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Historia

La última conspiración contra Franco

El PCE y los servicios de inteligencia norteamericanos se aliaron, a principios de la II Guerra Mundial, para preparar un golpe contra el dictador en la denominada Operación Banana

La última conspiración contra Franco

16-1-44.

Queridos madre y hermanos: Voy a morir porque todo ha sido inútil. Voy resignado y no he hecho mal a nadie. Estoy nervioso pues me cuesta mucho escribir. No os pese haberme contado entre la familia. No he hecho nunca mal a nadie. He sido un hombre que luchó por España. Perdón por lo que habéis sufrido. Besos y valor

Manolo

Estas son las palabras de la última carta que Manuel Lozar Feliz escribió desde la cárcel a su familia. Poco más de un año después, en la mañana del 16 de enero de 1945, era fusilado, junto a siete personas más, en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares. Sus cuerpos todavía están enterrados en las fosas comunes 38 y 39 de la necrópolis madrileña. Todos ellos estaban involucrados en la denominada Operación Banana, cuya raíz brota del bombardeo japonés sobre Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941 o, más bien, de la decisión que tomó EEUU a raíz de aquella agresión: participar en la Segunda Guerra Mundial.

Fue entonces cuando la Office of Strategic Services (Oficina de Servicios Estratégicos, OSS), la agencia matriz de la actual CIA, aconsejó a las autoridades gubernamentales norteamericanas que no deberían fiarse de la teóricamente neutral posición de España en aquel conficto bélico, acordada en el histórico encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya, pues de todos eran sabidas las simpatías (y algo más) entre Franco, y varios de sus ministros, con la causa del Tercer Reich y la Italia de Mussolini. La OSS encargó a un exiliado español, Ricard Sicre Cerdá, el reclutamiento de una serie de agentes, todos ellos españoles, dispuestos a servir de punta de lanza frente a una posible penetración de los nazis en territorio español a través de la toma de Ceuta y Melilla para desde ahí bombardear los puestos de artillería y las comunicaciones de la península.

Según relata Álvaro Corazón Rural, en julio de 1943, los espías españoles desembarcaron en Río de la Miel, en Málaga. Eran ocho hombres: Manuel Lozar, radiotelegrafista de la Marina de Guerra Republicana, Ignacio López, teniente radiotelegrafista de aviación, Pedro Royo, telegrafista de artillería antiaérea, Jaime Pérez Tapia, comandante de batallón de la 207 Brigada Mixta y Guillermo Garrido de las Heras, sargento del Tercer Batallón de la primera brigada de carros blindados. Junto a ellos, iban tres guías veteranos del ejército republicano que conocían el terreno, Joaquín Centurión, Francisco Bueno Ledesma y Luis Ruiz Aguayo, que "tenían como objetivo conectar a la misión con el PCE de Málaga y redes clandestinas que pudieran darles apoyo y lugares seguros para cobijarse y esconder las radios".

Simultáneamenta a esta operacion, otras acciones iban a ponerse en marcha, y todas ellas con nombres de frutas: en Barcelona, Operación Cereza; en Madrid, Limón; en Cartagena, Naranja; en Melilla, Albaricoque y en Cádiz, Uva.

Llegada esta altura, es preciso explicar por qué todos estos "proyectos" de derrocar a Franco fracasaron. La teoría mas simple, y seguramente la más acertada aunque no la más completa, se sostiene en el hecho de que a medida que avanzaba la Segunda Guerra Mundial, las relaciones entre Estados Unidos y la URSS se estaban conceptuando ya en clave de futuro; iban a ser dos potencias directamente rivales finalizado el conflicto y eso lo sabían perfectamente sus dirigentes. En esta tesitura, una alianza entre el PCE (en manos de los soviéticos) y la OSS resultaba ya inconcebible.

Sin embargo, la Operación Banana comenzó a fracasar incluso antes. Por una parte, el Gobierno británico nunca la vio con buenos ojos, al punto de que en ningún momento ofreció su apoyo desde su embajada en Madrid. Más bien todo lo contrario. Churchill y su diplomacia siempre creyeron tener "controlado" a Franco y veían en él, más que un "enemigo presente" un "aliado futuro". Y, por otro lado, la OSS no habló directamente con la cúpula dirigente de los comunistas, sino con la Unión Nacional Española, una organización pantalla del PCE que creó una retrato de lo que ocurría en España que nada tenía que ver con la realidad.

Quienes más han investigado sobre este episodio histórico han sido los cineastas Pablo Azorín Williams y Marta Hierro, que lo han plasmado en sendos e interesantes documentales, Agente Sicre, el amigo americano y Espías en la arena, por los cuales han recibido numerosos premios y distinciones. En el primero, los cineastas fijan su atención en Ricard Sicre, un ex militante de Esquerra Republicana con una vida espectacular. Tras exiliarse en Washington rebautizado como Richard Sickler, la OSS confió ciegamente en él y, en 1943, estaba considerado el líder de la red de espionaje sobre España. Trabajó con exbrigadistas internacionales y exiliados, se aproximó al PCE, preparó guerrilleros, envió agentes a Melilla, Cádiz, Cartagena, Barcelona y Madrid y hasta acudió a Francia para desactivar redes de colaboracionistas nazis que convirtió en topos. Para sorpresa de todos, durante el franquismo se erigió, empresario y millonario, en una de las personalidades con más glamour del régimen, pero esa es otra historia...Debe quedar muy claro que Sicre jamás traicionó a los suyos sino que, muy a su pesar, y siguiendo órdenes, tuvo que abandonar a su suerte a los hombres que él mismo había formado e incluso convencido para jugarse sus vidas en aquella operación. Y ¿quien sabe? Es posible que acatar aquellas órdenes hubiese derivado en un trauma que jamás dejó de dolerle en el alma. Esa es, al menos, la visión que transmite Pablo Azorín en el documental El amigo americano. Azorín, no obstante, se muestra sumamente crítico no solo con aquellas órdenes sino también porque a aquellos valientes los abandonaron a su suerte, los "olvidaron" antes incluso de que sus vidas pasasen al olvido, al anonimato del que han sido rescatados en estos documentales. "Fue algo común a la mayoría de los agentes irregulares de la OSS. Pero, además, la mayoría de los republicanos españoles que participaron en la operaciones de la OSS en España militaban en el PCE. El advenimiento de la Guerra Fría, el posterior reconocimiento internacional y apoyo a la dictadura por parte de Estados Unidos, los convirtió en personajes incómodos a los que era mejor enterrar en el olvido. Si en su momento, cuando fueron hechos prisioneros, encausados y condenados a muerte, no se les ayudó ni reconoció, ¿qué beneficio puede obtener Estados Unidos en reconocer oficialmente a un grupo de comunistas españoles que sirvieron en su principal servicio de inteligencia militar?", declara Azorín a Álvaro Corazón.

Y Manuel Lozar Feliz, que al acabar la Guerra Civil se había refugiado en Francia, fue uno de aquellos valerosos hombres que hubo que "sacrificar". Su nacimiento en Lugo, en 1918, se debió a la profesión de su padre, Isidoro, empleado del ferrocaril al que le tocó trabajar en unas obras en la provincia lucense, ya que tanto éste como su madre, Dolores, eran malagueños. Debía tener Manuel no más de tres años cuando la familia regresó a su ciudad, si bien fue en otra villa gallega, Ferrol, donde Lozar Feliz pasó su etapa de formación militar en la Armada de Guerra de la República, a la que permaneció fiel hasta ser fusilado cuando aún no había cumplido los 27 años de edad.

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