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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Final de una etapa entre Camboya y los altos de Arafo

Si quiere visitar este 'planeta' alquile una moto, suba en una guagua local o pague a un pescador para que le cruce el río y huya de las recomendaciones de los guías tursticos, la mayora tiene un concepto viciado sobre lo que nos gusta

Final de una etapa entre Camboya y los altos de Arafo

Cuando lean esto, estaré en mi casa, en los altos de Arafo, tomando un caf é y maravillándome con las vistas del valle de Guimar y Gran Canaria al fondo, la isla que tan bien me ha tratado durante los últimos cuatro años. Un compaero de prensa en Las Palmas me saludó una vez diciéndome: "hombre! el fotógrafo que duerme en Tenerife y vive en Las Palmas". Recuerdo sonreir y pensar, que era una buena descripción. En realidad, esa ha sido mi vida en los últimos diez años, bien lo sabe mi familia y amigos, que casi tienen que poner una instancia para verme el pelo. Todo lo que necesito es una cámara, un par de calzoncillos y camisetas, una buena historia y desparezco, a veces unos días, a veces unos meses.

Estuve en Camboya el año pasado más que esta vez, con una semana en el país me ha sido suficiente para conseguir lo que necesitaba, aunque podría estar meses en cada país pero el dinero es finito y eso hace mi tiempo aquí, finito.

En la orilla este del río Tonle Sap, justo donde se besa con el gran Mekong, hay una comunidad Cham, que está pasando momentos dramáticos. Los Cham de este lugar son tremendamente pobres y a esta situación, hay que sumarle que el gobierno les está desalojando. No son una buena vista para los clientes del hotel Sokha, uno de los varios establecimientos de gran lujo de Phnom Penh. El Sohka es un hotel horrendo. Por fuera parece una barriada soviética y por dentro el recargado lujo de cartón piedra dorado lo hace empalagoso, pero pertenece a alguien muy rico y, en este país, como en muchos otros, los ricos mandan. Los Cham son pescadores que viven en sus barcos, como otras tribus de las que hemos hablado aquí, además musulmanes, lo que para un país racista como este, también es un punto en contra. Al llegar al asentamiento, enseguida me di cuenta de que no es bonito de ver, la basura se acumula en la orilla de la playa, debajo de sus barcos y se adentra más de cien metros hacia el hotel. La mezquita no es más que un montón de palos con unas lonas encima. Algunas chabolas hacen las veces de tiendas de productos básicos. Los niños corretean desnudos y volando cometas mientras sus padres acuden puntualmente al rezo de la tarde. Ma Nich, mi traductora camboyana, nació en la zona, pero en el seno de una familia Khmer. Me dijo que en su colegio tenía compaeros Cham y que a uno de sus amigos, una vez le invitaron a una sopa de fideos que tenía cerdo, sin decírselo, para ver cual era su reaccin. Típicas ruindades de niño que en este caso, demuestra una falta de sensibilidad del adulto al contrmelo riendo a carcajadas, pero no la culpa. Es como van las cosas por aquí.

Los Cham son amigables y abiertos, como la mayora de los camboyanos. Proceden de algún lugar de Malasia y están emparentados con los Orang Asli y Selatar del estrecho de Johor, así que, muchos musulmanes malayos envían ayudas a esta comunidad, especialmente durante el Ramadán.

La verdad es que hacer las fotos fue bastante dificil. Algunas personas, especialmente las mujeres, no queran ser retratadas y los espacios que me había imaginado dentro de los barcos son muy estrechos para hacer cualquier movimiento. Imaginen como colocar un flash de estudio en el interior de uno de estos, que apenas tienen un metro y medio de altura en su interior. Cuando el sol se ponía, aún no tenía nada que realmente me gustara, así que, decidí volver otro día.

Otro de los grupos importantes y que he venido buscando a Camboya es el de los Chinos Khmer, la mayora de ellos son personas de éxito, con negocios sobre todo en la restauracin y el sector inmobiliario. Son las personas más ricas del país y bastante reservados, cualquier contacto con la prensa suelen rechazarlo, sobre todo por si lo que digan pueda tener consecuencias negativas en sus negocios. Cualquier palabra malinterpretada en este país, te puede llevar a la ruina por el camino rápido. El Phnom Penh Post, por ejemplo, el periódico más importante de Camboya y el último bastión de la libertad de prensa en Camboya fue acusado de deber impuestos por valor de cinco millones de dólares, un periódico que se vende a menos de un dólar y solo lo compra quien sabe leer y en inglés. Hagan los cálculos de cuantos periódicos tendrán que haber vendido y durante cuantos años, para tener una deuda de esa magnitud. Este comunicado gubernamental generó también la mágica aparición de un inversor Malayo que por casualidad es amigo personal del presidente de Camboya. Nada más pisar la redacción, se dedicó a fulminar todo atisbo de disidencia política y editorial lo que ha convertido al medio de comunicacin en un vasallo más del régimen. Camboya tiene lo que las Naciones Unidas llaman una democracia débil. Una democracia donde el partido en el gobierno ha ilegalizado todos los partidos de la oposición.

