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Entrevista | Pedro Moneo

"La tecnología permitirá generar ADN a la carta para una mayor inmunidad"

"España tiene muy buena cantera de talento, pero estamos perdiendo la carrera de incentivos a la I+D y apertura internacional", afirma

Pedro Moneo, en la sala de pinturas de la Laboral.

Pedro Moneo, en la sala de pinturas de la Laboral. MARCOS LEÓN

Pedro Moneo (Madrid, 1977) es ingeniero mecánico de formación por la Universidad Politécnica de Madrid y licenciado en Ingeniería Nuclear por la Comisión Francesa de Energía Atómica. Además, es el CEO y fundador de Opinno, una consultora de innovación global que conecta a más de 150.000 expertos, inversores, ejecutivos y especialistas en tecnología en más de veinte países. Una labor que compagina con la de editor de MIT Technology Review y Harvard Business Review en español. En 2016 fue elegido Líder Global Joven del Foro Económico Mundial. Moneo, que esta semana participó en la presentación de las primeras conclusiones del Think Tank de la Milla del Conocimiento gijonesa, comenzó su carrera como investigador en reactores avanzados en el Laboratorio Nacional de Argonne en Chicago. También fue consultor en la rama de Finanzas y Estrategia Corporativas de Accenture. Después de eso, ejerció como director general adjunto de los Centros de Tecnología FEDIT de España antes de fundar Opinno.

¿Cuál será la próxima revolución tecnológica?

Las grandes revoluciones van a venir por las cosas más pequeñas. Una parte importante está relacionada con los niveles celular, atómico y a escala de bits. En el primer bloque está marcando todo la capacidad de secuenciar y editar código genético. Se está haciendo ya de una manera más rápida, barata y para más gente. Esas nuevas tecnologías nos van a permitir casi generar ADN a la carta. La aplicación que más se busca de ello es lograr un sistema inmune que nos proteja contra cualquier cosa. En el mundo atómico, la principal novedad es la revolución que está ocurriendo con los materiales, y eso está afectando mucho a varias industrias. Uno de los principales desafíos tiene que ver con el mundo energético.

¿Es posible almacenar y producir energía de una forma más barata?

Ahí está la revolución de la tecnología solar y otras tecnologías. Este año es la primera vez que volvemos a hablar de energía nuclear. Desde que finalicé la carrera en el año 2000 prácticamente no había vuelto a oír hablar hasta ahora de la energía nuclear en un informativo. Se va a volver a oír hablar más. El cambio climático y la dependencia energética son algunas de las razones de ello.

¿Cómo será la revolución de los bits?

Es el cambio más disruptivo a corto plazo. Es el de la inteligencia artificial, especialmente peligrosa como tecnología porque pretende hacer con una máquina lo que haría un ser humano. Esa tecnología se va metiendo en los procesos de negocio y servicio intentando sustituir al ser humano sin que lo note, con lo cual el efecto de sustitución es muy fuerte. Tiene un impacto social y económico grande.

La tecnología ha reconfigurado nuestro mundo, ¿qué papel juega hoy en los negocios?

Está transformando el mundo entero a una velocidad pasmosa y haciendo que se concentre el poder en muy pocas compañías, que son las que van a mandar. Los negocios que adoptan esas tecnologías están creciendo como si estuvieran con hormonas porque son superpotentes. Eso les permitirá un montón de beneficios, con una mejor atención y mejor servicio pero trastocando completamente el panorama del empleo. El problema que ocurre muchas veces con las tecnologías disruptivas es que el cambio es tan brutal en tan poco tiempo que no te da tiempo de adaptarte y que las empresas y el sistema social se ajusten. Es una de las cosas que más me preocupan.

¿Cómo ayuda la tecnología a salir de la crisis?

