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De euforia y frustraciones

En la vida existen momentos históricos que cada uno vive de mil y una formas y maneras diferentes

De euforia y frustraciones

De euforia y frustraciones

En la vida existen momentos históricos que cada uno vive de mil y una formas y maneras diferentes. Es el caso de quien suscribe en referencia a esa efeméride que, en estos días, cumple años y que no es otra que el décimo aniversario de la conquista del título del Mundial de fútbol, disputado en Sudáfrica, por parte de la selección de España que dirigía Vicente del Bosque -y que contaba con el grancanario David Silva y el tinerfeño Pedro Rodríguez en sus filas-, al imponerse a Holanda en la final.

Entonces, en aquel mes de julio y desde hacía un largo período, por los avatares de la vida, 'vivía' lejos de la sección de Deportes del periódico, de ahí que tampoco siguiera en vivo y en directo desde las calderas del rotativo la final de 'La Roja' frente a la selección 'Orange', ni dejara constancia escrita del acontecimiento.

Fue, por tanto, una vivencia diferente, una vivencia de aficionado futbolístico que hizo suyo, como muchos otros aficionados españoles, el grito histérico -a la vez que histórico- del que también fuera seleccionador español en el Mundial anterior, José Antonio Camacho, cuando desde lo más profundo de su garganta, su corazón y su alma exclamó aquello de "¡Iniesta de mi vida!", después de que el manchego anotase, en el minuto 116 -un número asimismo inolvidable-, y tras batir a Stekelenburg de fuerte derechazo, el gol que daba el título de campeón del Mundo a España.

El estallido de alegría y felicidad vivido junto a aquellos con quienes compartí esos instantes y los posteriores de celebración por todo lo alto, son inenarrables a la vez que, por supuesto, inolvidables. Y la euforia tuvo entonces rienda suelta tras la angustia contenida durante los 115 minutos anteriores de partido.

Llegaron entonces los momentos de las cervezas, de los 'cubatas'€, en definitiva, los momentos de los brindis por el triunfo de 'La Roja'. También llegaron los instantes de las bromas€. "Piqué y Casillas cumplieron pese a la presencia de Shakira y Sara Carbonero", decía uno€ "El pulpo Paul volvió a acertar y ¡qué bueno, nos hizo campeones!", añadía otro, quien a su vez recibía por respuesta a su comentario: "¡Ten cuidado, no vuelvas a comer pulpo, no sea que te comas al bueno de Paul tras sus acertijos!"€

Y así un buen rato de jarana hasta que, al caer ya la noche definitivamente, llegaron unos instantes de frustración dentro de tanta euforia.

A pesar del orgullo de que llevara la elástica roja en esa fase final del primer y único Mundial disputado hasta ahora en África, sentí frustración por no haber visto sobre el terreno de juego al grancanario David Silva, al que Del Bosque dejó en el banquillo tras señalarle -aunque no fuesen sus intenciones- como culpable de la derrota del primer encuentro frente a Suiza. Pero ése es tema para otro debate€

Profesionalmente también la hubo. Sin ningún tipo de ego personal, a cualquier profesional del periodismo deportivo le gustaría alguna vez escribir unas líneas de este tipo de acontecimientos, aunque, al final, y como reza la castiza expresión: "¡Que nos quiten lo bailao!".

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