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Entrevista a Regis Francisco López

“Fascina ver los conocimientos anatómicos de los guanches para momificar”

"El resultado forense del rostro es deslumbrante, espero que pronto se pueda ver en el Museo Arqueológico Nacional", señala el director de "Las Momias Guanches"

Regis Francisco López

Regis Francisco López LP/DLP

Ni la más arriesgada historia de las civilizaciones hubiese pronosticado que una momia guanche iba a pasar del tubo volcánico, su lugar antes del Museo Arqueológico Nacional, al tubo de un TAC para descubrir los secretos de sus entrañas. El madrileño Regis Francisco López, de 41 años, acaba de rasgar la oscuridad de los siglos con el estreno del documental Las momias guanches, segunda entrega de La historia secreta de las momias, la serie española premiada en Cannes, Hamburgo y New York Festivals por su episodio La momia dorada. El individuo del barranco de Herques (momificado entre los años 1154 y 1260, hallado en 1763), donde se especula que estuvo la Cueva de las 1.000 momias, entre los municipios de Güimar y Fasnia (Tenerife), ha movilizado a un ejército de científicos con intereses en la arqueología, historia, medicina y biotecnología, entre otras disciplinas.

¿Cómo surge la idea de introducir el aspecto de la tecnología médica, que incluso llega ser más preponderante que lo que podemos considerar como investigación histórica?

Esto es un proyecto bastante inaudito que se llama La historia secreta de las momias, que trabajamos entre TVE y nosotros, Story Producciones. Se trata de una tipo de producción bastante atípica que trata de emular un poco lo que fue en sus orígenes National Geographic. Ellos tienen un modelo muy consolidado con el que siguen investigaciones científicas que luego permiten hacer documentales. Entonces este viene a ser nuestro punto de partida, es decir, se trata de utilizar la tecnología más puntera, médica, forense y técnicas históricas para desvelar el enigma, en este caso centrado en el mundo de las momias. Hicimos un primer proyecto que se llamó La momia dorada, con un recorrido internacional importante con reconocimiento en festivales y emisiones en canales de los EEUU y Rusia. En esa ocasión se analizaban cuatro momias del Museo Arqueológico Nacional, y de ahí consideramos que había que dedicarle un episodio a la momificación canaria.

Otro mecanismo novedoso es la creación del relato, un ajuste entre la ficción y la realidad.

Para nosotros es muy importante contar una historia y poder atrapar y generar interés en el gran público. Estos documentales no son para una minoría científica o muy interesada, sino que van dirigidos a una audiencia más grande. Siempre hemos intentado construir relatos, una de sus particularidades es que está narrado en primera persona y que cuentan sus vidas, pero no de una forma arbitraria sino siempre siguiendo todo lo que se descubre desde el ámbito científico. Claro, esto permite la construcción de un personaje que narra su propia historia y la de su pueblo.

¿Cuál ha sido el gran descubrimiento?

Hemos intentado momentos de mucha emoción en el documental, algo que para nosotros también es muy relevante. Sin ir más lejos, está el asunto clave de la visión del rostro bien conseguido de este canario que vivió hace 850 años, una situación claramente emotiva. Se le ha puesto cara a una persona, porque a veces cuando se habla de momias nos olvidamos de que son individuos como nosotros, que vivieron en tiempos remotos, con unos cuerpos que se han preservado y que nos permiten un estudio detallado de su cultura. Por tanto, esta momificación nos permite, en primera instancia, conocer la vida aborigen, pero también resulta evidente que la ciencia está dando respuesta a muchos interrogantes.

¿Por ejemplo?

Los primeros cronistas decían que los guanches eran gigantes, que había personas rubias, con los ojos azules... No se terminaban de cerrar las especulaciones... Luego, que momificaban a sus muertos... Realmente, se estaba ante una cultura muy sorprendente y enigmática. De hecho, siempre pensamos en esos navegantes que llegan a las Islas y no entendían nada de lo que pasaba aquí. ¿Cómo es posible? ¿De dónde ha aparecido este pueblo? No existían tampoco medios de navegación evidentes. Creo que la ciencia, pero sobre todo la tecnología científica que se aplica en Canarias, con unos expertos de nivel, desarrolla un trabajo tremendo para conocer a los aborígenes canarios.

¿El hecho de que el documental tenga como lugar geográfico Tenerife viene dado por el origen de la momia?

Bueno, nos encontramos con una momia expuesta, pero además con una conservación extraordinaria, una de las mejores del mundo. Digamos que este es el punto de partida. Luego se han hecho estudios de otras momias guanches expuestas en el MUNA, cuyos expertos han colaborado con nosotros de una forma intensa. Han sido un total de 21 las que han sido sometidas a la prueba del TAC. En principio, la idea era dedicar el reportaje a la momificación en toda Canarias, pero finalmente valoramos el caso extraordinario de esta momia y lo acotamos a Tenerife, dejando abierta la puerta con la intención de hacer un episodio sobre las costumbres fúnebres en Gran Canaria,

¿Pero son modelos distintos?