Yo lo que creo es que la tecnología destruye empleos antiguos y genera otros nuevos. Mucha gente discute si los genera al mismo tiempo que destruye los antiguos, pero, desde luego, lo que te permite es crear cada vez mayor valor añadido. No hace falta que trabajes el mismo número de horas, pero las horas que trabajes van a tener un valor añadido muy alto y, a lo mejor, por tener un valor añadido tan alto te tienes que estar formando durante mucho más tiempo. Hace un par de siglos parecería ridículo que para ejercer una profesión tuvieras que estudiar seis años y que, además, tengas fines de semana de dos días en los que no trabajas. Vamos hacia un futuro de más ocio, donde se dedica más tiempo para formarse y menos a trabajar pero con una productividad altísima. Con esa situación hay gobiernos y sectores que se están tomando muy en serio la oportunidad y empleándose muy fuerte en crear una estructura de ciudad que pueda redefinirse muy rápidamente. Las regiones que no lo hagan van a quedarse atrás.

¿Por ejemplo?

Hay países como Francia que están realizando una apuesta estatal por la inteligencia artificial, o Finlandia, metiendo la educación en el centro del sistema. El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) ha anunciado para este año un plan dotado con un millón de dólares para hacer I+D en inteligencia artificial.

¿Qué posición ocupa en ese contexto el mundo del Big Data?

Las tecnologías disruptivas, por separado, son muy virulentas pero, a veces, convergen varias y eso ya es como la tormenta perfecta. Ahora mismo estamos viviendo una convergencia de varias tecnologías cuyo efecto combinado va a ser bestial: una se llama 'internet de las cosas', que significa poner sensores en todo lo que ahora es un objeto pasivo y que va a hacer que creemos un montón de datos; otra es que esos datos se van a poder mover mucho más rápido a través de la telefonía 5G y la tercera es la inteligencia artificial. El efecto de las tres a la vez va a ser muchísimo más fuerte. Cualquier organización, pública o privada, que no sea capaz de redefinirse y reorientarse en poco tiempo va a tener un problema.

¿En qué lugar se encuentra España en el contexto de la innovación?

España ha estado mejor de lo que está ahora. Tenemos muy buen talento, pero estamos perdiendo una carrera histórica, tanto desde las políticas públicas de incentivo a la I+D como en la apertura al talento internacional o en la educación en estas nuevas tecnologías, que tendríamos que ir muchísimo más rápido.

¿Cuánto ha influido en eso la crisis?

La crisis ha generado una mayor cultura de startups, que está calando más y más, pero todo lo que podamos hacer para que eso vaya más rápido es fundamental. Tenemos que concienciarnos todos -familias, empresas, gobiernos...- porque es un tema fundamental para el futuro. Resolver qué va a pasar con el carbón si se va es inminente. De hecho, la energía solar ya es más barata que el carbón. Esa es nuestra realidad.

¿Continúa siendo válido el modelo Silicon Valley o cada territorio debe buscar sus elementos identificativos?

Lo que es imitable de Silicon Valley es que hay que hacer una apuesta por el talento y la tecnología y por crear ecosistemas, pero pueden ser distintos en cada lugar. Vengo de pasar la Semana Santa en Islandia, que es un territorio que podría recordarme bastante a alguna región española.

¿Por qué?

Porque vivían de la pesca prácticamente en un 80% de su PIB y, en los últimos años, se han transformado en un territorio que depende de la pesca, la ganadería y la minería pero que tiene muy claro que es un modelo de transición y que el futuro depende de una buena educación combinada con la sociedad del conocimiento. Me gusta mucho cuando se piensa en clave de gobierno en entornos pequeños porque tienes más capacidad de influencia. Sabemos que tenemos unos años de oxígeno para pensar qué queremos hacer.

¿Cuántos tendrían que ser?

Podríamos estar hablando de un orden de 500 o mil ingenieros al año. Algunas startups me dicen que no pueden contratar talento porque no hay. Si hay gente deseando trabajar y otros tantos que los quieren contratar hay que formar a personas en esos ámbitos.

Faltan vocaciones tecnológicas y no salen titulados en número suficiente, ¿cómo se puede resolver esa ecuación?

Van a seguir haciendo falta los graduados de toda la vida porque hace falta gente que tenga conocimiento en profundidad, pero para la gran mayoría de los puestos de trabajo el modelo de desarrollo del talento tiene que ser diferente._Antes te formabas una vez para toda la vida y ahora es más como el modelo de antes de la Ilustración con los talleres y los oficios donde ibas perfeccionándote, donde había maestros y discípulos y donde se cuidaba el conocimiento. Ese modelo es más parecido a lo que hay ahora: pequeñas formaciones porque el conocimiento, las tecnologías y las herramientas cambian y hacen necesario que estés transformándote constantemente. Otra cosa que está pasando es que la barrera entre las Ciencias y las Letras se está borrando y las capacidades de un profesional del futuro no son puramente técnicas o creativas.

