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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista | Teo Hurtado y Janeth Aguirre

"A los militares españoles no les da miedo tocar a la gente los han visto jugar con los niños"

"La cooperación internacional ha permitido construir un puente sobre el río Niger para acercar las aldeas más alejadas", afirma

"A los militares españoles no les da miedo tocar a la gente los han visto jugar con los niños"

Las colombianas Janeth Aguirre y Teo Hurtado llevan nueve y quince años en Koulikoro (Malí), respectivamente. Ambas son monjas franciscanas de María Auxiliadora y han visto cómo la situación del país se ha ido degradando durante los últimos años con la presencia de terroristas y rebeldes. En esta entrevista ambas repasan cómo el Ejército de España ha ayudado al pueblo, en el que logró integrarse desde el comienzo de la misión hace seis años.

¿Cómo ha cambiado el país desde que llegaron hasta ahora?

Janeth Aguirre (J. A.): Llegamos a un país de una cultura muy simple, pero de mucha fraternidad, pueblos y etnias hermanadas donde todo el mundo se ayudaba mutuamente, había matrimonios entre ellos. Era un pueblo con muchas faltas, muchas carencias, con muchísimas cosas por hacer, pero con mucha paz. Todo se manejaba desde una cultura de leyes tradicionales y consejos tribales para mantener la convivencia y el orden entre las etnias y los pueblos. La policía incluso no tenía armas.

¿Todo eso ya no existe?

J. A.: La situación sociopolítica se ha ido degradando. Se empezó a ver presencia de extranjeros, yihadistas y grupos rebeldes, y a haber secuestros, extorsiones. Llegaron gentes de otros países que traían droga y se producían atracos en el transporte público, gente con armas blancas. Comenzamos a ver cambios negativos en los pueblos y en los ciudadanos. Antes como mucho se perdía una gallina, pero no había más. Luego en 2012 hubo un golpe de estado y alrededor de esas fechas hubo asesinatos ya de mafias internacionales presentes aquí en Malí, en Bamako concretamente.

¿Como se recibió entonces la llegada de los militares europeos?

J. A.:Pues con mucho miedo. Un militar aquí era una persona que te lo encontrabas en la calle sin armas, imponía el orden pero no llevaba arma; el arma era algo característico de los cazadores. No se entendía que la gente que nos cuidaba tuviera armas porque con ellas se mata. Cuando empezaron a ver militares extranjeros se asustaron mucho más. La gente sencilla, simple, se escondían, veían a un miliar y corrían. Producían mucho miedo.

¿Cuándo cambió esa visión?

T. H.: En los barrios cambió sobre todo con los militares españoles. Tuvieron un acercamiento en el barrio de Bakaribubu, donde se asentaron desplazados del norte y donde España construyó una escuela. Comenzaron a ver a los militares cercanos a través de los niños, porque jugaban con ellos, les daban dulces, se comunicaban, y así empezaron a perder el miedo. Las mujeres venían a nuestro centro y nos hablaban de 'los amigos de ustedes', que los habían visto jugando con los niños. Así se fueron acercando y rompiendo el hielo. Los españoles fueron los primeros que empezaron a salir de la base.

J. A.:Toda esa gente vio que los militares no eran solamente aquellos que están con un arma listos para disparar, sino también que vienen, conversan con la gente, juegan con los niños, construyen una escuela; a los militares españoles no les da miedo tocar a la gente. Con el testimonio de los españoles empieza a sentir que el militar es algo más que una persona que porta un arma.

¿Cuál es la labor de ustedes en el país?

J. A.: Es un trabajo social con las mujeres directamente. Tenemos un plan de promoción de la mujer con una biblioteca, una sala de informática para captar también la atención de la población, que fue lo que pidieron, donde damos cursos porque hasta hace diez años no había ni computadores, incluso en la administraciones todo se hacía a puño y letra. Tuvimos la oportunidad de formar a los funcionarios, así que al mismo tiempo que nos íbamos acercando a la población también lo hacíamos a la administración para darnos a conocer y hacerlos a entrar en confianza, hacerles ver que no veníamos aquí a convertir a la gente ni a ganarlos para nada.

¿Qué proyectos tienen en la actualidad?

J. A.: Estamos construyendo, con la ayuda del Ministerio de Defensa de España y el de Desarrollo de Alemania, un centro de nutrición. El objetivo es enseñar a preparar los alimentos, higiene, el tratamiento del agua y a mejorar sus dietas alimentarias con los productos locales. También tenemos con la oenegé Manos Unidas un proyecto de acompañamiento a la mujer embarazada y al niño hasta los 5 años, formación durante el embarazo, la vacunación, control prenatal. Aquí todavía el 40% de los bebés nacen en casas con matronas. Es muy natural pero muy riesgosa. La idea es crear estructura para que todas estas mujeres sean atendidas correctamente, con calidad e higiene, que exista un laboratorio y una unidad de ecografía para seguir el embarazo. Hay lugares muy cerca de aquí donde se da a luz con la luz de un telefono, de un celular, porque no hay nada, las condiciones sanitarias y en educación son casi nulas y la gente quiere seguir adelante. Y educando el pueblo y brindado condiciones sanitarias se genera desarrollo y se evita inmigración, se evita que los jóvenes se vayan con los grupos rebeldes porque se genera mano de obra y trabajo.

¿En qué situación se encuentra el país?

J. A.: Es muy incierta. Aparentemente, calmada y se puede seguir trabajando con una esperanza muy fuerte en la mujer y en la juventud.

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