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El General Libertador

Pedro Santana, hijo de un emigrado del barrio de San José, se convirtió en el primer presidente de la República Dominicana - Fruto de sus gestas en América, recibió el título de Marqués de Las Carreras por Isabel II

Óleo del general Pedro Santana

Óleo del general Pedro Santana

La recuperación de una vieja casona en el entorno de la iglesia de San José nos trae recuerdos históricos de sus antiguos moradores, que llegaron, por su esfuerzo y laboriosidad, a alcanzar prestigio en el vasto continente americano. De un modesto canario del barrio, salido de la Casa Cuna de Expósitos de Santa Ana, proceden ilustres y reconocidos personajes que alcanzaron fama en la otra orilla del Atlántico, de los que destacaremos a tenientes generales, obispos, sacerdotes, alcaldes y hasta un notable cantante, actor y empresario venezolano, José Luis Rodríguez González, más conocido por su apodo artístico de ‘El Puma’.

Jardín de la vivienda remodelada. Ilona Mazuryk

Los inicios

Al margen del lateral poniente de la iglesia, y antes de existir el polígono que lleva el nombre del Patriarca, se alzaba una hermosa casa azulada rodeada de exuberantes huertas, jardines y estanques para su riego. De la edificación hacia la costa se extendían las famosas Tenerías, donde se curtían y trabajaban las pieles de animales para convertirlas en cueros, por lo que la dedicación del canario Pedro Santana, morador de aquella vivienda, que en sus orígenes perteneció al feudo de los Ponce de León y luego a sus descendientes la familia Pineda, fue la de talabartero, oficio que complementaba con el de zapatero cuando esta profesión era reputada como una saneada industria, pues eran los individuos que fabricaban el calzado a la población. El artesano de marras tenía el privilegio de franquear los conventos de clausura con motivo de tomarles las medidas de los pies a las beatas y poderles luego confeccionar sus escarpines.

Casado el grancanario con la majorera Bárbara Rodríguez Ruiz, de la que enviudó pronto, tuvo dos hijos. El prematuro fallecimiento de la esposa originó desagradables conflictos con los deudos de la difunta, que pretendían la custodia de los menores. Este contratiempo propicia que el isleño deje la isla para establecerse en América. Tras una breve estancia en México, se asienta en la ciudad fronteriza de Hincha, perteneciente a la colonia de Santo Domingo. En aquel paraje encuentra el consuelo de nueva mujer, que es la robusta mulata haitiana, Petrona Familia Carrasco, con la que el isleño procrea tres hijos, los mellizos Pedro y Ramón Santana y el benjamín llamado Florencio, que era mudo a consecuencia de un susto en su niñez, y paralítico. En el barrio de San José quedaron los hijos del primer matrimonio. El varón, Miguel, que se acogió al apellido materno, como era costumbre en aquella época, siguió en las Tenerías desempeñando las profesiones paternas, a las que incrementó con la dedicación de hatero, especializándose en la agricultura y en la cría de caballos.

Las nuevas hazañas

El canario emigrado se destaca ahora como un importante hacendado, con propiedades de tierras en el valle de Guaba y en El Seibo, en la parte oriental del país, donde finalmente se dedicará a la ganadería. En los predios se incorporan sus hijos Pedro y Ramón y una nutrida mano de obra foránea. La saneada hacienda que va adquiriendo el isleño le introduce entre los vecinos más sobresalientes del lugar y le vincula a los avatares políticos del momento. Una hazaña que destacan los textos históricos de la República Dominicana, es la que se señala después del suicidio del general francés, Jean-Louis Ferrand, que gobernó Santo Domingo. Tras la expulsión de las tropas francesas del suelo peninsular español se produjo la llamada batalla de Palo Hincado, donde fueron vencidos los galos por los ejércitos dominicanos y españoles. Derrotado, el general Ferrand se suicidó el 7 de noviembre de 1808.

Acaecida aquella sangrienta contienda en la provincia oriental de El Seibo, feudo de Pedro Santana, el intrépido canario del barrio de San José le cercenó la cabeza al caudillo difunto y la llevó como un trofeo a la ciudad de Santo Domingo. Lo mismo que en su día había ocurrido con nuestro legendario Doramas, que degollado en Arucas, su cráneo sujeto a una pica lo exhibieron luego los castellanos en el Real de Las Palmas.

Pedro Santana junior

De los hijos del isleño va a descollar el primogénito y homónimo, nacido en Hincha en junio de 1801. Debido a la invasión haitiana de 1805 la familia se desplaza al Cibao y luego al mencionado término de El Seibo.

En aquella convulsiva época de tantas revueltas y combates los Santana, sin descuidar la hatería familiar, se vinculan muy comprometidos a los avatares y a las milicias del país. Pedro y su hermano gemelo, Ramón Santana, con quien va a estar muy unido, se envalentonaron un día y tomaron la comandancia de Armas de El Seibo en 1844, que se encontraba en manos de los haitianos, y proclamaron frente a la iglesia del pueblo la independencia de la República.

De aquel compromiso, el vástago del canario, que para su gesta comandó un ejercito privado de peones que trabajaban en sus tierras, se convierte en el primer presidente constitucional de la República, cargo que ejercería en tres ocasiones: de 1844-1848, 1853-1856 y 1858-1861, apodándosele desde entonces como el General Libertador.