Exacto, la particularidad en Tenerife es que sigue un proceso, la técnica del mirlado que deliberadamente buscar preservar el cadáver. En Gran Canaria, sin embargo, es una momificación natural, por así decirlo: son las propias condiciones del lugar donde se depositan los cuerpos las que permiten preservar al difunto, como ocurre con otras momias que aparecen en el hielo o en otras circunstancias. ¿Qué ocurre en Tenerife? Frente a la egipcia, su singularidad está en que no extraen las vísceras, algo que sí hacen los egipcios para evitar la corrupción, y que depositan en sus vasos canopos. Ahora, hay algo muy interesante: los conocimientos anatómicos que tenía esta población guanche para evitar la descomposición. Lo sabían hacer a la perfección. Esto es algo que verdaderamente resulta fascinante.

¿Qué tipo de conocimientos?

Sí, esto es un aspecto muy trabajado por nuestros expertos, que, a su vez, también investigaron las momificación egipcia en la primera parte de la serie televisiva. Ahí, como es evidente, constatan el alto nivel de los egipcios, sobre todo en la extracción de los órganos que pueden contribuir a la putrefacción. Pero lo sorprendente, con la momia de Herques, es que observan que los guanches de Tenerife, con medios más rudimentarios, dan con el origen de la descomposición. En este sentido, el doctor Javier Carrascosa nos remite a los resultados del TAC, donde se conoce la introducción de picón por el ano, un material que es localizado en la región del recto, sigma y pelvis. También debajo de la piel en la porción más inferior de la parrilla costal izquierda y en la porción inferior de la musculatura paravertebral lumbar izquierda. O sea, el embalsamador tiene conocimientos para dar con los puntos claves y sensibles.

Hay una rapiña de vestigios para prácticas de hechicería, afirman en el audiovisual. ¿Qué quiere decir?

El expolio de las momias, sobre todo en los siglo XVIII y XIX, fue generalizado. Ocurrió en Egipto con el famoso polvo de momia, utilizado como un remedio milagroso y también como pigmento de la pintura... De alguna forma, todo esto atrajo también el interés de las ciencias ocultas pensando que podían tener propiedades milagrosas.

¿Pueden existir en las Islas más necrópolis ocultas?

Pueden existir más y de hecho, como sabemos, hay otras localizaciones en las que han aparecido individuos. El barranco de Herques, no obstante, tiene la singularidad de que siempre se conoció, de hecho en los propios registros oficiales se inscribió como el Barranco de los Muertos, por lo que el propio nombre lo indicaba, siendo además un lugar fronterizo entre dos menceyatos. Por decirlo de alguna manera, era un punto estratégico, como podía serlo el Valle de los Reyes en Egipto. No es un mito que existieran estas necrópolis, sino que realmente estaban. Otra cosa es que con la Cueva de las 1.000 momias, debido al paso del tiempo se haya perdido su ubicación.

Viera y Clavijo acuña, aunque de forma indirecta, el nombre de la "Cueva de las 1.000 momias" en referencia a Herques, según asegura Regis Francisco López.

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¿Qué ha sido lo más complejo?

Siempre el gran reto es articular una investigación científica rigurosa con un relato histórico atractivo para el gran público, es decir, científicos de primer nivel, pero con un lenguaje asimilable y también apetecible. Digamos que aprendes y te emocionas ante los descubrimientos. Acabas viviendo una experiencia cinematográfica, por así decirlo...

Al igual que ocurrió con 'La momia dorada', ¿lo van a llevar a concursos?

Sí, por supuesto. Nosotros siempre decimos que el gran objetivo de este documental es que se dé a conocer este prodigioso proceso de momificación. Resulta que cualquier niño español o del resto del mundo sabe o ha oído hablar de las prácticas fúnebres de los egipcios, pero, sin embargo, desconoce el modelo aborigen canario. Entonces, este documental, en cuanto a logros, más allá de los premios, es que la gente hable de la momificación guanche, que se incluya en los libros de texto de los adolescentes y en los programas de universidades.

La tesis que se impone en el reportaje es que la aprendieron de Egipto, pero no es igual, como recoge el documental. ¿Un misterio?

