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Epidemias y cometas

El destacado astrobiólogo Chandra Wickramasinghe opina que la pandemia de coronavirus fue provocada por un astro avistado en China en octubre del pasado año

El cometa Neowise visto desde Canarias en julio pasado

El cometa Neowise visto desde Canarias en julio pasado

Este año nos visitaron dos cometas que deberían haberse observado a simple vista. El primero fue el decepcionante Atlas, que detectado el 28 de diciembre pasado por el laboratorio de la NASA debería hacerse visible a finales de abril, pero se desintegró unos días antes y nos dejó expectantes ya que solo se pudo ver con prismáticos o telescopios. El segundo, el Neowise, de mejor comportamiento visual se pudo divisar en julio aunque no era muy espectacular. Por otra parte, también hemos recibido la visita de una pandemia. ¿Están relacionados los dos sucesos?

Primer dato a tener en cuenta: hace pocos días se conoció por la prensa que un destacado astrobiólogo, Chandra Wickramasinghe, creía que la epidemia de coronavirus la provocó un cometa que se vio en China en el mes de octubre del pasado año (no es ninguno de los dos a los que me referido). Comentaristas y científicos se echaron manos a la cabeza para denunciar el disparate cometido. Sin embargo, y con esto no pretendo defender esta teoría extravagante, lo anunciado por el catedrático británico es coherente con su tesis de que la vida, y también las enfermedades, se difunden en el Universo por medio de asteroides, meteoritos, cometas y otros viajeros interestelares. Esta teoría de la “panspermia” la publicó hace ya unas décadas en colaboración con Fred Hoyle, otro destacado astrofísico y cosmólogo que mantiene igualmente que el Universo está en permanente creación. Leí sobre ello hace más de cincuenta años y debo confesar que en aquel momento me convenció (pecado de juventud más que falta de juicio, quiero pensar).

Segunda cuestión sobre la que reflexionar: las epidemias nunca han tenido un origen claro, pero durante muchos siglos se ha pensado que eran un castigo de Dios por nuestra mala conducta o por los pecados de nuestros gobernantes, que es una explicación que aún hoy estaría bien fundamentada. Veamos, por ejemplo, lo que nos dice la Biblia en el segundo libro de Samuel (24; 10 y sigs.): “¿Qué quieres que te venga, tres años de hambre, tres meses de derrotas o tres días de epidemia?” Es lo que Dios, por boca de su profeta Gad, le da a elegir a David que había pecado al mandar a la muerte a Urías, uno de sus comandantes, quien cometió el error de estar casado con Betsabé de la que se encaprichó el rey de Israel. Elegida, como castigo, la epidemia, nos dice Samuel que murieron setenta mil hombres salvándose David que fue el causante de todo. Demasiados fallecidos para la demografía del Israel del año mil antes de Cristo, pero no vamos a discutir de números con un profeta sino lo hacemos con Fernando Simón.

Volvamos a analizar los cometas. Como es sabido un cometa es un cuerpo celeste con cola, con cabellera para ser más exactos. También aquí la historia es larga pues sabemos que hablan de ello Pitágoras, para quien un cometa era un astro ardiente. Aristóteles opinaba que era un efluvio de la Tierra, un aire seco que se inflamaba en las alturas. Séneca no tenía muy claro de qué se trataba, pero le dedicó varias páginas en sus libros. Plinio lo recogía todo en su voluminosa Historia Natural, y, sobre todo, Ptolomeo que los clasificó en diez tipos según su forma: espada, puñal, lanza,…, sin que todos estos autores llegasen a ningún acuerdo ni en su naturaleza ni en su función.

Pero se va imponiendo la idea de que los cometas avisan de grandes acontecimientos, casi siempre de desgracias y catástrofes: terremotos, derrotas, muertes y, sobre todo, epidemias. Podemos, por ejemplo, leer al poeta Manilio (siglo I) quien afirma con rotundidad que los cometas son: “…presagios de guerras civiles y epidemias”. Es decir, no causan directamente el mal pero si son un signo que nos manda Dios, los dioses para Manilio, de que éste va a llegar. Por completar el panorama añadiré que al morir César apareció un cometa que fue interpretado como la deificación del dictador que se habría convertido en estrella. Estos catasterismos se producen ahora frecuentemente, aunque de manera efímera, en los programas de Mater Chef, antes tenían más glamour.

