugar a raíz de la creación de la sección española de la Internacional en 1869. En ella ingresó Pablo Iglesias en marzo de 1870, cuando contaba veinte años de edad. La otra vía de entrada de las ideas de Marx fue más directa: la llegada al país de Paul Laffargue, un exiliado de la Comuna. El francés Laffargue hablaba español, pues había nacido en Cuba. A ello unía su relación directa con Carlos Marx, ya que había casado con su hija Laura. El vehículo para la difusión del marxismo en España fue el semanario obrero La Emancipación, publicado entre los años 1871 y 1873. Esta publicación sostenía vínculos con los tipógrafos de la Agrupación gremial del Arte de Imprimir, de la que formaba parte Pablo Iglesias Posse (1850-1925), primer presidente del PSOE, cargo en el que permaneció hasta su fallecimiento.

El partido había nacido en la clandestinidad. El texto del programa fue revisado en Londres por Marx y Engels, que se sabe añadieron varias modificaciones. Se aprobó el 20 de julio siguiente. Se trataba de un programa de corte, contenido e ideas enteramente marxistas.

Vale la pena recordar algunas de sus ideas y planteamientos principales:

"Considerando. Que esta sociedad es injusta porque divide a sus miembros en dos clases sociales antagónicas: Burguesía, la clase dominante; Proletariado, la clase dominada.

Considerando que la necesidad, la razón y la justicia exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una y otra clase desaparezca, reformando o destruyendo el estado social que las produce; que esto no puede conseguirse sino de un modo: transformando la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad... Que el arma más poderosa con que el Proletariado ha de destruir los obstáculos que se opongan a ello es el Poder político....

Por todas estas razones, el Partido Socialista declara que tiene por aspiración:

1º La posesión del Poder político por la clase trabajadora.

2º La transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la nación.

3º La constitución de una sociedad sobre la base de la federación económica de la organización científica del trabajo y de la enseñanza integral para todos los individuos de ambos sexos.

Creemos que el Estado obrero no debe ser otra cosa que una delegación de la administración de los intereses sociales, sin facultades arbitrarias, responsable y revocable en todo tiempo y lugar.

En suma, el ideal del Partido Socialista representa la completa emancipación de la clase obrera. Es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del futuro de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes.

En sus comienzos, el Partido Socialista consideraba como medios de inmediata aplicación, eficaces para preparar la realización de sus aspiraciones, los siguientes: Reivindicación de los derechos de asociación, de reunión, de petición, de manifestación, sufragio universal, inviolabilidad de la correspondencia, justicia gratuita e implantación del jurado, prohibición del trabajo infantil, establecimiento de la instrucción púbica gratuita y laica, nacionalización de los transportes públicos y de los recursos naturales, etc. Es decir, de los derechos ciudadanos y de los servicios públicos, tal como los conocemos hoy.

El Partido Socialista Obrero Español era, por consiguiente, un partido marxista y revolucionario, y así fue, hasta finales de los años setenta del siglo XX, en aquel congreso en el que Felipe González amenazó con dimitir si no se eliminaban las concepciones marxistas del ideario del partido. Su alma fue el de la figura de Pablo Iglesias Posse, que se dedicó enteramente a su afirmación y desarrollo. Después de su fundación, el partido permaneció en la clandestinidad poco más de un año y medio. En febrero de 1881 el liberal Sagasta llegó al poder y declaró la legalidad de todos los partidos. El Socialista, el órgano oficial del PSOE, comenzó a publicarse en marzo de 1886, también bajo la directriz de Pablo Iglesias.

Diez años después de su nacimiento, existían ya veintiocho agrupaciones socialistas en otras tantas ciudades del país. En 1888, el Congreso celebrado en Barcelona abrió paso a la constitución del partido en el ámbito nacional. En aquel congreso se enriqueció el primer programa, con reivindicaciones tan importantes como la jornada laboral máxima de ocho horas y el establecimiento de un salario mínimo legal. Unos días antes de su celebración, Pablo Iglesias fundaba, también en Barcelona, la Unión General de Trabajadores, que nació como una federación de sectores sindicales obreros, para la mejora de las condiciones de trabajo, apelando al derecho de huelga para la consecución de sus fines.

En sus primeros decenios de vida, el partido va creciendo en el número de agrupaciones y en su implantación en el país, pero su influencia política era muy escasa. El único diputado que tuvo el partido fue Pablo Iglesias, quien por primera vez alcanzó un escaño en 1910, en la candidatura de la Conjunción Republicano Socialista, cuya lista la encabezaba nuestro Benito Pérez Galdós, quien fue el candidato más votado.