Un poco lo que plantea el documental es el origen bereber de la población guanche, sociedades no árabes dado que son anteriores a la ocupación, entre las que había importantes grupos de individuos que procedían de migraciones de Europa hacía el norte de África y que se desarrollaron en el neolítico tardío, aproximadamente. La tesis es que estos colectivos libios, que tienen muchísima movilidad, llegaron a conocer la momificación egipcia, si bien no sabemos a qué nivel de profundidad, puesto que es sabido que el método de los egipcios evoluciona poco a poco hasta llegar al nivel que conocemos ahora. Bien, pero lo básico es que la gente que llegó a Canarias tenía que traer estos conocimientos previos, no es una cosa que se les ocurriera. Heródoto decía que estos pueblos libios del norte de África tuvieron costumbres parecidas a los egipcios.

¿Y las creencias? ¿El llamado viaje a la eternidad?

Aunque hay muy poco documentación al respecto, está claro que la momificación siempre tiene que ver con el viaje a la eternidad por la creencia en el más allá, por la supervivencia en el otro mundo. También está una leyenda que a nosotros nos encanta y que sirve para vehicular o hacer un relato circular, en el sentido de que en algunos casos se traían algunas vísceras de los reyes, lo que permitía a una persona que saltaba desde un acantilado, voluntariamente, llevar mensajes a la gente que estaba en el más allá.

El final del documental incluye la leyenda que con la Conquista desapareció la momificación. ¿No se conocen detalles sobre cómo actúo el sistema colonizador sobre la práctica? ¿Hubo una represión?

El primer documento que habla respecto a esto es de un fraile, en concreto fray Alonso Espinosa, que se refiere a los xaxos, como llaman a sus muertos, también a mujeres rubias, a hombres de fuerte complexión y estatura, y que tenían la extraña costumbre de momificar. Creo que desde el principio entendieron que era una población diferente, que sufre un proceso de colonización con una mezcla relativamente rápida en el tiempo. Y es verdad que estas costumbres funerarias, que ellos consideraban paganas, fueron desapareciendo paulatinamente con la Conquista. Suponemos que la forma de vivir, también el llamado mirlado, quizás se prolongó durante un tiempo... Pero evidentemente todo cambio muy rápido.

¿Cómo fue la recepción de la momia de Herques en la corte?

Sí, hablamos del siglo XVIII, en un momento en que la ilustración... Aquí hay dos textos que resultan claves: uno es el relato de Anchieta, analizado con infrarrojos, que narra el descubrimiento de esa cueva por Luis Román, que decide sacar la momia de allí y trasladarla a la Corte, que no fue la única. Y luego está el relato de Viera y Clavijo, que, de alguna forma, acuña, aunque de forma indirecta, el nombre de la Cueva de las 1.000 momias, porque él cifraba en “al menos en 1.000” la cantidad de individuos que estaban en la gruta. De ahí surge, por tanto, un relato que consideramos absolutamente maravilloso.

¿A quién momificaban?

No a todos, como ocurría en Egipto. Suponemos que todos querían serlo, pero era un proceso costoso, por lo que sólo a los elegidos.

¿Pero qué permite finalmente la pervivencia perturbadora de la momia de Herques, hasta el punto de ser objeto de estudio por la tecnología más moderna?

El famoso mirlado: 15 días al sol y también ahumados junto a hogueras para lograr la deshidratación. Va a ser un método que perfecciona en el tiempo la casta de los embalsamadores. Este individuo de Herques, que como he dicho tiene sus vísceras y su cerebro, está datado en un periodo ya avanzado, es decir, estaríamos hablando de los siglos XII.

¿Ponerle rostro también ha sido uno de los retos?

Tengo que decirle que toda la gente que ha visto el rostro en vivo se ha emocionado mucho, una reconstrucción muy pormenorizada, de la que también hay que decir que es objetiva. El especialista forense tiene una base muy buena, con todos los huesos, incluso la nariz, lo que permite utilizar unas tablas perfectamente conocidas, lo que hace que la labor artística ser mínima. Una regla que siempre mantenemos en la serie, que sea la ciencia la que hable. El resultado ha deslumbrado, es un busto que esperamos que se exponga pronto junto a la momia en el Museo Arqueológico Nacional.

¿Para cuándo está previsto abordar la momificación en la isla de Gran Canaria?

Lo vamos a hacer pronto, en los siguientes episodios. Esta es una serie abierta.

Antes citó usted los escritos de Anchieta, a los que someten a una prueba de infrarrojos...

Es verdad que esta crónica nos pareció una historia maravillosa, puesto que justo el lugar donde debe aparece el nombre y localización de la cueva se queda en blanco, algo que parece hasta de película. Por eso decidimos aplicar la tecnología para ver si en algún momento se había borrado. Claro, hay que entender que la llamada Cueva de los 1.000 muertos estuvo ahí como una obsesión y que poner el sitio en un papel iba a estimular a los saqueadores. Consideramos, por tanto, la necesidad de verificar si hubo o no alguna palabra.

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