“Al final de marzo de este año, apareció en la parte oriental del cielo un cometa, entre Virgo y Libra, los cuales son signos anunciadores para el cuerpo humano de gran destrucción y muerte…”.

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Recordemos, volviendo ahora a las epidemias, lo que decía la Crónica que sobre la peste negra que asoló Europa en el siglo XIV escribió la familia Villani hacia el 1350: “Al final de marzo de este año, apareció en la parte oriental del cielo un cometa, entre Virgo y Libra, los cuales son signos anunciadores para el cuerpo humano de gran destrucción y muerte…”.

Si repasamos la historia conjunta de epidemias y cometas es fácil establecer una relación casual, que no causal, entre unas y otros ya que para cualquier gran pandemia en la que podamos pensar hay un cometa que serviría de mensajero de los dioses. Hay muchas epidemias bien documentadas, desde la sucedida en el Imperio Hitita, en el reinado de Mursili, hacia el 1300 a.C.; para el Egipto de los faraones recordemos las diez plagas, pero solo una es una epidemia, la de “úlceras”; entre los griegos donde la gran peste de Atenas entre el 439 y el 429 a.C., está muy bien relatada por Tucídides. La enfermedad, nos dice, “atacaba a la garganta, producía ronquera, estornudos, tos y bajaba al pecho”, casi como el coronavirus. También los romanos que sufrieron muchas entre las que sobresale la epidemia de los Antoninos, en la que murió Marco Aurelio; la que asoló Bizancio con Justiniano, hacia el 541 y donde cuentan que morían diez mil hombres en un solo día; las de la Edad Media, la de peste bubónica del siglo XIV es quizá la más mortífera de la que tenemos noticia, todas bien documentadas aunque en ocasiones no sabemos si eran epidemias de peste, de viruela, de sarampión, de tuberculosis que entonces mataba hasta a los ricos, o de qué.

Pero siempre hay un cometa que la precede en unos meses o en unos pocos años lo que nos sirve para apuntalar la hipótesis del signum, de la señal. Un cometa que ha jugado en esto siempre en Primera División es el cometa Halley que con sus apariciones cada setenta y cinco o setenta y seis años está presente en varias de estas epidemias además de en el Portal de Belén, en la batalla de Hasting, en los cuadros de Giotto y en otros muchos acontecimientos importantes. Tiene vocación de novio en las bodas y de difunto en los entierros. Claro que debemos tener en cuenta que cometas hay muchísimos ya que, como dije, en este año 2020 hemos recibido al menos al Atlas en marzo y el Neowise en julio.Y es que no hay, podríamos decir, año sin cometa y por tanto asociar uno a la epidemia correspondiente no es difícil.

Claro que no hay pruebas para la teoría de los cometas, pero nunca las hubo y eso no fue ni es óbice para que lo creyeran o para que nos lo creamos

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Recapitulemos: ¿trajo un cometa la peste de Wuhan?, ¿fue el cometa que se vio en China solo el mensajero de la noticia? No tengo por qué dudar de lo uno o de lo otro ya que hasta ahora nadie ha encontrado para el origen de la epidemia una verdad alternativa científicamente demostrada, aunque se sospeche que es una zoonosis transmitida por los murciélagos. Claro que no hay pruebas para la teoría de los cometas, pero nunca las hubo y eso no fue ni es óbice para que lo creyeran o para que nos lo creamos. ¿Cuántas cosas pueden decir sabios y profetas sin saber absolutamente nada de lo que tratan? Mantengamos, por tanto, la mente abierta. Séneca y demás no es fácil que se equivoquen.

Por cierto, hay noticias de que el asteroide identificado como 2018VP1 puede impactar en la Tierra el próximo 2 de noviembre. ¿Qué nos traerá?, ¿Qué desgracia anunciará? (Sí, estoy pensando en Donald Trump que se presenta a la reelección el día 4 de ese mes).

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