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El diario de Antonio Pigafetta

Su emoción se desborda al relatar la muerte cruel de Magallanes en lucha con los nativos de la isla filipina de Mactán en abril de 1521| El eje fundamental de su crónica viajera reitera la hostilidad entre españoles y portugueses

El diario de Antonio Pigafetta

Francesco Antonio Pigafetta (Vicenta, Italia, 1480-1534), fue un hombre afortunado. Él mismo lo reconoce reiteradas veces en su Relación del primer viaje en torno al globo. Había venido a España en el séquito del nuncio apostólico en la corte del emperador Carlos V, monseñor Cericato, en cuyo trato nuestro hombre tuvo conocimiento de culturas lejanas recién descubiertas y de las novedades en el arte de la navegación. Todo ello encendió su afán de fama y notoriedad.

No bien se hubo enterado de la expedición que el navegante portugués Fernando de Magallanes preparaba para abrir una ruta por el oeste a las islas Molucas, cuando obtenida la correspondiente autorización de su mentor, y del propio emperador, Pigafetta se enroló en la nave Victoria, como sobresaliente, lo que le permitió poder escribir un diario en el que se propone reflejar las incidencias del viaje y cuantas circunstancias juzga dignas de mención de los pueblos que encuentran a su paso.

Pigafetta no es un antropólogo, ni un etnógrafo, ni siquiera intenta ser riguroso en las descripciones. Pero sus anotaciones tienen la frescura de lo inmediatamente observado. Nuestro autor anota lo que ve y lo que oye contar sin más crítica que alguna muestra de complacencia, sorpresa o ironía.

Subraya Pigafetta en su crónica como eje fundamental la hostilidad entre españoles y portugueses. En realidad esa era la razón del viaje, buscar una vía alternativa a la portuguesa para llegar a las Molucas. Señala el autor que los portugueses habían falseado las coordenadas de las islas para dificultar cualquier llegada. Incluso refiere que es de temer una revuelta en la expedición por ser Magallanes portugués y el resto de los capitanes españoles. Y algunas hubo que el almirante cortó de raíz.

La admiración de Pigafetta por Magallanes recorre las páginas del diario de principio a fin, pero es en el relato de su muerte cuando su emoción se desborda. El extenso relato de este hecho parece un guión cinematográfico, donde no hay ni el más mínimo detalle olvidado de una acción trepidante. Él intervino directamente en esta escaramuza de tan trágico final. Fue el 27 de abril de 1521 en la isla de Mactán, en las Filipinas.

Uno de los jefes de la isla, Cilapu-lápiz, se negó a reconocer la autoridad del rey de España, ni quiso pagar tributo y guardaba una actitud hostil hacia los miembros de la expedición. Magallanes decidió ir personalmente a darle un escarmiento. Transcribo alguno de los párrafos donde lo cuenta: "Esperamos efectivamente el di?a y saltamos entonces en tierra con el agua hasta los muslos, no habiendo podido aproximarse las chalupas a la costa a causa de las rocas y de los baji?os. E?ramos en todo cuarenta y nueve hombres, habiendo dejado once a cargo de las chalupas, y sie?ndonos preciso marchar algu?n tiempo en el agua antes de poder ganar tierra.

Encontramos a los islen?os en número de mil quinientos, formados en tres batallones, que en el acto se lanzaron sobre nosotros con un ruido horrible, (€), nos arrojaban nubes de lanzas de can?as, de estacas endurecidas al fuego, piedras y hasta tierra, de manera que nos era muy difi?cil defendernos. Hubo aun algunos que lanzaron estacas enastadas contra nuestro comandante, quien para alejarlos e intimidarlos, dispuso que algunos de los nuestros fuesen a incendiar sus caban?as, lo que ejecutaron en el acto. La vista de las llamas los puso ma?s feroces y encarnizados (€). Su nu?mero pareci?a aumentar tanto como la impetuosidad con que se arrojaban contra nosotros.

Una flecha envenenada vino a atravesar una pierna al comandante, quien inmediatamente ordeno? que nos retira?semos lentamente y en buen orden; pero la mayor parte de los nuestros tomo? precipitadamente la fuga, de modo que quedamos apenas siete u ocho con nuestro jefe.

