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La Provincia - Diario de Las Palmas

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De Abades al cielo

Pedro Rodríguez se había hecho celebérrimo en el mundo entero por su extraordinaria capacidad para aparecer en el sitio oportuno en el momento adecuado

De Abades al cielo

Pedro Rodríguez se había hecho celebérrimo en el mundo entero por su extraordinaria capacidad para aparecer en el sitio oportuno en el momento adecuado. Así fue que se convirtió en el destornillador perfecto para el Barça en un sinfín de grandes competiciones como la Supercopa Europea, que los azulgrana se adjudicaron con un golazo suyo en Mónaco; o la Liga de Campeones, en una de sus finales más vibrantes de todos los tiempos, que desniveló el equipo entonces dirigido por Guardiola con otro tanto de Pedro frente a un enorme Manchester United.

Al ritmo vertiginoso que llevaba para entonces la carrera del atacante isleño, era natural que Del Bosque apuntase su nombre en la definitiva lista para Sudáfrica. Venía Rodríguez de un año espectacular. No en vano, en 2009 se había hecho hueco en la galería de los récords tras convertirse en el primer futbolista de todos los tiempos que lograba marcar en todos los torneos de clubes habidos y por haber. Fue en Abu Dabi donde inscribió su nombre en la historia tras un extraordinario Mundial por equipos. También ahí fue protagonista.

Así que no había dudas. No las tuvo Del Bosque cuando pensó en él y le dio toda su confianza. "¡Tómalo!", exclamó Pedro rodeado de sus familiares y amigos más íntimos en su domicilio de Abades mientras el seleccionador anunciaba la lista por televisión. El tinerfeño no tardó en responder con creces a las altísimas expectativas que habían depositado en él. A los pocos días se estrenó con la selección (con el dorsal 2, porque no había otro) y enseguida confirmó su idilio con el gol. También con la Roja.

Llegados a Sudáfrica le cedieron el 18 con el que descorchó la condición de titular en un Mundial. Pero quería más. Tras un desgraciado debut con Suiza, se ganó galones de titular y llegó a los partidos decisivos con la condición de indiscutible. Le dieron carrete para ser titular en la semifinal (contra Alemania) y la final (frente a Holanda). Palabras mayores. "Fue un momentazo espectacular", rememoraba estos días cuando se le preguntaba por el instante en el que supo que formaría parte del once elegido para la gloria.

"Intuíamos que podían ser partidos complicados", evoca Pedro, quien cree que afrontaron aquellos duelos "desde la máxima ambición". "La imagen más bonita de todas fue la del gol del Andrés", aduce. Pero la que guarda para siempre es la suya levantando la Copa. La estampa que tantas veces soñó, captada por fotógrafos de todo el mundo en el brillante césped del Soccer City de Johannesburgo. Desde entonces y para siempre, el escenario donde Pedro bordó su estrella en su roja camiseta de la selección de su país.

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