No entraremos en los pormenores de tan conflictivos periodos, de luchas internas, de traiciones, amenazas, destierros, fusilamientos, conspiraciones, crisis políticas y económicas, problemas diplomáticos, golpes de estado, elecciones y, sobre todo, de las constantes amenazas de nuevas invasiones haitianas en las que se vio envuelto Santana a lo largo de su azarosa trayectoria política.

Pedro Santana fue nombrado Gobernador de Santo Domingo en 1861 cuando se proclamó la definitiva anexión a España

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La batalla de Las Carreras

De todas sus actuaciones, no podemos silenciar en esta crónica la gran gesta desarrollada en el término de Las Carreras en abril de 1849, cerca de Baní, provincia de Peravia, en donde Pedro Santana, llevando a dos mil combatientes de sus fincas, derrotó a una fuerza del ejercito haitiano que superaba en número al dominicano, encabezado por el llamado emperador, Faustin Soulouque. Como premio a su heroicidad e inquebrantable lealtad a España, la reina Isabel II le concedió el título nobiliario de Marqués de Las Carreras, libre de impuestos.

Pero en 1861, cuando se proclamó la definitiva anexión con España, Pedro Santana fue nombrado Gobernador de Santo Domingo. En el desempeño del nuevo cargo pronto descubrió que las cosas no serían como él había planeado, ya que las directrices españolas tomaban todas las decisiones. El descontento fue general en todos los sectores al no lograrse los beneficios que los dominicanos esperaban. Santana se sentía incomodo con la pérdida de influencia y autoridad. Y, alegando quebrantos de salud, renunció a todos sus cargos.

Su vida privada

Como su padre y sus parientes canarios, el ardoroso Pedro Santana contrajo dos matrimonios. Su primera novia fue la moza María del Carmen Ruiz, descrita como muy guapa y simpática. Durante un viaje que la muchacha realizó al pago de Higüey para asistir a unas jornadas religiosas, de regreso al Seybo, su caballo se asustó lanzándola con virulencia a unas rocas y murió aplastada en el acto. La muerte de la prometida le causó a Pedro Santana una profunda depresión. Para consolarlo, su hermano gemelo Ramón decidió llevarlo consigo a visitar a su novia, Froilana Febles Rivero. Y al pasar unos días en la casa como invitado, el desconsolado Pedro se enamoró de la suegra de su hermano, doña Micaela Rivero de Soto, la rica viuda cuarentona del hacendado Miguel Febles, reputado como prócer de la Reconquista, y se casó con ella. Pedro tenía veinticinco años y el matrimonio fue muy infeliz, pero las nupcias le proporcionaron a Santana poder e influencia en el Sureste dominicano. Años más tarde enviuda y en 1858 vuelve a contraer matrimonio con Ana Zorrilla, también viuda y mayor que él. De ninguno de sus enlaces tuvo hijos legítimos porque al intrépido canario le gustaban las mujeres maduritas. Sin embargo, dejó media docena de hijos naturales desparramados por los cuantiosos feudos familiares, que aunque nos los reconoció, se encariñó con ellos y a todos los incluyó en su testamento.

Desde 1978 sus restos yacen en el Panteón de la Patria por disposición del presidente de la República Joaquín Antonio Balaguer

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Su muerte

Santana falleció en su casa de la calle de La Cruz el 14 de junio de 1864. Según se acredita por su acta de defunción murió a consecuencia de una inflamación cerebral. En sus últimas voluntades legó gran parte de sus bienes a la viuda Ana Zorilla y a su hermano Florencio, demente y paralítico, para que en el futuro lo tuvieran bien atendido en sus dolencias. También dejó generosos legados a su tía Dominga Familia, a sus entenados, sobrinos e hijos naturales, nombrándolos en la clausula testamentaria que éstos eran sus ahijados, “porque se hallan a mi abrigo y por el cariño que les tengo y por sus buenos servicios”. Uno de ellos, Gerardo Santana, murió en París, donde se encontraba estudiando, a causa de melancolía. Rodeado en Europa de honores y halagos por las hazañas de su padre biológico, se le hizo el vacío más cruel y despreciativo cuando un pariente legítimo de la saga le imputó en público que era un hijo bastardo. Su muerte coincidió con la de su tío Florencio, el demente apodado el Chico, que según la tradición familiar falleció babeando a causa de una dosis excesiva de mercurio que se le dio a tomar para curarle la dolencia.

Desde 1978 los restos del Teniente General Pedro Santana yacen en el Panteón de la Patria por disposición del presidente de la República, Joaquín Antonio Balaguer. Sus herederos, siguiendo sus deseos, entregaron a la nación la espada de honor de plata con que la República Dominicana le había obsequiado.

De los hermanastros del laureado general quedados en Las Palmas procede una larga descendencia. De una de sus ramas emana el famoso cantante venezolano, José Luis Rodríguez el Puma. De la mencionada saga, desciende asimismo el que fue alcalde de Agaete, Andrés Rodríguez Martín, que da nombre al actual Estadio Municipal de la localidad, ascendiente de notables y estimados sacerdotes agaetenses. Y así podríamos seguir relacionando a numerosas familias isleñas muy conocidas y vinculadas en todos los sectores de la vida social grancanaria.

Que haya servido el restablecimiento de una emblemática casa del barrio de San José para refrescar hechos y hazañas de nuestros compatriotas lejos de las fronteras insulares.

Óleo del general Pedro Santana.

Óleo del general Pedro Santana. Archivo familiar

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