Habiendo notado los indí?genas que sus tiros no nos hacían dan?o alguno cuando los dirigi?an a nuestras cabezas o cuerpos, a causa de nuestra armadura, pero que teni?amos sin defensa las piernas, en adelante so?lo dirigieron a e?stas sus flechas, sus lanzas y sus piedras, en tal cantidad que no nos fue posible resistir. Las bombardas que teniíamos en las chalupas no nos serví?an de nada a causa de que los baji?os no permiti?an a los artilleros aproximarse a nosotros (€). Como conoci?an a nuestro comandante, dirigi?an principalmente los tiros hacia e?l, de suerte que por dos veces le hicieron saltar el casco de la cabeza; sin embargo, no cedio?, combatiendo nosotros a su lado en reducido nu?mero. Esta lucha tan desigual duro? cerca de una hora. Un islen?o logro? al fin dar con el extremo de su lanza en la frente del capita?n, quien, furioso, le atraveso? con la suya, deja?ndosela en el cuerpo. Quiso entonces sacar su espada, pero le fue imposible a causa de que teni?a el brazo derecho gravemente herido. Los indi?genas, que lo notaron, se dirigieron todos hacia e?l, habie?ndole uno de ellos acertado un tan gran sablazo en la pierna izquierda que cayo? de bruces; en el mismo instante los islen?os se abalanzaron sobre e?l. Asi? fue co?mo pereció? nuestro gui?a, nuestra lumbrera y nuestro soste?n..."

Si bien es este hecho el que recibe más atención, el diario nos muestra un panorama de los aspectos geográficos, de la fauna real o fantástica, de la flora (especialmente de las plantas que producen las especias, que al fin y al cabo eran el objeto deseado), pero sobre todo, aspectos antropológicos de los pobladores de los lugares visitados, enormemente curiosos y ante los que a veces muestra sorpresa o complacencia.

En el diario abundan las referencias a las relaciones interpersonales, jerarquías de poder, costumbres de los grupos, y comportamientos sexuales, dejando traslucir el fácil acceso de los expedicionarios a las mujeres nativas. Cuenta que a menudo subían al barco a ofrecer sus servicios a cambio de baratijas. Pero solo las solteras porque una vez casadas no permitían un gesto de cariño en público ni a sus propios maridos (esta práctica está hoy extendida por todo el mundo).

En otra comunidad indígena cuenta nuestro autor, entre sorprendido y jocoso, una variante del cortejo de los jóvenes a sus novias: cuando iban a visitarlas se ponían un cascabel en el pene. En este caso no da razón alguna de esta conducta.

El hecho más sorprendente en este terreno lo encuentra en una isla del Pacífico : "Estos indi?genas andan completamente desnudos, sin ma?s que una tira de palmera que les cubre sus o?rganos genitales. Todos los hombres, tanto jo?venes como viejos, llevan el prepucio cerrado con un pequen?o cilindro de oro o de estan?o, del grueso de una pluma de ganso, que lo atraviesa de alto abajo, dejando al medio una abertura para el paso de la orina, y guarnecido en los dos extremos de cabezas parecidas a las de nuestros clavos grandes, los cuales tambie?n, a veces, se ven erizados con puntas en forma de estrellas. Me aseguraron que no se quitaban jama?s esta especie de adorno, aun durante el coito; que eran sus mujeres las que queri?an eso, siendo ellas las que preparaban de este modo desde la infancia a sus hijos: pero lo que hay de cierto es que, a pesar de tan extran?o aparato, todas las mujeres nos preferían a sus maridos... (parece que hoy día algunos usan un piercing en la misma zona para imitarlos).

El martes 9 de septiembre de 1522, y después de catorce mil millas recorridas, Pigafetta salta a tierra en Sevilla con el corazón agradecido por ser uno de los 18 afortunados que pudieron dar cumplimiento a esta hazaña. Desde allí marchó a la Corte de Valladolid. Allí escribe:

"Presente? a la Sacra Majestad de don Carlos, no oro ni plata, sino cosas que eran a sus ojos mucho ma?s preciosas, así le obsequie? un libro escrito de mi mano, en el cual habi?a apuntado di?a por di?a todo lo que nos habi?a acontecido durante el viaje".

*La crónica de Pigafetta se puede encontrar, de forma gratuita, en la dirección : http://redmundialmagallanica.org/wp-content/uploads/2015/09/PIGAFETTA-Primer-viaje-alrededor-del-mundo.pdf

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