El domingo por la noche me fui con un colega fotógrafo a un bar de otro amigo español y resultó que en el propio bar algunos de sus empleados Chinos Khmer. Así que el lunes volví al bar con mi cámara al hombro, para fotografiar a un empleado de Javi y Sophea. Me contó que su sueño es montar un restaurante en Phnom Penh. La situacin fue un poco rara porque estuve esperndole durante casi hora y media mientras Sophea limpiaba. Tenía la sensación de estar molestando y mucho con todas mis cosas montadas allá en medio. El Space Hair Salon & Bar es eso, una peluquería por el día y un bar por la noche. Estas cosas solo pasan en Asia.

Quedó con una amiga de un compañero fotógrafo, que vive en Phnom Penh, para que me ayudara con la traducción. Bella, que en realidad es contable en un restaurante local, pero fue guía turística hace unos años en Siem Reap. El martes cogí de nuevo el ferry que te lleva a la otra orilla del río, esta vez bien acompaado y con mi objetivo muy claro. Hablamos en primer lugar con el jefe del poblado, esto siempre lo hago como una señal de respeto, aunque no tienen más poder que un presidente de asociación de vecinos en España. Le pregunté por Muhnir, aunque úan no sabía que se llamaba así. Tiene 31 años y nació con una deformidad en las piernas que le impide andar, algo más común en la península de Indochina que en cualquier otro lugar del mundo, debido al agente naranja. Este herbicida, tremendamente tóxico y fabricado por Monsanto, fue esparcido por los aviones estadounidenses durante su guerra oculta contra Camboya. La idea era destruir la jungla para que el enemigo no pudiese esconderse, pero las consecuencias para la población han sido terribles durante generaciones. Viviendo aquí Muhnir ni siquiera pudo ir a la escuela, nunca sale del poblado. Vive en un barco y cada vez que tiene que salir, tienen que cargarlo a hombros y luego sentarlo en su silla, una vez en tierra, el suelo es tan pedregoso que vuelve a necesitar ayuda, así que es un absoluto dependiente en un país donde las motos aparcan en las aceras masivamente y cuando no hay motos hay puestos de comida o un agujero de dos metros de profundidad. No existen las rampas o ascensores en la mayora de los edificios y por supuesto, no hay transporte pblico adaptado. Sin decirlo, les consideran parásitos por los que no hay que preocuparse, ya lo harán sus familias. Todas las personas que fotografía en el poblado me dijeron que lo más importante en sus vidas era la religión. Me he dado cuenta que esto suele ocurrir en las comunidades musulmanas pobres. Es lo único que tienen muchas veces. Muhnir, sin embargo, me dijo que quera una moto de tres ruedas, para poder ver el mundo.

Tengo que confesar que en estos últimos momentos tengo una sensación agridulce. Acabo de terminar un proyecto de casi una dcada que me ha llevado muchos esfuerzos y sacrificio y estoy contento, pero al mismo tiempo, se que pasar tiempo hasta que vuelva a pisar este continente y eso me entristece. Ahora pondré mi objetivo en otros lugares, en proyectos que llevan en la nevera demasiado tiempo y eso me ilusiona.

Nunca antes había estado en Phnom Penh y no he estado en otros cientos de lugares del sudeste asiático. Cuando la gente me pregunta a donde ir de vacaciones por aquí, me suelo quedar en blanco, realmente, no conozco todos esos lugares a donde va el turismo, aunque me consta que algunos valen mucho la pena. Pasé años viviendo entre Tailandia y Myanmar y nunca pisé las playas del sur, hace un año que fui por primera vez a Phuket y creanme, eso no es Tailandia. Estos no son los lugares donde encuentro a las personas que busco, de la verdadera Asia que he querido conocer. Siempre me he visto como viajero y no como turista, son conceptos totalmente diferentes. Nunca me he subido a un elefante, aunque uno casi me aplasta hace unos años en el estado Karen. Nunca he comprado un sombrero cónico, aunque tengo uno en casa, regalo de uno de mis traductores. Nunca comí insectos en Kao San Road, pero los comí con los Padaung en la frontera entre Tailandia y Myanmar para desayunar, porque era lo que haba. Nunca me puse un pantaln con motivos asiáticos pintados o una camiseta de "I love Bali". De echo, he recorrido Indonesia desde Sumatra a Papua y nunca pisé esta isla.

Lo cierto es que recomiendo a todo el mundo que quiera visitar este 'planeta', que investigue un poco y vaya más allá. Que alquile una moto, que se suba en una guagua local o pague a un pescador para que le cruce el río. Cuando busquen en internet que ver en Laos, Papua o Tailandia, vayan a la página 20 del buscador e ignoren las recomendaciones de Trip Advisor. Si empresas como Agoda o Booking, no tienen acuerdos con ningún hostal en un lugar concreto, ese, seguro, será un destino interesante si lo que quieres es zambullirte en el verdadero lejano Oriente.

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