La escisión comunista

Sin tener una gran influencia y presencia política e institucional en el país, el PSOE prosiguió un lento crecimiento en las primeras décadas del siglo XX, en las que tuvo participación en acontecimientos como la Semana Trágica de Barcelona y la huelga general de 1917. La Revolución Rusa tuvo una importancia trascendental en la evolución del socialismo y de los partidos socialistas. Ya hay, por primera vez, un partido socialista en el poder y, además, en un inmenso país. Los dirigentes y las bases socialistas la acogieron como un gran acontecimiento, muy favorable al desarrollo del socialismo.

Después del triunfo de la revolución de Octubre, en 1919 se perfilaban dos formas antagónicas de concebir el camino y la consecución del socialismo. Las dos eran marxistas. Pero una era la vía marxista tal como la interpretaba Lenin y que, a partir de una revolución, comenzaba a aplicarse en la Unión Soviética, y la otra era el marxismo que proyectaba alcanzar la dictadura del proletariado a través de los cauces de la democracia parlamentaria. Ni los bolcheviques dejaban de considerarse demócratas, ni los socialistas habían abandonado el marxismo. El marxismo-leninismo consideraba que la dictadura proletaria de los soviets era una auténtica democracia obrera y el partido era justamente la vanguardia de la clase obrera, tal como lo concebía Lenin. Sin duda, la interpretación leninista era más cercana a las teorías concretas de Marx. Pero la llamada socialdemocracia llevaba dentro una gran parte de la herencia histórica del socialismo marxista.

Un momento trascendental fue la creación de la III Internacional en 1919 y la escisión o el cisma entre comunistas y socialistas. Los antecedentes inmediatos de estos acontecimientos estuvieron relacionados con los siguientes factores:

-Crisis de los partidos socialistas durante la I Guerra Mundial, generada por el posicionamiento y las contradicciones que éstos tuvieron en relación con la guerra, el pacifismo y la revolución mundial y, por otro lado, con el compromiso con la defensa nacional.

-La revolución de Octubre y la implantación del gobierno de los soviets en Rusia.

-Gran crisis económica internacional generada durante guerra y la posguerra, que fue vista como escenario propicio para las expectativas revolucionarias y la instauración de la dictadura del proletariado.

La nueva Internacional era fiel expresión de la visión que Lenin tenía del marxismo y de la organización del partido. Se instituyó durante el congreso comunista celebrado en marzo de 1919 en Moscú, sobre el propósito fundamental de establecer un organismo fuertemente centralizado y centralizador, cuyos partidos miembros lucharían desde la estrategia de la insurrección para alcanzar la revolución mundial. En dicho evento se presentó el nuevo Manifiesto Comunista, que actualizaba las ideas de llevar a cabo la revolución para conquistar el poder del pueblo y la demolición del Estado burgués, así como implantar la dictadura del proletariado (república de los soviets). Se establecía la subordinación de los partidos socialistas a los intereses controlados por la Internacional comunista.

Un año después, en el II Congreso de la III Internacional se establecieron las Veintiuna condiciones exigidas para la adhesión de los partidos socialistas, que, de asumir su incorporación, se verían sometidos a un absoluto, dogmático, intolerante y férreo control, en base al denominado "centralismo democrático". Se demostró inmediatamente que éste tenía todo de centralismo y nada de democrático.

La revolución soviética y la puesta en marcha de la III Internacional causaron una profunda crisis interna en el Partido Socialista español. Se planteaba la opción de integrarse en la Internacional comunista o bien de permanecer como partido autónomo, al margen de aquélla. La cuestión se dirimió en dos congresos federales celebrados en 1920 y 1921, respectivamente. En el congreso extraordinario de 1920 se decidió una adhesión condicionada a la Internacional comunista. Para negociar la incorporación fueron enviados a Moscú los dirigentes socialistas Daniel Anguiano, secretario-tesorero del partido, y Fernando de los Ríos, vocal de la ejecutiva federal. Éstos representaban posicionamientos diferentes. El primero, a favor de la III Internacional de forma incondicional; el segundo, en contra. A todo esto, las Juventudes Socialistas abandonaron el partido y se constituyeron en Partido Comunista Español.