¿Cuáles serán los mejores perfiles?

Los de quienes tengan las dos partes del cerebro activas. Cuando la inteligencia artificial llegue a la medicina nos dará inseguridad hablar con un médico que no tenga un buen asistente informático que le ayude a diagnosticar y a recomendar un tratamiento, pero cuando la máquina haga todo el procesamiento de datos al médico le vas a pedir que tenga desarrollado un lado humano mayor que antes porque ya hace el trabajo de los datos.

Como 'Líder global joven' más influyente, ¿cuáles diría que deben ser las capacidades del profesional del futuro?

Necesitamos gente muy brillante que se sienta perfectamente identificada con la empresa y sus valores. De ellos queremos cincos cosas. La primera, liderazgo; una persona que le brillen los ojos, que tenga ambición y vocación. La segunda, creatividad; una persona que todos los días piensa en qué le toca aprender, que responde bien a los problemas mal definidos y que, además, le gusta desafiar el status quo con ideas no convencionales. La tercera es pasión por el detalle y excelencia, que le guste hacer las cosas bien, trabajar con calidad. La cuarta es trabajar en equipo, tener empatía y la última es que le preocupe el impacto de su trabajo y que sea honesto e íntegro.

¿Innovar no es ya una necesidad, sino una obligación?

En el fondo la tecnología está haciendo que las compañías con menos recursos sean capaces de generar más impacto. Eso hace que el conocimiento cada vez pese más porque el resto está automatizado. La diferencia entre el que tiene una manera más rápida de trabajar, más eficiente y más productiva y el que no la tiene cada vez es más agresiva.

Usted creó su empresa la semana que quebró Lehman Brothers, ¿cómo vivió esa experiencia?

Toda mi vida ha estado dirigida por crisis. Abrí la oficina de Barcelona durante el referéndum de Cataluña. En esos contex- tos hay dos maneras de innovar: por ocio o por supervivencia. La de ocio es cuando nos sobra un poco de dinero y realizamos, por ejemplo, una campaña de marketing crea-tiva.

¿La de supervivencia?

Cuando te inventas la manera de seguir adelante o desapareces. Ahora pesa más la de supervivencia, porque es mucho más pragmática. La innovación se va intensificando en los sectores más amenazados por la digitalización, que son los más ricos en datos. Los primeros fueron los medios de comunicación, que son información pura. Después, las telecos, que mueven bits de imagen o sonidos y más tarde llegaron los bancos, porque el movimiento de dinero no es más que un movimiento de bits.

¿Y lo siguiente?

La energía, pero diré que la penetración es total cuando trabaje en innovación para el sector inmobiliario. La ventaja del mundo tecnológico es que el conocimiento se renueva cada poco tiempo y cada vez es más fácil subirse al carro. Esto es una ventaja para el que llega el último. Muchas veces la innovación más interesante pasa en los países subdesarrollados. Si te vas a Marruecos, Senegal o Tanzania y contratas un guía, al parar a hacer una visita ese guía engancha su móvil al del chófer y eso significa que se están pagando en minutos de telefonía.

¿Qué va suponer la revolución del 5G?

Hoy lo hacemos todo a través de móvil. En un país como India, con 1.500 millones de personas, hace escasos siete años la penetración del móvil era prácticamente cero y durante muchos meses han estado implantando 40 millones de líneas al mes. En 2018 tenían el país completamente digitalizado, sin un cable. Por primera vez, tienen censo electoral. Han bancarizado a la gente y, a partir de ahí, puedes dar crédito, con lo cual la economía puede moverse. Estar más retrasado no es ninguna excusa, pero hace falta que haya líderes.

¿Qué exige usted a esos líderes?

Ahora hace falta muchísima más valentía. Se empiezan a ver líderes más categóricos, tanto en papeles masculinos como femeninos, porque los retos a los que se está enfrentando la gente son muy grandes.

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