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Historia

Escalante de Mendoza hizo la náutica de Felipe II

El militar realizó el plano de asentamientos españoles de Porto Bello (Panamá) a Cabo Caballos (Honduras) y fue capitán general de la Armada española, la más poderosa del mundo

Escalante de Mendoza hizo la náutica de Felipe II

Escalante de Mendoza hizo la náutica de Felipe II LP/DLP

Juan Escalante de Mendoza fue es el "autor" de la náutica de Felipe II cuando la Armada Española era la más poderosa del mundo.

El libro V, capítulo II, de las célebres Disquisiciones Náuticas del capitán de navío Cesáreo Fernández Duro, editadas por los impresores de cámara de Su Majestad el rey Alfonso XII en 1880, menciona la figura de Juan Escalante de Mendoza como fabricante de navíos de su invención allá por el año de 1550. El capítulo IV del citado volumen refiere a nuestro protagonista como el primer tratadista en elaborar reglas para la fabricación de naos, gracias a su enorme experiencia adquirida navegando desde la niñez en los buques de la carrera de Indias.

El capital general de la Armada española, don Juan Escalante de Mendoza, perteneciente al noble linaje de las casas de Noriega, Mendoza y Concha de Colombres, nació en una fecha aproximada a 1529.

Era hijo de García de Escalante y de doña Juana de Mendoza y destacó, desde la infancia, por su inclinación a las armas y a la práctica habitual de ejercicios militares y marítimos.

Con apenas 15 años, Juan se trasladó a Sevilla, principal puerto de comercio con América y sede de la Casa de Contratación desde 1503. De allí partían expediciones, mercancías y personas con destino a las Indias y allí también atracaban los barcos del tío de nuestro protagonista, don Álvaro de Colombres, quien muy pronto verá en su sobrino las principales cualidades que debe poseer un buen marino: destreza, valor, disciplina y conocimiento.

Juan viajó de la mano de don Álvaro por toda América (Veracruz, La Habana, Cartagena de Indias) hasta que capitaneó sus propios barcos y llegó a convertirse en gobernador de las provincias de Honduras por orden de los Reales Administradores de la Casa de Contratación sevillana.

De regreso a España se casó con doña Juana Salgado, hija de Alejo Salgado Correa, juez de la Real Casa de Contratación, con quien tuvo su hijo Alonso. Este casamiento le facilitó una mejor posición económica y una gran influencia en el devenir comercial y económico de la ciudad.

Tras su matrimonio y el nacimiento de su primogénito, Juan Escalante siguió navegando y levantando cartografía de asentamientos españoles en América, desde Nombre de Dios o Porto Bello (Panamá) hasta Cabo Caballos (Honduras). Por sus servicios como oficial se le concedió el título de regidor municipal de la ciudad de Sevilla y, casi al final de su vida, en 1595, fue nombrado, por el rey Felipe II, capitán general de la Armada y de la flota de Nueva España. Al año siguiente, encontraría la muerte en tierra firme en la ciudad de Nombre de Dios.

La relevancia de la figura cristalizará, de modo definitivo, gracias a la publicación del tratado de navegación más importante de su tiempo: Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales, en el que Juan Escalante compiló todo el aprendizaje obtenido en sus más de 28 años al frente de los principales navíos de la escuadra española en el continente americano.

Esta obra, escrita en 1575 y dedicada al rey Felipe II, no vio la luz hasta que el propio Fernández Duro la publicó, de modo parcial, en el libro V de sus Disquisiciones Náuticas.

Se trata de un compendio, dividido en tres libros, escrito en forma de diálogo, "siguiendo el modo de los grandes filósofos griegos y latinos que lo usaron por la más cómoda disposición que suele tener este modo de declarar las cuestiones y artículos que confieren y pretender saber en las materias que se tratan".

En él, un joven deseoso de conocer el arte de navegar se embarca con el piloto mayor de un navío a quien pregunta todo aquello que llama su atención. Los materiales empleados en la construcción de las naves, las partes y dimensiones de las mismas, el conocimiento de vientos y corrientes, el manejo de los distintos instrumentos de navegación (agujas y cartas náuticas, astrolabios, ballestillas) son solo algunos de los ejemplos más destacados del contenido de este esencial tratado.

Presentado al Consejo de Indias para su aprobación y tras serle concedida después de contar con el beneplácito de los más importantes cosmógrafos, astrónomos y marinos de la época, finalmente no fue publicado debido al recelo de la monarquía a proporcionar información naval al resto de potencias extranjeras.

El ejemplar original de esta obra fue depositado por orden superior del 5 de octubre de 1593 en el Consejo Real de Castilla, tal y como se recoge en el Registro del Consejo de Indias, realizado por el historiador Antonio de León Pinelo. Alonso, el único hijo de Juan de Escalante, reclamó para sí la potestad de editar la obra de su padre cuarenta y ocho años después de su muerte. No lo logró.

El escritor, político, historiador y biógrafo Martín Fernández de Navarrete, en el tomo II de su obra Biblioteca Marítima Española, publicada póstuma en 1851, señala la existencia de un borrador original del tratado conservado en la biblioteca del actual Museo Naval de Madrid y del que existe copia en el Depósito Hidrográfico, así como de otra copia conservada en la biblioteca del conde de Villahumbrosa.

Actualmente existe un ejemplar custodiado en la Biblioteca Nacional de España (signatura MSS/3104), compuesto por 394 páginas, con numerosas anotaciones manuscritas y acompañado de una minuta escrita por el hijo de nuestro protagonista, en la que se solicita merced al rey por los gastos y pérdidas que le causó no habérsele permitido imprimir la obra.

Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales fue publicada completa en 1985, editada por el Museo Naval de Madrid en colaboración con la Biblioteca Nacional de España. Es, sin duda, un compendio de enorme calado que convierte al riosellano Juan Escalante en uno de los marinos más destacados de su tiempo y hace que esta obra pueda ser considerada, según el propio Fernández de Navarrete, como "la suma de conocimientos marítimos de aquella edad, importantísima para la historia de la navegación y digna de todo aprecio por la sencillez con la que está redactada y por los sucesos y noticias que refiere".

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