Anguiano y De los Ríos llegaron a Moscú a finales de octubre de 1920. Su cometido se concretaba en negociar la adhesión del PSOE a la III Internacional. Para su ingreso, el Partido Socialista español exigió tres condiciones: a) respeto a la autonomía del partido, b) derecho a revisar los acuerdos de la Internacional, c) objetivo de lograr la unidad de todos los partidos socialistas. El Presidium de la Internacional rechazó duramente la propuesta del PSOE, exigiendo la aceptación ineludible de sus Ventiuna condiciones. En este contexto tuvo lugar la conocida entrevista de Fernando de los Ríos con Lenin, en la que preguntado por el político socialista sobre un supuesto periodo de transición a un régimen de libertades, el dirigente soviético respondió: "Nosotros nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado. El problema para nosotros no es de libertad, pues siempre nos preguntamos ¿libertad para qué?".

Finalmente, en un nuevo congreso extraordinario del PSOE, en abril de 1921, el debate se centró en la contradicción entre la intolerancia de la Internacional soviética y los postulados del socialismo democrático. Anguiano y De los Ríos sostuvieron sus opuestos criterios. Pablo Iglesias, presidente del PSOE, remitió una carta, oponiéndose a las Veintiuna condiciones y animando a luchar por la unidad del PSOE. Esta fue la posición ganadora, por 8.808 votos frente a los 6.025 que optaban por el ingreso en la Internacional soviética. Buena parte de estos últimos se escindieron del PSOE y fundaron el Partido Comunista Obrero Español, el cual se unió a las también escindidas Juventudes Socialistas para integrar el PCE. Fue de las crisis más graves del socialismo en España. El PSOE siguió siendo un partido marxista y en un documento final del congreso manifestó la defensa y apoyo a la Revolución rusa, pero defendiendo el socialismo democrático.

Dictadura, república, dictadura

Después se sucederán en España la dictadura de Primo de Rivera, la caída de la monarquía y la II República. En las elecciones de 1931, la Conjunción Republicano Socialista obtuvo una rotunda victoria. El partido más votado fue el PSOE, encabezado por Julián Besteiro (115 escaños, de 470), seguido por el partido radical de Lerroux (90 escaños) y el partido radical socialista (Marcelino Domingo, 60 escaños). El PSOE formó parte del gobierno provisional y de los dos primeros gobiernos de la República, siempre representado por Fernando de los Ríos, que ocupó carteras de Justicia e Instrucción Pública, Indalecio Prieto y Largo Caballero.

La Conjunción Republicano Socialista se rompió en 1933, tras la caída del gobierno de Azaña. Fue un despropósito político de amargas consecuencias. A su vez, se intensificó la división interna en el PSOE y se impuso el ala radical liderada por Largo Caballero. En octubre de 1934 se produjo el intento revolucionario en Asturias, reprimido con intervención del Ejército de la República. Después de dos años de gobierno conservador, se sucedieron las elecciones del Frente Popular y la posterior rebelión militar y fascista del general Franco, que abrió el capítulo de la brutal guerra civil y de una igualmente brutal dictadura de cuarenta años. ¡Terrible! Paralelamente, el obligado exilio republicano y socialista de la posguerra se prolongó durante el mismo periodo. Fallecido el dictador, en su cama, la transición democrática y la esplendorosa Constitución de las libertadas y del Estado social en diciembre de 1978, nos ha proporcionado el Estado democrático de Derecho de los últimos 40 años.

La primera presidencia socialista en un gobierno republicano la ejerció, ya iniciada la guerra civil, Francisco Largo Caballero, líder de larga trayectoria marxista y obrerista. En mayo de 1937 le sucedió Juan Negrín López (Las Palmas, 1892-París, 1956), quien permaneció en el cargo hasta el final de la guerra. Negrín fue una personalidad de formación científica, adquirida en las Universidades de Kiel y de Leipzig, en donde estudió Medicina y se doctoró en Fisiología en 1912. Dirigió después el Laboratorio de Fisiología, del Instituto de Ciencias, situado en la Residencia de Estudiantes. En 1926 ingresó en el PSOE. Fue elegido diputado por Las Palmas en las tres elecciones generales que hubo entre 1931 y 1936.

Después de la transición española, el primer Gobierno socialista que alcanzó el poder en la historia de España, fue el presidido por Felipe González Márquez tras la victoria en las elecciones del 28 de octubre de 1982. En la década socialista de 1983-1993, la España constitucional alcanzó la consolidación de la democracia, el desarrollo del Estado Social y del Estado de las Autonomías, la superación del aislamiento internacional y el ingreso en la entonces Comunidad Europea (actual UE). Fue el periodo más brillante de las últimas décadas. En la encrucijada del presente, con la cuestión territorial condicionando perversamente la política nacional, cabe preguntarse: ¿hay una crisis ideológica en la dirección de un partido de raigambre internacionalista?

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